La actividad cultural de Elda es, y ha sido, amplia y variada. Más allá de los apoyos que haya tenido en cada época, lo que no cabe duda es que ha estado sustentada por un tejido asociativo agrupado en torno a sus intereses, talentos, curiosidad, aprendizaje y trabajo. Pero no solo se percibe eso, a su vez, todas estas actuaciones, exposiciones, grupos de lectura, talleres, e incluso espectadores tienen un marcado carácter femenino, siendo mayoritarias en la escena eldense.
Las mujeres históricamente han sido relegadas al hogar por parte de la sociedad patriarcal. La cultura siempre ha supuesto una vía de escape, espacios desde los que salir de sus rutinas y abrir las fronteras intelectuales a través del arte, la creatividad y la inspiración.
Nuestras entidades culturales han funcionado estupendamente gracias a la importancia que se le ha dado a los cuidados, a generar espacios de encuentro amables en los que disfrutar de la actividad cultural con cotidianidad. Y es que, como ya he dicho, gran parte se sostiene gracias al trabajo de mujeres que participan, lideran espacios y crean comunidad.
Desde esa posición aportan una mirada imprescindible que amplía, cuestiona y enriquece lo cultural. Porque la cultura, cuando se comparte, educa, despierta el pensamiento, nos invita a imaginar y también nos acompaña, y es entonces cuando la cultura deja de ser algo lejano para convertirse en algo cercano, colectivo y profundamente transformador.
Los grupos humanos son difíciles de gestionar, sean lo amplios o pequeños que sean, en los últimos tiempos parece que destacamos más lo poco que nos separa que lo mucho que nos une. Pero la feminización de la cultura eldense permite la construcción entre diferentes logrando una cultura que no mira a otra parte, una cultura comprometida con la paz, la convivencia e implicada con la realidad que le rodea.