miércoles, 31 de diciembre de 2014

Silbando ideas...

En el momento en el que este año respira sus últimas bocanadas de aire, me dispongo a escribir sobre lo que ha acontecido, sobre cómo ha sido el camino que hemos emprendido este año, a dónde nos lleva, que errores y que aciertos hemos cometido, que victorias y que fracasos y que opinión tengo de ello, que pienso y que tengo que ir sacando de mis entrañas para que no se me quede una sensación de silencio y acumulación dentro de mí que no me deje respirar.

El mundo gira y gira, nosotras sólo vivimos en un minúsculo espacio de tiempo y siendo una persona entre millones, aunque nuestros pensamientos sean infinitos. A penas contamos como algo en la historia de la humanidad, nadie recuerda quien inventó cosas importantísimas para la humanidad, para la historia del universo no somos nada, ni siquiera nuestro planeta quizá, y sin embargo existimos, pensamos, crecemos, dudamos, aprendemos y nuestro objetivo es avanzar, mejorar como especie, mejorar la vida de las que nos precedan, estar a la altura de las que estuvieron antes que nosotras por este loco planeta, empapándonos de su sabiduría, corrigiendo sus errores.



El año lo comencé en Argentina; fue toda una apertura de ojos, de ver el continente por donde vendrán los cambios para la historia de la humanidad, el laboratorio de la izquierda postsoviética, el lugar donde el capital muestra su cara más despreciable. Porque el capitalismo no debemos olvidar que no es sólo EEUU y Europa, el capitalismo es África, Latinoamérica, India, sudeste asiático, es guerra, golpe de estado, gobiernos títeres. Allí buscan políticas de empoderamiento de la sociedad, de protección social, de cooperativismo laboral y de democratización absoluta. Evidentemente, nada es perfecto y si el pueblo no se involucra en los cambios de su país los problemas aumentan por falta de fiscalización, crítica y propuestas.

Regresé a España y me sorprendí caminando junto a miles de personas en las marchas de la dignidad del 22M, compartí pasos con gente que tenía ansias por mejorar este país, este mundo. La idea de unificar la izquierda para lograr unos objetivos comunes parecía más cercana; pan, trabajo, techo y dignidad, ese era el grito más repetido y ese nuestro programa ante la sociedad.



Al llegar a Elda, intenté involucrarme en mi pasión, en la política. Estuve en la plataforma de “No al castelazo”, una organización que pretendía que una de las pocas plazas históricas de mi ciudad no fuera derribada para mayor gloria de nuestra alcaldesa. Recogimos firmas, hicimos charlas, reuniones de trabajo, asambleas por barrios, todo lo que se le puede exigir a una plataforma ciudadana. La gente dio una respuesta sincera con las firmas, llegamos a superar las 4.000. En contrapartida, las asambleas eran poco numerosas, las reuniones de trabajo cada vez menos eficientes y la ciudadanía mostraba sus quejas en las conversaciones o por las redes sociales, pero era incapaz de apoyar las acciones de una plataforma que pretendía que no se hiciera una obra faraónica, por un precio desorbitado y lo más triste es que les repercutía a todos, que hay gente pasándolo muy mal económicamente.

Las críticas nos llovían por todas partes, unos diciendo que éramos unos antisistema, otras que éramos muy blandos, todos desde el exterior, sin arrimar el hombro, sin limar las asperezas para conseguir un objetivo claro, justo y necesario. La plaza está actualmente en obras. La plataforma continúa sin tener un  objetivo claro, si hubiera tenido una respuesta popular contundente quizá no hubiéramos logrado la paralización del proyecto, aunque sí podríamos haber conseguido crear una plataforma ciudadana para la participación ciudadana que lograra ser escuchada ante estos injustos actos de los gobiernos municipales.

Durante este periodo pasaron las elecciones europeas, que supusieron un auge de mi formación, IU, consiguiendo uno de sus mejores resultados. Ahora estamos pagando, con creces, la falta de democratización interna de la organización para la confección de listas, ya que en estos comicios se presentaron unos compañeros, a los que habíamos glorificado, y que al decir que querían primarias para elegir al candidato, los dejamos marchar. Cierto es que fuimos algo torpes; hoy hacemos primarias por todo el estado.

De hecho, en las primarias de EUPV un grupo de compañeras presentamos una lista, en la que yo estaba incluido. Nuestra intención fue que no hubiera una lista única pactada (luego se dividió en dos), que las asambleas de base tuvieran el poder para elegir candidatos y que en las primarias se colocaran en orden y se desecharan los que la militancia considerara que no debían ir. Poca gente nos quiso entender, nuestros nombres estaban puestos en orden alfabético para que la decisión no llevara ningún tutelaje y el militante se sintiera más involucrado en la decisión, por tanto, informarse mejor y, quizá, pudiéramos lograr una militancia más activa aun. Pues no pasó, la gente no nos votó, muchas votaron en lista cerrada, con la numeración que llevaba la lista sin plantearse el resto.



El partido que surgió de nosotros mismos fue Podemos, un partido de una verticalidad muy pronunciada, con una cúpula muy preparada y que siempre hemos tenido en IU en gran estima. Su carismático líder, Pablo Iglesias, llevando un discurso claro y potente ha logrado que las encuestas le aúpen a lugares donde IU nunca llegaba. Estamos completamente desplazados de la actualidad política, para el sistema es más cómodo un Podemos con ideas difusas, silencios, sin mojarse, sin situarse ideológicamente…

La ciudadanía encantada, toda la labor de movilización de muchas organizaciones durante estos años (IU, PAH, Marchas, Mareas, etc.) se ha frenado de golpe, ahora hay que ganar las elecciones, eso parece lo fundamental, aunque con ello engañes al pueblo. En noviembre las manifestaciones por las marchas apenas lograban reunir a 2.000 personas en Valencia y Alicante, una cifra irrisoria a las que se estaban dando anteriormente.

Yo considero que IU tiene que hacer un trabajo pedagógico, hacer comprender a la población que para cambiar este país y este planeta se tienen que esforzar, tienen que presionar, tienen que exigir, tienen que tener instrumentos para lograr canalizar sus quejas. En IU tendremos que cambiar vicios, creernos nuestros discursos e intentar unificar criterios. Borrar toda mancha de colegueo, amiguismo, apoltronamiento, nuestro objetivo es cambiar el mundo, pues no desfallezcamos.

La situación extrema que atravesamos, lleva a la sociedad a buscar un salvador con tal de no tener que hacer nada, continuando con su vida y mostrando su queja a través de un voto. Tenemos que intentar luchar por una sociedad más activa políticamente, que no nos pase como en el 82 cuando gente se cambió de camisa para votar a Felipe González, hubieron hasta los que se marcharon de partidos de izquierda verdadera para cambiar el PSOE desde dentro, ya podemos ver el fracaso de esa táctica. El único camino es la lucha por nuestros derechos, dejar de ver tanto fútbol y crearse una conciencia crítica de lo que sucede, dejar los programas del corazón y exigir nuestra igualdad racial, sexual, económica,…

Que ahora Cañamero se vaya de IU para mi es una decepción, porque es una persona de acción, es un persona con la que me enorgullecía de compartir militancia, pero en el SAT, o CUT-BAI, también tienen sus incoherencias, igual que nosotros. La esperanza la ponemos en que un partido hermano como Syriza se postula como vencedor en las elecciones griegas, esperemos que sea la grieta por la que nos empecemos a colar en la realidad europea.

Ahora sólo queda que hacer un programa común en el que muchos nos unamos y para mí lo fundamental sería: Derecho a la vivienda garantizado; mejora de la educación y sanidad pública, quitando ayudas a concertadas y privadas del tipo que sean; creación de trabajo, mejorando condiciones laborales y reduciendo las horas de los que trabajan; democratización absoluta del estado; derecho de autodeterminación de los pueblos; solidaridad con los países que condenamos al subdesarrollo, ayudas a la dependencia y un alguna cosa más que se me escape.

Nadie habla si no va a ser escuchado; yo en los últimos meses tengo menos ganas de escribir y hablar, siento que la gente se esconde, que otros desconfían y aunque dicen que me respetan, me siento muy sólo en mis opiniones, poco valorado. Así que se me quitan las ganas de continuar luchando contra viento y marea, de intentar ser pedagógico, comprensible, a veces tengo ganas de quedarme en silencio y otras lo hago ante la poca atención que me prestan. Luego recuerdo a Brecht, a sus imprescindibles y continúo…

Por último, sólo quería poner en relieve la importancia de que esta sociedad se empodere, se manifieste, participe, luche, crea, aprenda y debata, construya. No le demos una carta blanca a una persona, mostremos nuestra opinión, reforcémosla y levantémonos, si no es imposible.

Esperemos que el 2015 sea el año en el que este mundo comience a cambiar para mejor, para acabar con el hambre y la pobreza y donde la sociedad deje de estar aborregada y luche por un mundo, como dijo Rosa Luxemburgo, donde seamos: socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.



jueves, 6 de noviembre de 2014

Converger para ganar


Mucha gente me ha preguntado porque integro la lista a las primarias de EUPV por la provincia de Alicante de “Converger para ganar”, espero que en estas líneas se comprenda.



Antecedentes

Yo me afilié al PCE y a IU en 2007, por ese orden, porque no estaba de acuerdo con la dirección de aquel momento de Izquierda Unida, que se mostraba muy próxima al PSOE y yo creía más en las tesis de Julio Anguita de las “dos orillas”, en la que en un lado estaríamos los que queremos transformar esta sociedad y este mundo y en la de enfrente estarían los partidos del régimen (PP, PSOE, CiU, PNV, UPyD, C´s,…).

En el 2007 me creí las encuestas y fui de los que pensé que la coalición Compromís podía ser fundamental para desbancar al PP del País Valenciano. Luego vino la traición, los incumplimientos de lo acordado antes de las elecciones y el robo del grupo parlamentario, con lo que se consiguió crear una desconfianza importante en el seno de EUPV por confluir con otras organizaciones.

En el año 2008 se realizaron elecciones generales en las que IU consiguió sus peores resultados con 2 diputados, y uno de ICV. En ese momento se creó un debate intenso, se hablaba de cambiarlo todo; refundar IU, cambiar el nombre, ser un movimiento político y social real, dónde los movimientos alternativos al sistema tuvieran cabida y todos lucháramos juntos por unos mínimos.

La crisis ya estaba presente durante el 2008, pero empezó a hacerse insoportable con los desahucios de la gente de sus casas, escándalos de corrupción, Zapatero se dobló ante los intereses de Europa y la banca con lo que dejó al país con una fuerte deuda. Comenzaron a recortar; sanidad, educación, dependencia, dos reformas laborables para quitar poder adquisitivo a los trabajadores, el Capital enseñaba las uñas y nosotros no teníamos fuerza.

El 15M apareció para mostrar la indignación de un pueblo que había vivido demasiado el sueño capitalista, se acercaba a IU pero no del todo, hubo mucha gente que nos vio como un partido más, quizá no supimos aprovechar ese descontento, quizá no podíamos hacer más.

Al calor de las encuestas (otra vez), finalmente, no cambiamos nada para que todo siguiera igual, aunque es cierto que muchas cosas se hicieron bien y nuestro mensaje caló en la sociedad. Un día nos decían tenéis un 8% de los votos, al siguiente un 10%, un 15%, incluso vi una que nos daba un 17%. Mientras, se acercaban las elecciones europeas y en el Consejo Político Nacional y en el Consejo Político Federal se hicieron las listas, sin llevarlas a las asambleas, creando tensiones entre grupos de dentro de EUPV e IU. Cuando se empieza a ver esto, aparecen unos que siempre hemos considerado de los nuestros, que hemos puesto sus vídeos en el FB en multitud de ocasiones, que han estado ayudando como asesores a IU, vemos a Pablo Iglesias, Monedero y Errejón, entre otros, y nos dicen que quieren primarias para estar en la lista. Pero cerramos filas: “¡Oportunistas!”, “Los militantes eligen en IU”, “Las asambleas son el poder de IU”, ”No nos pueden marcar la agenda desde fuera”, etc. Cuando sabíamos que las cosas no se habían hecho del todo bien.

Consecuencias

Podemos, el partido de Pablo Iglesias, se queda muy cerca de nosotros, por tanto empiezan a haber unas dudas existenciales ¿Hacemos primarias? ¿Convergemos? ¿Han sido positivos los resultados? No entraré en que Willy Meyer, finalmente, no fuera tan coherente con nuestro mensaje. Pero estos resultados nos han dado la oportunidad de reflexionar, de debatir y de ver qué organización queremos.

¿Cómo apareció este proyecto?

Esta lista no se pensó en un día, somos un grupo de militantes que hemos estado trabajando en las calles, en las PAH´s, plataformas vecinales, por el trato digno a la discapacidad, por la educación pública, laica y de calidad, por la sanidad pública, por movimientos ecologistas y animalistas o por las marchas del 22M. En estas movilizaciones hemos estado, igual que otros muchos militantes de IU, hemos trabajado, hombro con hombro, con compañeros de otras organizaciones y entendemos que la confluencia se nota ahí, en la calle, en las luchas.



Concretando

Ante las primarias convocadas en EUPV, este grupo de militantes se hizo eco de los rumores de que una lista oficial estaba en marcha (al final se dividieron en dos), en la que diferentes grupos que componen la organización había puesto en liza numerosos nombres días antes de que se hicieran las asambleas locales, primer paso de la democracia interna. Desde las cúpulas se había tratado a la militancia, una vez más, con un paternalismo impropio de una organización que aspira a democratizar de manera radical el país, colocando numéricamente quienes debían encabezar esos puestos.



Nuestra propuesta

Queremos que los militantes se empoderen, que decidan, que las asambleas de base tengan la importancia que se merecen y esta lista, ordenada alfabéticamente, quiere mostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera. Renegamos de los acuerdos de pasillo y queremos que toda la militancia decida desde abajo hasta arriba, horizontalmente, con una hiperdemocracia que luego podamos aplicar cuando lleguemos al poder, sin tutelajes, haciendo a todos y todas partícipes de las victorias y fracasos y exprimiendo la fuerza que nos puede llegar a dar toda nuestra militancia.

No venimos a confrontar, en otras listas hay gente que por trabajo y lucha nos hubiera encantado tener en nuestra lista, pero venimos a dar un toque de atención, a ilusionar y a dar coherencia a esta organización, sin la cual, creemos imposible que se realice un cambio real en este país, en este estado, en este mundo.

Nuestro camino empieza ahora en estas primarias, pero continuaremos buscando la manera de cambiar nuestros estatutos y nuestra organización para que todos y todas los que la integran vean nuestras demandas de una manera tan natural como lo vemos nosotros y nosotras.


Yo, personalmente, no estoy en este lista para ser elegido como candidato, integro esta lista con la alegría de querer cambiar este mundo, dotando a EUPV de la coherencia que necesitamos para que esta sociedad comience a empoderarse, donde todos los que integramos IU-EUPV seamos válidos, nuestra opinión sea tenida en cuenta y que con esta organización, que es uno de los medios que tenemos para cambiar el mundo, consigamos la hegemonía necesaria para cambiar esta sociedad, con las personas que luchamos cada día, con las organizaciones que quieren que este régimen corrupto caiga y con la ilusión de que logremos tener un planeta más igualitario, más ecológico y más humano para poder desarrollarnos todos y todas los que lo habitamos de una manera libre y en paz.


domingo, 22 de junio de 2014

Seguimos caminando

Un domingo de campaña electoral de hace algo más de tres años comenzó el renacimiento de las movilizaciones, que llevaban dormitadas desde hacía demasiado, aquel 15 de mayo la sociedad despertó lentamente, para exigir una democracia real, unos servicios públicos de calidad y pusieron en liza el descredito de un sistema que asfixia a la mayoría, dando toneladas de oxígeno a las oligarquías del régimen.

El despertar de la sociedad fue lento, era demasiado bonito el sueño que habían vivido ¡Estábamos en la “Champions League” de la economía! Y mientras, la mayoría de la población continuaba bostezando, esperezándose y cerrando un poco los ojos, ante la brillante luz del sol que les cegaba y a la que, poco a poco, se iban acostumbrando. Se comenzó a olvidar el individualismo, los libros de autoayuda y el yo, empezaron a aparecer las soluciones comunes para los problemas; se crearon las Plataformas de Afectados de la Hipoteca, las de la sanidad y educación pública, Discapacidad en Marcha, asociaciones de exiliados económicos, parados, iai@flautas, los mineros nos mostraron como se luchaba y así, pasito a pasito, aprendimos de aquellos días en los que tomamos las plazas de nuestros municipios y las asambleas mostraban que todos podíamos tener voz y voto en una sociedad en la que se nos machaca, por todos los medios, con la inevitabilidad de la situación, disfrazando de obligación lo que supone una política económica impuesta desde Wall Street, Bruselas y Berlín.

El 15M nos susurró, nos propuso, nos incitó a participar más en política y hay quien no quiso escucharlo, hay quien dijo: “¡Que hagan un partido y se presenten a las elecciones!” No entendieron nada… Ese aire fresco que trajo a la democracia aquellas semanas de mayo ha estado presente en los pulmones de todas las personas que participaron en las dos últimas huelgas generales, en el 25S, 23F, en la primavera valenciana, en cada desahucio parado, en cada programa electoral de muchos partidos de izquierda nuevos y en los que exigían lo mismo que ellos desde hace mucho y no se les escuchaba. Y así sumamos, entendimos que una gran marcha empieza con un pequeño paso y nos citamos en Madrid un 22 de marzo exigiendo algo tan lógico como es la dignidad…

Hace ya más de dos meses que me calcé mis botas para empezar a caminar por esa dignidad perdida; estaba como nervioso, inquieto, pensativo. Me planteé de qué serviría ese camino, a donde me llevarían mis pasos.

Encendí un cigarrillo y mis pernas comenzaron la ruta hacia Madrid, con tranquilidad, hablaba con los de mi alrededor, reía, soñaba  y, de momento, me veía mirar hacia el suelo, un pie adelantaba al otro, debajo de mí pasaba el asfalto o la tierra, sin prestar atención despedía a cada palmo de terreno y pensaba en el porqué de este caminar.

Andando de una ciudad a otra te das cuenta del ritmo de la naturaleza, de como un kilómetro se tarda en recorrer algo más de quince minutos y como los paisajes, por secos, monótonos o urbanos que sean, son bellos. Ver una ciudad a lo lejos, con su atalaya en lo alto, no significa que ya estés allí, si no que la lluvia, el sol, el viento  o el frío pueden hacer que lo que ves cerca se aleje y, sin embargo, una buena conversación, unas personas que te animan o unos pitidos por la carretera acompañados de un puño en alto por la ventanilla de un coche anónimo, te dan alas, ruedas y hacen del camino un esfuerzo feliz que merece la pena.
Un día me preguntaron por qué hacía la marcha y pensé en las veces que he sentido mi dignidad pisoteada: Pensé en cómo mi último trabajo casi acababa conmigo, física y psicológicamente, con un sueldo y una vida de subsistencia durante seis años. En cuando me fui con Soraya a Argentina a buscarme la vida y en como algo se nos desgarró por dentro al separarnos de nuestros seres queridos. En la vuelta a casa de mi padre, con esperanzas vacías, sueños ahogados en realidad y recuerdos infinitos. En las mañanas llevando nuestro curriculum a cualquier empresa, sin ganas de ser explotados y sin ver ninguna posibilidad de que así sea, vendiendo nuestro tiempo sin que nadie lo quiera comprar. En como el paro te hace pensar y desesperar… En ocasiones uno se siente hosco, lúgubre, huraño, y ya no eres tan flexible con las bromas, te sientes rabioso cuando alguien te recuerda que no tienes mucho que hacer, cuando te recuerdan que no tienes tu lugar, al ver todas tus cosas repartidas en cajas y maletas. Sientes como tu orgullo se vacía y te tienes que callar ante todos, porque empiezas a sentirte más pequeño, más débil, más frágil.

Pero, en realidad, no lo hacía por mí, yo no me puedo quejar comparado con las personas que llevan sin trabajar años, que han perdido su casa, su vida, su salud y sus esperanzas. Por los que se han tenido que exiliar de sus hogares instalándose en otro país para poder trabajar. Caminé porque permitimos que África se muera de hambre, luego decimos que nos invaden y ponemos muros de vergüenza en nuestras fronteras, sí, anduve por esas personas que no conocen una vida digna y no tienen ni lo más básico para vivir. También por los que son silenciados, como los discapacitados, que con el repago y los recortes en su sector, les ponen la vida más difícil a personas que se deberían ganar nuestra admiración. Andaba por nuestro planeta, ya que el capitalismo parte de la premisa de que todos los recursos son infinitos, la cultura de comprar, usar y tirar hace que vayamos acabando con muchísimas especies animales y vegetales, que los bosques desaparezcan, que los animales no encuentren sus hábitats, que los polos se derritan, que la tierra no se trabaje si no da beneficios, que los mares sean un estercolero de un primer mundo que hace sufrir al resto, de un modo de vida que golpea en los cinco continentes, golpea a tu vecino, a tu salud, a la de los seres que nos rodean, con la vana esperanza de que este sistema nos de nuestra oportunidad para estar en la cima, cuando las cartas están marcadas y nos llenan de sueños e historias en los que la gente consigue ser rico y pensamos “¡A mí me podría pasar!” y entonces ya nos ha enganchado el sistema con sus películas, su fútbol, su publicidad y, con el poco dinero que la gente tiene, apunta a su hijo a jugar al tenis, llora cuando pierde su equipo o cuando en el cine gana el bueno, sin lograr empatizar con la persona que muere de hambre en África, es explotada en Asia o recoge comida de un contenedor debajo de su casa.



Por todo seguí mis pasos, empezando a mover mis pies en Aspe, saliendo de la población de una manera cálida y amable, luego nos hicieron rodear Novelda, porque su alcaldesa cree que es su cortijo y puede permitir pasar o no a quien quiera. Llegamos a Elda, a mi ciudad, recuerdo ver a mis compañeros de IU, de darles un abrazo y sentir que los pelos se me ponían de gallina al verlos aplaudiéndonos. Leer el manifiesto del 22M en mi ciudad me dio mucha alegría, eran pocos los que escuchaban,  tuve que levantar la voz para que se me escuchara entre los coches y chascarrillos, pero conseguirnos hacernos ver y hacer pensar a la gente. Pasamos por Sax, donde fueron muy acogedores y nos llenaron de energía. El camino a Villena fue más duro por las inclemencias del tiempo, una fina capa de lluvia nos envolvía y el frio penetraba hasta los huesos. Luego el caciquil alcalde de Caudete mostró lo que era para poder echarse unas risas en el bar y sentirse más varonil. El camino continuó por la meseta castellana, esa estepa manchega de temperaturas extremas, Almansa, Chinchilla, Albacete, La Roda…

Nos unimos en Tarancón toda la “columna del Mediterráneo”, murcianos, alicantinos, valencianos, castellonenses, conquenses y albaceteños. Reforzamos posiciones, sentimos más fuerza, más razones, más opiniones. Diferentes formas de hacer las cosas, diferentes maneras de luchar contra este sistema, sumando, creyendo, opinando, en resumen engrandeciéndonos. Al día siguiente llegamos a Fuentidueña del Tajo, un pueblo pequeño que nos ofreció todo, y a la jornada siguiente una de las etapas más duras, con un calor incesante, unos caminos rurales que parecía que no nos llevaban a ninguna parte. Pasamos por Villarejo, bajo la atenta mirada de su bonito castillo que a tanta gente habrá visto pasar, la llegada a Perales de Tajuña fue dura, con algunos problemas de comunicación. Aunque llegamos e hicimos una asamblea, más o menos tensa, en el que las opiniones se veían salpicadas con el veneno del cansancio, finalmente, comprendimos porque estábamos allí, cuál era el motivo de nuestro esfuerzo y nuestras pequeñas diferencias no podían hacernos frenar en nuestras ganas de acabar con este régimen que nos quita casi todo.



Una de las etapas más emocionantes y bonitas se dio el día 21, el día antes de llegar a Madrid, se observaba que todos veíamos la meta más cerca, empezábamos a tener más seguimiento por parte de los medios y así llegamos a Arganda del Rey, con algún escrache que se complicó en oficinas bancarias ante el cordón policial por el que íbamos rodeado. En esta ciudad madrileña se nos informó de los estragos del caso “Gürtel” en su municipio y nos insuflaron energías en una arenga desde la plaza de la Constitución, donde pudimos ver con vergüenza un monolito en honor a los caídos por el bando fascista (con símbolos falangistas) en la iglesia. Nuestra indignación acabó cuando llegamos al puente de Arganda y el orgullo se abrió paso en nuestros corazones, muchos ojos se vidriaron de emoción y el bello se puso de punta, mientras, nos relataron la importancia de ese puente en la Batalla del Jarama, como resistieron, en una colina cercana, miembros de las Brigadas Internacionales hasta la muerte, para conservar ese puente que unía la capital del estado con Valencia en la Guerra Civil. Muchas personas se nos fueron uniendo a lo largo del día, unos sindicalistas franceses, gente anónima de las poblaciones por las que pasamos y toda esa gran columna caminó unida y cansada hasta Rivas-Vaciamadrid, donde compartimos pasos con aún más gente. Nunca olvidaré como una mujer lloraba de emoción y alegría mientras entrabamos y nos fundimos en un abrazo. Qué puedo decir de lo que sentí mientras andábamos por las calles de Rivas, viendo los nombres que portaban (Alberti, José Hierro, Miguel Hernández,…), de la mano de Soraya, con Juanjo y Susana a mi lado, hablando y riendo con todos los que se nos acercaban. Se hicieron largos esos kilómetros por esas grandes avenidas, pero al llegar a la calle del ayuntamiento y ver como toda una ciudad nos recibía, como hablaron nuestros amigos y compañeros hablar desde el micrófono y sentir que el mayor placer era quitarse las zapatillas un ratito. Cenamos cantando, con la fuerza que da ver que cada vez somos más, que estamos sacudiendo este país, o por lo menos sus conciencias y las carcajadas y gritos corrían de mesa en mesa esperando el ansiado día 22.



Nos despertamos en una fría y húmeda mañana, la ilusión por llegar se veía reflejada en todos los rostros, vimos como los autobuses abarrotaban la ciudad y muchos de nuestros compañeros y amigos engrosaban las filas de la columna para llegar a Madrid. El paso era lento, pero la esperanza de lo que estábamos moviendo nos empujaba, los tobillos, bambollas, agujetas y demás dolores, no se apreciaban con la misma intensidad. Nos sentíamos gotas en un río que avanzaba imparable y del que formábamos parte. Llegar a la villa de Vallecas, con muchos más amigos esperándonos, la aprovechamos para sentarnos, fumarnos un cigarrillo, tomar un zumo y comer algo de fruta, mientras nos daban la bienvenida por todo lo alto, uniéndose más y más gente para hacernos lo que quedaba de camino más ameno, menos cansado. Dejamos atrás las aburridas autopistas y las carreteras y nos adentramos por las calles de Madrid, poco a poco, se notaba como nos acercábamos al barrio de Vallecas, como la gente nos animaba por los balcones, como desde las ventanas colgaban banderas tricolor.



Nunca olvidaré esa calle infectada de gente, aplaudiéndonos a cada paso, como ondeaban las banderas; rojas, amarillas, moradas, verdes, blancas… Todas con diferentes siglas, con diferentes reivindicaciones. Al final de una calle escuchábamos un megáfono lanzando eslóganes, nosotros gritábamos, como al llegar a cualquier pueblo: “De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue ¡Cueste lo que cueste!”. Y de repente la calle se abrió, la gente nos abrazaba, a penas podíamos andar de dos en dos, mi mano recogió la de Soraya, nuestros ojos se cristalizaron y las lágrimas nos recorrían las mejillas. El pueblo había tomado la calle, estábamos en la Plaza Roja de Vallekas, yo solo pude abrazar Soraya, sin poder articular palabra ante tal recibimiento. Todos sonreíamos, todos llorábamos, todos buscábamos a los que habían caminado a nuestro lado tantos kilómetros, quizá no los encontramos, pero recordamos a todos los que nos dieron fuerza para andar y para llegar. Hicimos el último alto en el camino, éramos mucha gente. No olvidaré esa sensación victoriosa, ese instante en el que creímos en nosotros y en nuestra lucha.

Sin tiempo para demasiadas cosas, comimos y enseguida, la inmensa columna, contaba sus últimos pasos hacia el centro de Madrid. Susana, Soraya, Juanjo y yo estuvimos cerca, vimos a los compañeros de Elda y Petrer, y continuamos por esa inmensa avenida, en la que al mirar hacia atrás no podía ver el final de la columna. Más motivados que nunca, llegamos hasta la estación de Atocha, a nuestra derecha estaba el ministerio de Agricultura y Pesca, no nos podíamos creer la de gente que había en aquel lugar; por la ronda de Atocha, hacia la izquierda de donde llegamos, vimos a las gigantescas columnas que procedían de Andalucía y Extremadura, el paseo del Prado parecía un hormiguero de gente. Nosotros estábamos sobrecogidos y conmovidos ante la sensacional convocatoria que se había realizado, nuestra traca dio buena cuenta de que habíamos llegado y nos aplaudimos todos, coreamos cánticos y gritos, con la sensación de que esta marea era una sola pieza unida, potente e invencible.

Pronto nos introdujimos en la manifestación; habían gallegos, catalanes, asturianos, cántabros, vascos, aragoneses, riojanos, castellanos, navarros, leoneses, extremeños, andaluces, madrileños y canarios. Con nosotros los que faltaban; valencianos, murcianos, alicantinos y manchegos. Por la calle Atocha vimos como la CGT y CNT se integraban a la enorme masa de gente que había salido a la calle. Prácticamente no se avanzaba, íbamos muy lentos, cuando nos movíamos el paso era cansino y enseguida volvíamos a parar, los kilómetros que llevábamos en las piernas se empezaban a notar, pero este día, ha sido el momento de mi vida que más gente he visto reunida, eso nunca lo olvidaré y siempre agradeceré a cada una de esas personas que tuvieron la valentía y la fuerza de salir a la calle a pesar del silencio mediático y la criminalización a la que nos veíamos sometidos.



Al cabo de un rato, Juanjo, Soraya, Susi y yo, decidimos dejar de ir detrás de la pancarta y caminamos con algo más de prisa hacia la plaza Colón donde finalizaba la manifestación e intervenían muchas de las personas que habían organizado este 22M. Ese recorrido, andando un poco más rápido, me dejó completamente alucinado de toda la gente que se había congregado; en el paseo del Prado no cabía un alfiler y al pasar por Cibeles, vimos como la Gran Vía estaba llena de gente de IU y el PCE. El paseo de la Castellana y el de Recoletos estaban hasta más repletos y al llegar a Colón intentamos escuchar lo que allí se decía. Toda la gente tenía una sonrisa para regalarnos y parecía que en ese día nada podía ir mal. Oímos a Dani, un chaval que vino desde Murcia con nosotros y consiguió arrancar aplausos y vítores delos que allí se agolpaban. Estábamos tan felices…

La noche lo oscureció todo, mientras nos despedimos de Juanjo y Susi, que se iban ese mismo día, empezamos a ver como la “lecheras” comenzaban a subir hacia la plaza Colon. Las luces azules de policía iluminaban las calles y nosotros seguíamos caminando hacia la Puerta de Alcalá a por nuestras mochilas, al final se había descartado la acampada ya que en el paseo de Recoletos ya habían desalojado a todo el que había puesto una tienda de campaña. Soraya y yo nos sentamos en un banco en la Puerta de Alcalá, esperando nuestras mochilas, empezábamos a oír que la policía había cargado, que aún no había terminado la manifestación, aún había niños y ancianos gritando y caminando por sus derechos, por su dignidad. Nos tranquilizamos al ver que los problemas estaban por Colon, Recoletos y Castellana, por esa zona del Retiro solo había gente cansada y personas subiendo o esperando su autobús de vuelta. De repente, una marea de gente sube corriendo de Cibeles, los antidisturbios dando palos detrás de esos manifestantes, Soraya y yo nos pusimos a cubierto lo más rápido que pudimos, vimos como dos chavales entraron en un restaurante en la misma plaza de la Puerta de Alcalá, los policías fueron hacia allí, cuando el cocinero salió a explicarles que aquello era una propiedad privada y no podían pasar, los antidisturbios le respondieron pegándole dos porrazos, en ese momento el miedo se palpó en la plaza, sin periodistas, ni cámaras, cansados, con ganas de que esto finalizase y los agentes policiales no parecía que fueran a razonar. La policía estuvo un buen rato custodiando la puerta del restaurante, seguía habiendo tensión; furgonetas y motos de policía de aquí para allá, de vez en cuando los bomberos y muchas veces las ambulancias. Por fin, nos dijeron que nuestras mochilas estaban en Vallecas y que dormiríamos allí, ya podíamos ir dando por finalizada la noche, aunque la tensión no paró, las noticias de compañeros que habían sufrido algún daño eran continuas y sin confirmar.
A la mañana siguiente, fuimos a la Plaza donde está el Reina Sofía, había una asamblea. Para entrar te registraban por todas partes, solo habían tres entradas, y la asamblea transcurrió sin incidentes, aunque en un momento los antidisturbios nos rodearon, completamente equipados para cargar, esto creó nerviosismo en los que allí estábamos, pero nadie cayó en las provocaciones y pudimos continuar con la asamblea, desde la que se exigía responsabilidades por lo ocurrido el día anterior y que se liberarán a los detenidos.



Terminamos con las marchas más agotados si cabe, por ese final que nadie quería y que solo nos perjudicaba. La maniobra fue muy buena para desprestigiarnos, pero no les iba a servir. Las Marchas por la dignidad no estaban convocadas ni por el PP ni por el PSOE, los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, tampoco se unieron oficialmente. Y aun así, habíamos conseguido concentrar en Madrid a alrededor 1.500.000 personas, durante semanas pasábamos pueblo a pueblo, ciudad a ciudad y les hablábamos de sus problemas, de los nuestros, les explicábamos que pretendíamos y mucha gente empatizó con nosotros y, por lo tanto, con las capas más desfavorecidas de la sociedad. Durante estas marchas, militantes de muchos partidos y sindicatos, hablábamos como amigos, sin importar las siglas que defendiéramos antes, éramos clase trabajadora, proletariado y gritábamos juntos, discutíamos, luchábamos, andábamos unidos y reíamos… Creo que esto causó pánico a un régimen al que cada día se le abren más las grietas, por ello, a las 20:30 del sábado 22 de marzo se hizo que cargara la policía contra los manifestantes, cuando la manifestación era legal hasta las 21:30, aprovecharon que les lanzaron cosas a través del muro de vallas que habían creado en la calle Génova o que estaban rompiendo un cartel, de esa manera cargaron cuando en Colón aun habían intervenciones y sonaba música, cuando ancianos, niños y familias todavía andaban por esas calles que pronto se convirtieron en campos de batalla. De esta manera, en el informativo televisivo de las 20:30 o 21:00 apareceríamos como unos violentos, peligrosos, que solo sabemos destruir ciudades y tirar piedras a la policía, como ya sabemos el 70% de la población se informa a través de la TV. Así que estuvieron durante una semana o dos enseñando como los pobres antidisturbios eran atacados, quedándose en la anécdota, ante el hecho tan maravilloso que en Madrid se dio, cuando llegamos allí para pedir algo tan sencillo como “Pan, Trabajo, Techo y Dignidad”.

Pero al igual que no pudieron con el 15M, no pudieron criminalizar a los que allí estábamos, muchas personas entendieron que aquello estaba orquestado desde altas instancias del régimen y, a los que participamos, nos dieron más razones para acabar con este sistema injusto. Y así seguimos manifestándonos,  y pasó lo nunca visto, el bipartdismo bajó del 50% de votos en las europeas, y otra vez nos quieren desunir, y nos tiran a unos contra otros, pero yo caminé al lado de personas de PACMA, IA, CGT, PCE-ML, REPUBLICANOS, CNT o  EQUO y aun perteneciendo yo a IU y al PCE, sentí que podíamos disentir en muchas cosas, incluso con gente de mi partido, pero que estábamos de acuerdo en lo imprescindible, en hacer que este régimen caiga y debatamos sobre una nueva constitución que aporte más derechos a la ciudadanía. En el momento que el ciudadano Juan Carlos de Borbón abdicó a favor de su hijo y las plazas de todo este país se llenaron para poder decidir, para poder elegir. Y es que la clave tiene que estar en la participación, en la democratización radical del sistema, que la gente pueda tener una información crítica y que el hecho de elegir, le sirva para pensar, creer y crecer.


Ayer rodeamos los parlamentos, ahora es el momento de llenarlos con los nuestros, con los que no tienen miedo a discutir, a preguntar, a votar o a que el interés general prime sobre el individual. Para ello tenemos que convencer y nosotros convencernos de lo que pedimos y actuar en consecuencia, no tenemos que hacer campañas de marketing, tenemos que asimilar los problemas que existen y encontrarles solución, soluciones globales.




martes, 17 de diciembre de 2013

Discapacidad en Marcha

Los kilómetros no pueden separar los sentimientos, los gestos de grandeza. Ayer asomándome a la ventana que supone la pantalla de mi ordenador, desde Argentina, volví a sentir el orgullo de unos trabajadores que se implican, como dijo Gabriel Celaya: “Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”. Y es que estos trabajadores tienen mucho de poetas, algo de guerreros y rebosan humanidad por todas partes.

Marchan manchándose, alzando la voz por los que no se les escucha, siendo el altavoz de este colectivo pequeño que no mueve a grandes cantidades de gente, pero que muestra hasta donde son capaces de llegar las políticas de recortes y austeridad. Pretenden encerrar a los discapacitados en los centros, recortando en su calidad de vida, minimizando sus excursiones, encarcelados sin haber cometido ningún delito.



Muchos trabajadores han salido a recorrer casi 200 km caminando, desde Almoradí hasta Valencia, pidiendo simplemente respeto y dignidad ¡Que fácil parece! Respeto para personas que no se valen por sí mismas, dignidad para estos chicos que quieren aprender un trabajo, que quieren mejorar, por aquellos que no se valen por sí mismos y, en muchas ocasiones, no tienen ni familia. Pero en el País Valencià hace ya años que no se tiene respeto por ningún servicio social, que no reportan dignidad para aquellos que lo tienen más difícil, que se tienen que esforzar el doble y que deberían despertar entre la sociedad la admiración a todas las personas discapacitadas que luchan por vivir, como cualquier otro.

Los quijotescos trabajadores de estos centros, no confunden molinos con gigantes, y saben perfectamente hacia donde se dirigen y con qué objetivo. No dejan de trabajar, siempre con la misma profesionalidad y ternura, a pesar de la falta de material o de las nóminas impagadas; sus “chavales” les dan más fuerza y, por ello, cada paso que avanzan, cada vez que sus desgastadas suelas chocan contra el suelo, se convierte en un atronador sonido que temen desde los despachos de la Generalitat.

Estos trabajadores caminan por la discapacidad, caminan por una de las razones más justas que puede haber, que es la defensa de los más desprotegidos. Su marcha no tendrá el apoyo de mucha gente, en muchas ocasiones, ni de su patronal, pero con cada paso que se acercan a la capital del Turia, se acercan también a nuestros corazones como un grito de rebeldía frente a las injusticias.




martes, 3 de diciembre de 2013

Unidos por la distancia.

Sentado ante un café, mientras una calada inunda mis pulmones, me pongo a pensar en cómo he llegado hasta aquí. Pienso en los pasos que he dado, esas zancadas torpes, rápidas, pensativas, que me han acercado hasta Bahía Blanca, en Argentina.

Todo empezó en Valencia; una matrícula universitaria cada vez más difícil de pagar, una huelga general de la que salgo señalado como peligroso en el trabajo, una desesperanza creciente sobre mi futuro como historiador y una sociedad a la que le cuesta despertar de su propio sueño.



Cada día un empujoncito más hacia precariedad, hacia la incógnita. Con un sueldo de subsistencia en el que todo parece un lujo, en un trabajo que me roba casi todo el tiempo. El “Plan Bolonia” no quiere gente que se pague los estudios desde los dieciocho años y sigo estudiando a distancia. No puedo luchar como quisiera por nuestros derechos, ya que no dispongo de horas, minutos o segundos. Los días pasan, los meses pasan y los años pasan…

Finalmente, respiro, analizo y actúo con el tiempo que me “regala” el paro. Mi compañera me propone cambiar de vida, marchar a Argentina ¡La oportunidad está ahí! Ahorramos y soñamos con los ojos abiertos, pero conocemos la contrapartida: Les tendremos que decir adiós a nuestros amigos y familiares, a la gente que queremos la dejaremos atrás por mejorar nuestra existencia.



El frío agosto argentino se llevó mucho del calor que la gente nos había dado, de vez en cuando, las lágrimas brotaban de nuestros ojos al echar la vista atrás. Pero, poco a poco, nos dimos cuenta de lo bien que sienta respirar con gran fuerza, sentir el frío, implacable, llenándonos, haciéndonos sentir más vivos girando, riendo, pensando…

Ante nosotros se mostró Bahía Blanca; con sus calles perfectamente alineadas, con viviendas, mayoritariamente, de planta baja dejando penetrar el sol hasta las ventanas, llenando de luz las habitaciones. La zona noble de la ciudad está alrededor de su plaza principal, con edificios de clara inspiración francesa, que sería preciosa, si no hubieran cometido el error de construir, también, gigantescos monstruos de hormigón en los últimos 50 años.


Entonces, la esperanza de que todo nos pudiera ir mejor nos ayudó a caminar. Yo voy consiguiendo que muchos de mis proyectos salgan adelante, dándome tiempo a hacer un voluntariado en un barrio pobre. Mi amor, logra trabajar en un laboratorio, algo casi utópico en España.

Y, finalmente, doy el último sorbo al café y apago el cigarrillo, continúo así mi camino, fuera de mi ciudad, lejos de mis amigos, a miles de kilómetros de mi familia. Pero sigo caminando, empatizo con esos republicanos que poblaron estas tierras antes que yo, antes que nosotros. Sigo luchando, para que esto no lo tenga que vivir ninguna persona más en el mundo, sea de donde sea. El capitalismo nos puede separar de nuestros hogares y gentes, pero nunca nos podrá alejar de nuestros pensamientos.

domingo, 27 de octubre de 2013

La trastienda del capitalismo

La vida te va llevando por caminos que no podías imaginar unos meses atrás. Probando una vez más mis fuerzas contra gigantes, sin tener una honda a la que agarrarme, desgastando mis desnudas manos y la inocencia que podía quedar en mi mente, me embarqué hacia Argentina. Esto me ha llevado a conocer otros pensamientos, otros paisajes, otra forma de ver la vida; he visto como la naturaleza vencía al hombre de una manera bella, imponente, cambiante. Pero, descubriendo esto, también me topé con la realidad oculta de nuestra civilización.



Hace unos días fui, por primera vez, a un barrio periférico de la ciudad, una de las llamadas “villas”, que no es otra cosa que una zona oprimida de la ciudad de Bahía Blanca. La asociación “Envion-Stella Maris” nos invitó para que ofreciéramos una visión diferente, extranjera, a los niños que allí se acercan. Para llegar, bastaba con coger un autobús de línea y sentías que te acercabas cuando desaparecía el asfalto de las calles. Por la ventana empezabas a divisar las precarias construcciones y en una colina, llena de desperdicios, nos observaba un caballo con indiferencia mientras pastaba.

Pisamos las calles embarradas con nerviosismo y curiosidad, caminamos hasta el local de la asociación, la construcción más nueva que allí se levantaba. Sus muros estaban pintados de esperanza; escenas de niños jugando bajo un gran arcoíris y con un sol de enorme sonrisa observándolos.

La timidez de los chicos se mezclaba con el descaro y, mientras un mate pasaba de mano en mano y de boca en boca, comenzamos a hablar con estos chavales de entre 12 y 21 años que se acercan a este refugio, por voluntad propia, en busca de comprensión, de salir de las calles. Cinco chicas, de 14 a 16 años, estaban embarazadas; mientras una explicaba que quería hacerse una casa con su novio, otra relataba que el padre del niño que iba tener no se quería hacer cargo. Ellas no fallaban al taller de salud que se impartía, al igual que toxicómanos que intentaban dejarse la droga.


El objetivo es que sigan escolarizados y si no es así, que vuelvan. Además, tienen talleres de teatro, baile, percusión o cine. Nos contaban que hacía poco había ido un abogado a explicarles sus derechos; ya que solo por ser de donde son, la policía los apresa, por esa marca que la sociedad les graba de sospechosos, por no haber nacido en la cara bonita del capitalismo y salir de esa trastienda, ese gueto, donde esta sociedad los esconde. Es un trabajo lento y costoso, pero parece que la lucha avanza con la voluntad de los que allí residen, de los que les ayudan a salir de la garras de este sistema injusto.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Mi pequeña marcha

Nací hace treintaiún años en Elda, Alicante. Una pequeña ciudad en la que se empezaban a ver los rasgos de la crisis industrial que acabaría con su economía. En el estado español gobernaba UCD con Calvo-Sotelo a la cabeza; después del golpe de estado que frenó los intentos de una verdadera democracia en mí país, en unos meses Felipe González y el PSOE lograrían la mayor victoria electoral hasta la fecha y, con ella, la decepción más grande de la historia de la izquierda española. Ronald Reagan y Margaret Thatcher llevaban ya unos años, en sus respectivos gobiernos, aplicando medidas neoliberales para el planeta, ya fuera por medio de leyes o por la fuerza. La URSS se encontraba en plena debacle, sin saber hacia dónde tirar y perdiendo, cada vez más, la batalla publicitaria y mediática a la que se veía sometida por occidente.



Recuerdo la política con naturalidad, cuando era pequeño escuchaba conversaciones que apenas entendía. Sabía que a mi padre le gustaba Felipe González y Alfonso Guerra y podía entender que el PSOE era de izquierdas. Un día, caminando a la salida del colegio, con mi amigo Carlos Salido, recuerdo que él me preguntó si conocía la diferencia entre izquierda y derecha y yo le contesté muy rápido: “¡Claro! La izquierda son los pobres y la derecha son los ricos”. A lo que me contestó algo que nunca he dejado de recordar y que no sabía hasta qué punto tenía razón: “Pues yo he visto que Felipe González tiene un Mercedes”. La simpleza de una conversación de niños me llevó a preguntarme muchas cosas… Empecé a fijarme que en la televisión cada vez había más manifestaciones; por la educación, por los astilleros, por los altos hornos, las minas… Uno de los despedidos en una de esas reconversiones industriales dijo: “¡No luchamos solo por nuestro trabajo, también lo hacemos por el de nuestros hijos!” Yo me quede pensando que quería decir eso; “Si iban a quitar un feo astillero e iban a poner viviendas frente al mar con un parque y todo”, las consecuencias se empezaron a ver con el tiempo, con el aumento del paro, con la desindustrialización de la mayoría de lugares y con las bolsas de pobreza que ello creó. Solo con el tiempo me di cuenta de los eufemismos que utilizaban; “reconversión industrial” significaba “desindustrialización”, “productividad” se convirtió en explotación y “flexibilidad laboral” era ser precario y la creación de las Empresas de Trabajo Temporal, el cáncer de la juventud trabajadora…



En la tele las imágenes me desbordaban, y creo que aún sigo sin entenderlas del todo; el GAL, ETA, FILESA, corrupción, financiación ilegal, guerra sucia, terrorismo… Veo que la gente está contenta por la caída de un muro que está en Berlín, no entiendo tanta alegría, solo era un muro: Un día paseando por Alicante, veo un muro con pintadas y le pregunto a mi padre si es el de Berlín, recuerdo que no me entendió “¡Como va a ser ese!”, yo, estupefacto le pregunté por qué no tiraban ese, que también estaba viejo. De momento, una noche, viendo las noticias con mi padre, le muestro mi sorpresa al no comprender por qué están apareciendo tantos países nuevos; él me explica que eran pertenecientes a la URSS, me explica que su bandera es roja con una hoz y un martillo “¿Por qué?” Porque es el símbolo de los campesinos y de los obreros: Me encantó el dibujo que me hizo y como me lo contó y cada vez que, con mi imaginación, jugaba a la guerra, los soviéticos siempre vencían. Al curso siguiente, yo heredaba los libros de Ciencias Sociales de mis hermanos y con un lápiz tuve que trazar todas las nuevas fronteras sin comprenderlo del todo;  la URSS ya no existía, ahora era Rusia (Para mí los rusos eran como los hunos, un pueblo que ya no existía pero que eran muy fieros), pero también veía que Alemania se unía, que Checoslovaquia se separaba, que Yugoslavia entraba en guerra porque habían musulmanes, católicos y ortodoxos y que aparecían países como Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Estonia, Letonia, Lituania y un motón de naciones que finalizaba su nombre con –istan.



Una noche, vimos un película sobre la Guerra Española y yo no sabía que bandera era esa roja, amarilla y morada; mi querido padre me explicó que era la antigua bandera de España, la de la república, mis hermanos me vieron fruncir el ceño de incomprensión y al finalizar el film me contaron la historia de mi abuelo Antonio; que con 18 años se fue de voluntario a defender Madrid del fascismo, que era afiliado a las Juventudes Socialistas Unificadas del Partido Comunista y que luchó por la democracia y la libertad lo que le llevó a campos de concentración “¿Cómo los de los nazis?”, “Sí, como los de los nazis”, y después a la cárcel y después a hacer la mili. Finalmente, lo mandaron a casa porque pensaban que se iba a morir por la tuberculosis que padecía y cada semana se tenía que presentaren el cuartel de la Guardia Civil. Sobrevivió, pero yo no lo llegué a conocer, aunque a veces discutía con mi familia porque decía que sí lo conocí, no se todavía por qué.



Mis hermanos  seguían contándome historias, la canción del puente de los franceses aún me recuerda a mi abuelo Antonio que estuvo allí y en la ciudad universitaria, cada vez tenía más ilusión por conocer el pasado. Fui con mis padres a Granada y se sorprendían de verme tan ilusionado con la Alhambra “Tus hermanos a la media hora ya estaban cansados” me dijo mi madre. Recuerdo con que ilusión decía que quería ser profesor de historia…



Los años pasaban y  golpeaban con extrema dureza a mi familia. Mis hermanos y yo veíamos los Guiñoles y me hacía mucha gracia ver unos que iban de Don Quijote y Sancho Panza, ese libro lo conocía bien ya que teníamos un comic de seis volúmenes sobre él, uno era un soñador y el-la otr@ muy realista, eran Julio Anguita y Cristina Almeida, me encantaban. Al tiempo mi hermana me contó que iba a votar a Julio Anguita y me pareció una gran idea. De hecho, una vez, en casa de una tía mía, que era muy beata ella, hablábamos sobre política, yo no tendría más de doce años y le dije que no me gustaban ni González ni Aznar y ella me replicó “Sí, pero ¿a quién votarías?” como si no hubiera elección, yo le dije que a mí el que más me gustaba como hablaba y lo que decía era Anguita, todavía recuerdo su cara de susto y replicarme “Ya, pero es que ese…” y no terminó la frase, supongo que quería decir que era comunista, pero no la terminó porque no lo iba a entender como una razón.



Poco a poco, empecé a leer libros de mis hermanos de historia y a comprender cosas, hasta ese momento yo pensaba que los cargos eran casi vitalicios, relacionaba a España con Felipe González, a Francia con Mitterrand, Inglaterra con Thatcher , EEUU con Reagan y Alemania Kohl. Mi profesor de “Sociales” explicó que el comunismo ya no existía “Bueno… en cuba, pero no le queda mucho” dijo; nos explicó que era una forma de gobierno que quería la igualdad entre todos y acabar con la pobreza ¡Lo dijo como algo negativo! Me hizo pensar en que se parecía mucho a lo que escuchaba en la iglesia, aunque el cura luego no estuvo de acuerdo… ¡Es tan difícil comprender a la gente mayor de pequeño! Mis profesores estaban completamente desmotivados, nos chillaban a todas horas, de vez en cuando un cachete o un tirón de orejas y apenas llegaban a los cuarenta años. Solo me gustaba mi profesor de “Naturales” del último curso de primaria, logró que llevara siempre lo deberes hechos solo con una frase; ”Tengo mucha esperanza en ti, espero que no me decepciones”, con eso logró que me encantara su clase, que estuviera siempre atento, que me apasionara la naturaleza; tenía esperanza en mí.



En casa, mi hermano Juanjo comenzó a traer a casa grupos de música que hablaban de desigualdades, de acabar con el capital, de libertad, de amor, de anarquía, de república… Pablo y yo escuchábamos esas letras llenas de esperanza y nos interesáramos más por saber de qué hablaban. En mi familia estaba arraigada la costumbre de leer y eso nos llevó a buscar libros que ampliaran nuestros conocimientos sobre muchos temas, a buscar documentales y películas y a interesarnos y discutir sobre política e historia, algo que ha sido una constante hasta ahora.

Al llegar al instituto todos sabemos la "pavería" que llevamos encima, yo que siempre he hecho natación y la mayoría de amigos que tengo pertenecen a ese mundillo, intenté compaginar salir con ellos y continuar con mi lucha, con la lucha, con la de mi abuelo, con la de mi vida… Me di cuenta que no tenían por qué elegir y continué con mi pensamiento; mientras los estudios no me iban demasiado bien. Fui perdiéndome en el camino, ahora lo veo con lástima, pero en 1º de Bachillerato tuve la suerte de tener una clase de personas implicadas, que les gustaba leer, escribir, la historia, la política, la filosofía… Hubieron profesores que volvieron a confiar en mí, que me traspasaron su amor por ciertas cosas; Paco con la historia, la política y los movimientos obreros, Joaquín con la literatura y la cultura y Lupe por la poesía. Ellos hicieron mucho por mí aunque no lo supieran y muchas de esas compañeras que tenía en la clase y con las cuales nos tomábamos cafés hablando en secreto de formar un partido político (Tenía hasta nombre, el PRUM: Partido Republicano de Unificación Marxista) y hablábamos de la república con miedo, en susurros que nadie podía escuchar, con un miedo impuesto por la sociedad amnésica que ahora no es posible comprender. Llegué a ser delegado de los delegados de clase, algo que se creó para intentar acabar con la Ley educativa del gobierno de Aznar. En esos meses entré en la Plataforma Otro Mundo es Posible, al lado de Paco, mi profesor y amigo que me enseñó a hablar, a pensar y a creer que el nombre de la asociación era un objetivo y no una quimera.

En esos años las manifestaciones iban y venían. Intentamos que no tiraran de unos cines abandonados a unos okupas que querían hacer de él un centro social, pero no lo logramos. Me fui a Muxia con Pablo, como voluntario para recoger el “chapapote” que el Prestige había dejado en las costas de Galicia. Salimos a la calle por la educación pública y de calidad, por los precios de los autobuses, por Palestina, por Serbia, por el Sahara… Iba a ruedas de prensa con Paco para explicar nuestro pensamiento solidario, leía las resoluciones de la plataforma cuando hacíamos alguna concentración explicativa. Pero el momento más ardiente de esa época fue cuando a principios del 2003 el gobierno de Aznar y EEUU empezaron a planear la invasión de Irak, un viento esperanzador comenzó a soplar y el pueblo se unió ante esta injusticia; reuniones, concentraciones en sedes del PP, charlas, lecturas y una gran manifestación que nunca olvidaré en Alicante, la más grande en la historia de esta ciudad, con un recorrido lleno de principio a fin. En un par de semanas Irak fue atacada y me sentí inútil, pensé que los esfuerzos no habían servido para nada, que todo se había ido al traste y estaba frustrado; creía que todas las personas que por fin habían salido a la calle no lo harían más ya que no tuvo resultado. Me sentía defraudado con los sindicatos y los partidos políticos, me dio la sensación que solo les importaba la imagen, lo que podría pensar la gente si hacían o decían cualquier cosa, me sentí como creo que hace poco lo hicieron los miembros del 15M, sentía que no hacían nada, que no me representaban. Así que me dejé la plataforma después de tantas fatigas, me aparté un poco.



Por esa época comenzaba la universidad y me llevaba otra buena decepción; lo que yo pensaba que iba a ser un nido de ideal por eclosionar, una multitud de pensamientos con los que enriquecerme, el hogar de la cultura… Bueno, pues vi que la individualización de los individuos era igual o peor que en mi instituto y, en definitiva, en la sociedad. La mayoría de las personas elegían carrera por posibilidad de trabajo después, lo importante era aprobar y fuera de ahí nada les interesaba, salvo noche de juerga y alcohol. No seré tan cínico de decir que yo no salía, pero también me atrevo a decir que, visto con perspectiva, yo tenía conversaciones muy interesantes frente a un café  con compañeros de clase que me enriquecieron con su forma de pensar y espero que yo también un poco.



El PSOE de Zapatero gobernaba con una economía neoliberal y haciendo medidas sociales como el matrimonio gay, ley de la dependencia y alguna otra que, sin tener nada de financiación, le dio la fama de ser casi un revolucionario ¡Como estaba el mundo! Además, en IU estaba Llamazares, una persona que apoyaba en gran medida al gobierno de Zapatero, con crítica, pero desde un perspectiva reformista que para nada quería cambiar el sistema injusto en el que vivimos. En un mundo en el que 40.000 personas mueren diariamente de hambre, algo va muy mal; el alejarnos del ideal, el darnos por perdidos, solo hizo que la gente confundiera IU con el PSOE. Yo, después de reflexionar mucho, entendí que la mejor forma de luchar por mis ideales y por un mundo mejor era la política. Así que Juanjo y yo fuimos un día a afiliarnos en el PCE y en IU para cambiar el pensamiento de la sociedad, pero también para acabar con el rumbo de la coalición, que iba directa al abismo. Me ilusionaba mucho este paso después de venir de pasar unos meses en París, de haberme acercado a la forma de trabajar y pensar del PCF, allí comprendí mejor el asociacionismo, el trabajo desde la calle, me empapé a leer y mis pensamientos corrían por mi pluma con gran facilidad; París era un hervidero de ideas que me ayudaron a mejoran mi percepción.



Con síntomas de asfixia, me fui a vivir a Valencia, una decisión que si bien no me ayudó académicamente, personalmente me hizo más maduro, más feliz y más fuerte. Allí engrosé las listas del sindicato estudiantil Acontracorrent, el sindicato de estudiantes de EUPV, para las elecciones de mi facultad, pero lo cierto es que mi trabajo me robaba mucho tiempo y energías. También empecé a ir a congresos del PCPV y asambleas de EUPV que hicieron que empezara a conocer gente muy interesante y que con el tiempo se ha hecho mi amiga.

Además en Valencia encontré el amor, encontré a Soraya. Llevaba tanto tiempo buscándola sin saber dónde estaba… Ella me empuja cuando lo necesito, me da apoyo cuando me ve flaquear y me echa una mano cuando caigo, es mi fuerza y mi energía. Mi chica, la que consigue hacer mis sueños realidad.



La crisis llegó sin sorprendernos a nadie, el gobierno de Zapatero poco podía hacer más que negarla. Al principio titubeó sin saber a dónde ir, finalmente se plegó a las exigencias del FMI, BCE y la Unión Europea. La gente, adormilada seguía sin creer lo que pasaba, hasta que un 15 de mayo las plazas se llenaron con gritos de rebeldía, de esperanza, de indignación. Una masa multiforme comenzó a hacer asambleas en las que se discutía como cambiar las cosas. Yo participé individualmente y comprendí que era un gran germen para la sociedad el que la gente comenzara a hacerse preguntas que yo llevaba mucho tiempo haciéndome. La percepción capitalista y bipartidista que había mamado la población desde hacía años, llevaba a que muchos despotricaran de los partidos políticos, aunque algunas de sus propuestas casaban perfectamente con el programa que desde hacía años llevaba IU y el PCE. El 15M sigue vivo gracias a las mareas ciudadanas que surgieron a través de él; Plataforma de afectados por la hipoteca, la marea de la sanidad, la de la educación, Discapacidad en Marcha, etc. El que dice que el 15M ha fracasado es porque no se ha involucrado y eso era lo más importante que exigía este movimiento de los indignados, que la población se implicara en los problemas de la sociedad.



Uno de los estallidos sociales más fuertes que he vivido fue la llamada “Primavera Valenciana”, en la que participé en sus asambleas y sus manifestaciones. Sentí el frio miedo de los antidisturbios ante mí y vi cómo, paulatinamente, las manifestaciones se fueron marchitando y cada vez menos gente salía a la calle para que la delegada del gobierno dimitiera.



Para finalizar solo decir que mi intención en todos estos años ha sido poder aspirar a una sociedad libre e igualitaria, hay quien me llama utópico sin conocer la realidad. Vivimos en un mundo donde dos terceras partes de la población viven en una pobreza absoluta, donde un 1% de las personas de este mundo controlan el 70% del dinero que se mueve y que tienen en sus más férreos protectores en gente a los que apenas les dan migajas.

El planeta se va destruyendo poco a poco para la habitabilidad del mismo, no está el peligro La Tierra, si no nuestra continuidad en ella como especie. El capitalismo utiliza recursos naturales como si estos fueran infinitos y esto no es así. Produce productos industriales de usar y tirar para que así la gente consuma más, lo que nos lleva a acabar con los recursos del planeta y a que haya unas cantidades de basura que la naturaleza no puede absorber.

Los grandes medios de comunicación son empresas privadas con intereses muy definidos; nos mantienen en un estado absoluto de individualismo, nos introducen el pensamiento neoliberal como natural y nos incitan a consumir y producir.

Pero no nos engañemos, la culpa de todo esto la tenemos nosotros; nosotros preferimos ver un partido de futbol a leer un libro, preferimos escuchar los programas del corazón a intentar saber qué es lo que ocurre en Latinoamérica o África, preferimos seguir a la marea que plantearnos cuál es el camino. He estado en manifestaciones por los derechos laborables de alguna empresa a la que no han ido algunos de sus trabajadores. Convencer a mis compañeros cuando había una huelga era una tarea muy cansada, a pesar de que un día de trabajo no era nada comparado con todos los derechos que les quitaban y que al final les saldría más caro. Falta conciencia obrera, orgullo de clase, …


Ahora, desde Argentina, sigo por mi camino de aprendizaje, de conocer nuevas formas de hacer las cosas y esperando que todos los que me leéis me acompañéis en esta milenaria marcha, esta pequeña marcha en nuestra vida, este camino que comienza con un paso pero que te lleva a la felicidad de millones de personas. Marx dijo: “El motor de la historia es la lucha de clases.”