“Para nosotros el comunismo no es un estado que debe implantase, un ideal al que hay que sujetar la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual” Karl Marx.
En el momento en el que este año respira sus
últimas bocanadas de aire, me dispongo a escribir sobre lo que ha acontecido,
sobre cómo ha sido el camino que hemos emprendido este año, a dónde nos lleva,
que errores y que aciertos hemos cometido, que victorias y que fracasos y que
opinión tengo de ello, que pienso y que tengo que ir sacando de mis entrañas
para que no se me quede una sensación de silencio y acumulación dentro de mí
que no me deje respirar.
El mundo gira y gira, nosotras sólo vivimos
en un minúsculo espacio de tiempo y siendo una persona entre millones, aunque
nuestros pensamientos sean infinitos. A penas contamos como algo en la historia
de la humanidad, nadie recuerda quien inventó cosas importantísimas para la
humanidad, para la historia del universo no somos nada, ni siquiera nuestro
planeta quizá, y sin embargo existimos, pensamos, crecemos, dudamos, aprendemos
y nuestro objetivo es avanzar, mejorar como especie, mejorar la vida de las que
nos precedan, estar a la altura de las que estuvieron antes que nosotras por
este loco planeta, empapándonos de su sabiduría, corrigiendo sus errores.
El año lo comencé en Argentina; fue toda una
apertura de ojos, de ver el continente por donde vendrán los cambios para la
historia de la humanidad, el laboratorio de la izquierda postsoviética, el
lugar donde el capital muestra su cara más despreciable. Porque el capitalismo
no debemos olvidar que no es sólo EEUU y Europa, el capitalismo es África,
Latinoamérica, India, sudeste asiático, es guerra, golpe de estado, gobiernos
títeres. Allí buscan políticas de empoderamiento de la sociedad, de protección
social, de cooperativismo laboral y de democratización absoluta. Evidentemente,
nada es perfecto y si el pueblo no se involucra en los cambios de su país los
problemas aumentan por falta de fiscalización, crítica y propuestas.
Regresé a España y me sorprendí caminando
junto a miles de personas en las marchas de la dignidad del 22M, compartí pasos
con gente que tenía ansias por mejorar este país, este mundo. La idea de
unificar la izquierda para lograr unos objetivos comunes parecía más cercana;
pan, trabajo, techo y dignidad, ese era el grito más repetido y ese nuestro
programa ante la sociedad.
Al llegar a Elda, intenté involucrarme en mi
pasión, en la política. Estuve en la plataforma de “No al castelazo”, una
organización que pretendía que una de las pocas plazas históricas de mi ciudad
no fuera derribada para mayor gloria de nuestra alcaldesa. Recogimos firmas,
hicimos charlas, reuniones de trabajo, asambleas por barrios, todo lo que se le
puede exigir a una plataforma ciudadana. La gente dio una respuesta sincera con
las firmas, llegamos a superar las 4.000. En contrapartida, las asambleas eran
poco numerosas, las reuniones de trabajo cada vez menos eficientes y la
ciudadanía mostraba sus quejas en las conversaciones o por las redes sociales,
pero era incapaz de apoyar las acciones de una plataforma que pretendía que no
se hiciera una obra faraónica, por un precio desorbitado y lo más triste es que
les repercutía a todos, que hay gente pasándolo muy mal económicamente.
Las críticas nos llovían por todas partes,
unos diciendo que éramos unos antisistema, otras que éramos muy blandos, todos
desde el exterior, sin arrimar el hombro, sin limar las asperezas para conseguir
un objetivo claro, justo y necesario. La plaza está actualmente en obras. La
plataforma continúa sin tener un
objetivo claro, si hubiera tenido una respuesta popular contundente
quizá no hubiéramos logrado la paralización del proyecto, aunque sí podríamos
haber conseguido crear una plataforma ciudadana para la participación ciudadana
que lograra ser escuchada ante estos injustos actos de los gobiernos
municipales.
Durante este periodo pasaron las elecciones
europeas, que supusieron un auge de mi formación, IU, consiguiendo uno de sus
mejores resultados. Ahora estamos pagando, con creces, la falta de
democratización interna de la organización para la confección de listas, ya que
en estos comicios se presentaron unos compañeros, a los que habíamos glorificado,
y que al decir que querían primarias para elegir al candidato, los dejamos
marchar. Cierto es que fuimos algo torpes; hoy hacemos primarias por todo el
estado.
De hecho, en las primarias de EUPV un grupo
de compañeras presentamos una lista, en la que yo estaba incluido. Nuestra
intención fue que no hubiera una lista única pactada (luego se dividió en dos),
que las asambleas de base tuvieran el poder para elegir candidatos y que en las
primarias se colocaran en orden y se desecharan los que la militancia considerara
que no debían ir. Poca gente nos quiso entender, nuestros nombres estaban
puestos en orden alfabético para que la decisión no llevara ningún tutelaje y
el militante se sintiera más involucrado en la decisión, por tanto, informarse
mejor y, quizá, pudiéramos lograr una militancia más activa aun. Pues no pasó,
la gente no nos votó, muchas votaron en lista cerrada, con la numeración que
llevaba la lista sin plantearse el resto.
El partido que surgió de nosotros mismos fue
Podemos, un partido de una verticalidad muy pronunciada, con una cúpula muy
preparada y que siempre hemos tenido en IU en gran estima. Su carismático líder,
Pablo Iglesias, llevando un discurso claro y potente ha logrado que las
encuestas le aúpen a lugares donde IU nunca llegaba. Estamos completamente
desplazados de la actualidad política, para el sistema es más cómodo un Podemos
con ideas difusas, silencios, sin mojarse, sin situarse ideológicamente…
La ciudadanía encantada, toda la labor de
movilización de muchas organizaciones durante estos años (IU, PAH, Marchas,
Mareas, etc.) se ha frenado de golpe, ahora hay que ganar las elecciones, eso
parece lo fundamental, aunque con ello engañes al pueblo. En noviembre las
manifestaciones por las marchas apenas lograban reunir a 2.000 personas en
Valencia y Alicante, una cifra irrisoria a las que se estaban dando
anteriormente.
Yo considero que IU tiene que hacer un
trabajo pedagógico, hacer comprender a la población que para cambiar este país
y este planeta se tienen que esforzar, tienen que presionar, tienen que exigir,
tienen que tener instrumentos para lograr canalizar sus quejas. En IU tendremos
que cambiar vicios, creernos nuestros discursos e intentar unificar criterios.
Borrar toda mancha de colegueo, amiguismo, apoltronamiento, nuestro objetivo es
cambiar el mundo, pues no desfallezcamos.
La situación extrema que atravesamos, lleva a
la sociedad a buscar un salvador con tal de no tener que hacer nada,
continuando con su vida y mostrando su queja a través de un voto. Tenemos que
intentar luchar por una sociedad más activa políticamente, que no nos pase como
en el 82 cuando gente se cambió de camisa para votar a Felipe González,
hubieron hasta los que se marcharon de partidos de izquierda verdadera para
cambiar el PSOE desde dentro, ya podemos ver el fracaso de esa táctica. El único
camino es la lucha por nuestros derechos, dejar de ver tanto fútbol y crearse
una conciencia crítica de lo que sucede, dejar los programas del corazón y
exigir nuestra igualdad racial, sexual, económica,…
Que ahora Cañamero se vaya de IU para mi es
una decepción, porque es una persona de acción, es un persona con la que me
enorgullecía de compartir militancia, pero en el SAT, o CUT-BAI, también tienen
sus incoherencias, igual que nosotros. La esperanza la ponemos en que un
partido hermano como Syriza se postula como vencedor en las elecciones griegas,
esperemos que sea la grieta por la que nos empecemos a colar en la realidad
europea.
Ahora sólo queda que hacer un programa común
en el que muchos nos unamos y para mí lo fundamental sería: Derecho a la
vivienda garantizado; mejora de la educación y sanidad pública, quitando ayudas
a concertadas y privadas del tipo que sean; creación de trabajo, mejorando condiciones
laborales y reduciendo las horas de los que trabajan; democratización absoluta
del estado; derecho de autodeterminación de los pueblos; solidaridad con los
países que condenamos al subdesarrollo, ayudas a la dependencia y un alguna cosa
más que se me escape.
Nadie habla si no va a ser escuchado; yo en
los últimos meses tengo menos ganas de escribir y hablar, siento que la gente
se esconde, que otros desconfían y aunque dicen que me respetan, me siento muy
sólo en mis opiniones, poco valorado. Así que se me quitan las ganas de
continuar luchando contra viento y marea, de intentar ser pedagógico,
comprensible, a veces tengo ganas de quedarme en silencio y otras lo hago ante
la poca atención que me prestan. Luego recuerdo a Brecht, a sus imprescindibles
y continúo…
Por último, sólo quería poner en relieve la
importancia de que esta sociedad se empodere, se manifieste, participe, luche,
crea, aprenda y debata, construya. No le demos una carta blanca a una persona,
mostremos nuestra opinión, reforcémosla y levantémonos, si no es imposible.
Esperemos que el 2015 sea el año en el que
este mundo comience a cambiar para mejor, para acabar con el hambre y la
pobreza y donde la sociedad deje de estar aborregada y luche por un mundo, como
dijo Rosa Luxemburgo, donde seamos: socialmente iguales, humanamente diferentes
y totalmente libres.
Mucha gente me ha
preguntado porque integro la lista a las primarias de EUPV por la provincia de
Alicante de “Converger para ganar”, espero que en estas líneas se comprenda.
Antecedentes
Yo me afilié al PCE
y a IU en 2007, por ese orden, porque no estaba de acuerdo con la dirección de
aquel momento de Izquierda Unida, que se mostraba muy próxima al PSOE y yo
creía más en las tesis de Julio Anguita de las “dos orillas”, en la que en un
lado estaríamos los que queremos transformar esta sociedad y este mundo y en la
de enfrente estarían los partidos del régimen (PP, PSOE, CiU, PNV, UPyD,
C´s,…).
En el 2007 me creí
las encuestas y fui de los que pensé que la coalición Compromís podía ser
fundamental para desbancar al PP del País Valenciano. Luego vino la traición,
los incumplimientos de lo acordado antes de las elecciones y el robo del grupo
parlamentario, con lo que se consiguió crear una desconfianza importante en el
seno de EUPV por confluir con otras organizaciones.
En el año 2008 se
realizaron elecciones generales en las que IU consiguió sus peores resultados
con 2 diputados, y uno de ICV. En ese momento se creó un debate intenso, se
hablaba de cambiarlo todo; refundar IU, cambiar el nombre, ser un movimiento
político y social real, dónde los movimientos alternativos al sistema tuvieran
cabida y todos lucháramos juntos por unos mínimos.
La crisis ya estaba
presente durante el 2008, pero empezó a hacerse insoportable con los desahucios
de la gente de sus casas, escándalos de corrupción, Zapatero se dobló ante los
intereses de Europa y la banca con lo que dejó al país con una fuerte deuda.
Comenzaron a recortar; sanidad, educación, dependencia, dos reformas laborables
para quitar poder adquisitivo a los trabajadores, el Capital enseñaba las uñas
y nosotros no teníamos fuerza.
El 15M apareció
para mostrar la indignación de un pueblo que había vivido demasiado el sueño
capitalista, se acercaba a IU pero no del todo, hubo mucha gente que nos vio
como un partido más, quizá no supimos aprovechar ese descontento, quizá no
podíamos hacer más.
Al calor de las
encuestas (otra vez), finalmente, no cambiamos nada para que todo siguiera
igual, aunque es cierto que muchas cosas se hicieron bien y nuestro mensaje caló
en la sociedad. Un día nos decían tenéis un 8% de los votos, al siguiente un
10%, un 15%, incluso vi una que nos daba un 17%. Mientras, se acercaban las
elecciones europeas y en el Consejo Político Nacional y en el Consejo Político
Federal se hicieron las listas, sin llevarlas a las asambleas, creando
tensiones entre grupos de dentro de EUPV e IU. Cuando se empieza a ver esto, aparecen
unos que siempre hemos considerado de los nuestros, que hemos puesto sus vídeos
en el FB en multitud de ocasiones, que han estado ayudando como asesores a IU,
vemos a Pablo Iglesias, Monedero y Errejón, entre otros, y nos dicen que
quieren primarias para estar en la lista. Pero cerramos filas:
“¡Oportunistas!”, “Los militantes eligen en IU”, “Las asambleas son el poder de
IU”, ”No nos pueden marcar la agenda desde fuera”, etc. Cuando sabíamos que las
cosas no se habían hecho del todo bien.
Consecuencias
Podemos, el partido
de Pablo Iglesias, se queda muy cerca de nosotros, por tanto empiezan a haber
unas dudas existenciales ¿Hacemos primarias? ¿Convergemos? ¿Han sido positivos
los resultados? No entraré en que Willy Meyer, finalmente, no fuera tan coherente
con nuestro mensaje. Pero estos resultados nos han dado la oportunidad de
reflexionar, de debatir y de ver qué organización queremos.
¿Cómo apareció este
proyecto?
Esta lista no se
pensó en un día, somos un grupo de militantes que hemos estado trabajando en
las calles, en las PAH´s, plataformas vecinales, por el trato digno a la
discapacidad, por la educación pública, laica y de calidad, por la sanidad
pública, por movimientos ecologistas y animalistas o por las marchas del 22M.
En estas movilizaciones hemos estado, igual que otros muchos militantes de IU,
hemos trabajado, hombro con hombro, con compañeros de otras organizaciones y
entendemos que la confluencia se nota ahí, en la calle, en las luchas.
Concretando
Ante las primarias
convocadas en EUPV, este grupo de militantes se hizo eco de los rumores de que
una lista oficial estaba en marcha (al final se dividieron en dos), en la que
diferentes grupos que componen la organización había puesto en liza numerosos
nombres días antes de que se hicieran las asambleas locales, primer paso de la
democracia interna. Desde las cúpulas se había tratado a la militancia, una vez
más, con un paternalismo impropio de una organización que aspira a democratizar
de manera radical el país, colocando numéricamente quienes debían encabezar
esos puestos.
Nuestra propuesta
Queremos que los
militantes se empoderen, que decidan, que las asambleas de base tengan la
importancia que se merecen y esta lista, ordenada alfabéticamente, quiere
mostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera. Renegamos de los acuerdos
de pasillo y queremos que toda la militancia decida desde abajo hasta arriba,
horizontalmente, con una hiperdemocracia que luego podamos aplicar cuando
lleguemos al poder, sin tutelajes, haciendo a todos y todas partícipes de las
victorias y fracasos y exprimiendo la fuerza que nos puede llegar a dar toda
nuestra militancia.
No venimos a
confrontar, en otras listas hay gente que por trabajo y lucha nos hubiera
encantado tener en nuestra lista, pero venimos a dar un toque de atención, a
ilusionar y a dar coherencia a esta organización, sin la cual, creemos
imposible que se realice un cambio real en este país, en este estado, en este
mundo.
Nuestro camino
empieza ahora en estas primarias, pero continuaremos buscando la manera de
cambiar nuestros estatutos y nuestra organización para que todos y todas los
que la integran vean nuestras demandas de una manera tan natural como lo vemos
nosotros y nosotras.
Yo, personalmente,
no estoy en este lista para ser elegido como candidato, integro esta lista con
la alegría de querer cambiar este mundo, dotando a EUPV de la coherencia que
necesitamos para que esta sociedad comience a empoderarse, donde todos los que
integramos IU-EUPV seamos válidos, nuestra opinión sea tenida en cuenta y que
con esta organización, que es uno de los medios que tenemos para cambiar el
mundo, consigamos la hegemonía necesaria para cambiar esta sociedad, con las
personas que luchamos cada día, con las organizaciones que quieren que este
régimen corrupto caiga y con la ilusión de que logremos tener un planeta más
igualitario, más ecológico y más humano para poder desarrollarnos todos y todas
los que lo habitamos de una manera libre y en paz.
Un
domingo de campaña electoral de hace algo más de tres años comenzó el
renacimiento de las movilizaciones, que llevaban dormitadas desde hacía
demasiado, aquel 15 de mayo la sociedad despertó lentamente, para exigir una
democracia real, unos servicios públicos de calidad y pusieron en liza el
descredito de un sistema que asfixia a la mayoría, dando toneladas de oxígeno a
las oligarquías del régimen.
El
despertar de la sociedad fue lento, era demasiado bonito el sueño que habían
vivido ¡Estábamos en la “Champions League” de la economía! Y mientras, la
mayoría de la población continuaba bostezando, esperezándose y cerrando un poco
los ojos, ante la brillante luz del sol que les cegaba y a la que, poco a poco,
se iban acostumbrando. Se comenzó a olvidar el individualismo, los libros de
autoayuda y el yo, empezaron a aparecer las soluciones comunes para los
problemas; se crearon las Plataformas de Afectados de la Hipoteca, las de la
sanidad y educación pública, Discapacidad en Marcha, asociaciones de exiliados
económicos, parados, iai@flautas, los mineros nos mostraron como se luchaba y
así, pasito a pasito, aprendimos de aquellos días en los que tomamos las plazas
de nuestros municipios y las asambleas mostraban que todos podíamos tener voz y
voto en una sociedad en la que se nos machaca, por todos los medios, con la inevitabilidad
de la situación, disfrazando de obligación lo que supone una política económica
impuesta desde Wall Street, Bruselas y Berlín.
El 15M
nos susurró, nos propuso, nos incitó a participar más en política y hay quien
no quiso escucharlo, hay quien dijo: “¡Que hagan un partido y se presenten a
las elecciones!” No entendieron nada… Ese aire fresco que trajo a la democracia
aquellas semanas de mayo ha estado presente en los pulmones de todas las
personas que participaron en las dos últimas huelgas generales, en el 25S, 23F,
en la primavera valenciana, en cada desahucio parado, en cada programa
electoral de muchos partidos de izquierda nuevos y en los que exigían lo mismo
que ellos desde hace mucho y no se les escuchaba. Y así sumamos, entendimos que
una gran marcha empieza con un pequeño paso y nos citamos en Madrid un 22 de
marzo exigiendo algo tan lógico como es la dignidad…
Hace ya
más de dos meses que me calcé mis botas para empezar a caminar por esa dignidad
perdida; estaba como nervioso, inquieto, pensativo. Me planteé de qué serviría
ese camino, a donde me llevarían mis pasos.
Encendí
un cigarrillo y mis pernas comenzaron la ruta hacia Madrid, con tranquilidad,
hablaba con los de mi alrededor, reía, soñaba y, de momento, me veía mirar hacia el suelo,
un pie adelantaba al otro, debajo de mí pasaba el asfalto o la tierra, sin
prestar atención despedía a cada palmo de terreno y pensaba en el porqué de
este caminar.
Andando
de una ciudad a otra te das cuenta del ritmo de la naturaleza, de como un
kilómetro se tarda en recorrer algo más de quince minutos y como los paisajes,
por secos, monótonos o urbanos que sean, son bellos. Ver una ciudad a lo lejos,
con su atalaya en lo alto, no significa que ya estés allí, si no que la lluvia,
el sol, el viento o el frío pueden hacer
que lo que ves cerca se aleje y, sin embargo, una buena conversación, unas
personas que te animan o unos pitidos por la carretera acompañados de un puño
en alto por la ventanilla de un coche anónimo, te dan alas, ruedas y hacen del camino
un esfuerzo feliz que merece la pena.
Un día
me preguntaron por qué hacía la marcha y pensé en las veces que he sentido mi
dignidad pisoteada: Pensé en cómo mi último trabajo casi acababa conmigo,
física y psicológicamente, con un sueldo y una vida de subsistencia durante
seis años. En cuando me fui con Soraya a Argentina a buscarme la vida y en como
algo se nos desgarró por dentro al separarnos de nuestros seres queridos. En la
vuelta a casa de mi padre, con esperanzas vacías, sueños ahogados en realidad y
recuerdos infinitos. En las mañanas llevando nuestro curriculum a cualquier
empresa, sin ganas de ser explotados y sin ver ninguna posibilidad de que así
sea, vendiendo nuestro tiempo sin que nadie lo quiera comprar. En como el paro
te hace pensar y desesperar… En ocasiones uno se siente hosco, lúgubre, huraño,
y ya no eres tan flexible con las bromas, te sientes rabioso cuando alguien te
recuerda que no tienes mucho que hacer, cuando te recuerdan que no tienes tu
lugar, al ver todas tus cosas repartidas en cajas y maletas. Sientes como tu
orgullo se vacía y te tienes que callar ante todos, porque empiezas a sentirte
más pequeño, más débil, más frágil.
Pero,
en realidad, no lo hacía por mí, yo no me puedo quejar comparado con las
personas que llevan sin trabajar años, que han perdido su casa, su vida, su
salud y sus esperanzas. Por los que se han tenido que exiliar de sus hogares
instalándose en otro país para poder trabajar. Caminé porque permitimos que
África se muera de hambre, luego decimos que nos invaden y ponemos muros de
vergüenza en nuestras fronteras, sí, anduve por esas personas que no conocen
una vida digna y no tienen ni lo más básico para vivir. También por los que son
silenciados, como los discapacitados, que con el repago y los recortes en su
sector, les ponen la vida más difícil a personas que se deberían ganar nuestra
admiración. Andaba por nuestro planeta, ya que el capitalismo parte de la
premisa de que todos los recursos son infinitos, la cultura de comprar, usar y
tirar hace que vayamos acabando con muchísimas especies animales y vegetales,
que los bosques desaparezcan, que los animales no encuentren sus hábitats, que
los polos se derritan, que la tierra no se trabaje si no da beneficios, que los
mares sean un estercolero de un primer mundo que hace sufrir al resto, de un
modo de vida que golpea en los cinco continentes, golpea a tu vecino, a tu
salud, a la de los seres que nos rodean, con la vana esperanza de que este
sistema nos de nuestra oportunidad para estar en la cima, cuando las cartas
están marcadas y nos llenan de sueños e historias en los que la gente consigue
ser rico y pensamos “¡A mí me podría pasar!” y entonces ya nos ha enganchado el
sistema con sus películas, su fútbol, su publicidad y, con el poco dinero que
la gente tiene, apunta a su hijo a jugar al tenis, llora cuando pierde su
equipo o cuando en el cine gana el bueno, sin lograr empatizar con la persona
que muere de hambre en África, es explotada en Asia o recoge comida de un
contenedor debajo de su casa.
Por todo
seguí mis pasos, empezando a mover mis pies en Aspe, saliendo de la población
de una manera cálida y amable, luego nos hicieron rodear Novelda, porque su
alcaldesa cree que es su cortijo y puede permitir pasar o no a quien quiera.
Llegamos a Elda, a mi ciudad, recuerdo ver a mis compañeros de IU, de darles un
abrazo y sentir que los pelos se me ponían de gallina al verlos aplaudiéndonos.
Leer el manifiesto del 22M en mi ciudad me dio mucha alegría, eran pocos los
que escuchaban, tuve que levantar la voz
para que se me escuchara entre los coches y chascarrillos, pero conseguirnos
hacernos ver y hacer pensar a la gente. Pasamos por Sax, donde fueron muy
acogedores y nos llenaron de energía. El camino a Villena fue más duro por las
inclemencias del tiempo, una fina capa de lluvia nos envolvía y el frio
penetraba hasta los huesos. Luego el caciquil alcalde de Caudete mostró lo que
era para poder echarse unas risas en el bar y sentirse más varonil. El camino
continuó por la meseta castellana, esa estepa manchega de temperaturas
extremas, Almansa, Chinchilla, Albacete, La Roda…
Nos
unimos en Tarancón toda la “columna del Mediterráneo”, murcianos, alicantinos,
valencianos, castellonenses, conquenses y albaceteños. Reforzamos posiciones,
sentimos más fuerza, más razones, más opiniones. Diferentes formas de hacer las
cosas, diferentes maneras de luchar contra este sistema, sumando, creyendo,
opinando, en resumen engrandeciéndonos. Al día siguiente llegamos a Fuentidueña
del Tajo, un pueblo pequeño que nos ofreció todo, y a la jornada siguiente una
de las etapas más duras, con un calor incesante, unos caminos rurales que
parecía que no nos llevaban a ninguna parte. Pasamos por Villarejo, bajo la
atenta mirada de su bonito castillo que a tanta gente habrá visto pasar, la
llegada a Perales de Tajuña fue dura, con algunos problemas de comunicación.
Aunque llegamos e hicimos una asamblea, más o menos tensa, en el que las
opiniones se veían salpicadas con el veneno del cansancio, finalmente,
comprendimos porque estábamos allí, cuál era el motivo de nuestro esfuerzo y
nuestras pequeñas diferencias no podían hacernos frenar en nuestras ganas de
acabar con este régimen que nos quita casi todo.
Una de
las etapas más emocionantes y bonitas se dio el día 21, el día antes de llegar
a Madrid, se observaba que todos veíamos la meta más cerca, empezábamos a tener
más seguimiento por parte de los medios y así llegamos a Arganda del Rey, con
algún escrache que se complicó en oficinas bancarias ante el cordón policial
por el que íbamos rodeado. En esta ciudad madrileña se nos informó de los
estragos del caso “Gürtel” en su municipio y nos insuflaron energías en una
arenga desde la plaza de la Constitución, donde pudimos ver con vergüenza un
monolito en honor a los caídos por el bando fascista (con símbolos falangistas)
en la iglesia. Nuestra indignación acabó cuando llegamos al puente de Arganda y
el orgullo se abrió paso en nuestros corazones, muchos ojos se vidriaron de
emoción y el bello se puso de punta, mientras, nos relataron la importancia de
ese puente en la Batalla del Jarama, como resistieron, en una colina cercana,
miembros de las Brigadas Internacionales hasta la muerte, para conservar ese
puente que unía la capital del estado con Valencia en la Guerra Civil. Muchas
personas se nos fueron uniendo a lo largo del día, unos sindicalistas
franceses, gente anónima de las poblaciones por las que pasamos y toda esa gran
columna caminó unida y cansada hasta Rivas-Vaciamadrid, donde compartimos pasos
con aún más gente. Nunca olvidaré como una mujer lloraba de emoción y alegría
mientras entrabamos y nos fundimos en un abrazo. Qué puedo decir de lo que
sentí mientras andábamos por las calles de Rivas, viendo los nombres que
portaban (Alberti, José Hierro, Miguel Hernández,…), de la mano de Soraya, con
Juanjo y Susana a mi lado, hablando y riendo con todos los que se nos
acercaban. Se hicieron largos esos kilómetros por esas grandes avenidas, pero
al llegar a la calle del ayuntamiento y ver como toda una ciudad nos recibía,
como hablaron nuestros amigos y compañeros hablar desde el micrófono y sentir
que el mayor placer era quitarse las zapatillas un ratito. Cenamos cantando,
con la fuerza que da ver que cada vez somos más, que estamos sacudiendo este
país, o por lo menos sus conciencias y las carcajadas y gritos corrían de mesa
en mesa esperando el ansiado día 22.
Nos
despertamos en una fría y húmeda mañana, la ilusión por llegar se veía
reflejada en todos los rostros, vimos como los autobuses abarrotaban la ciudad
y muchos de nuestros compañeros y amigos engrosaban las filas de la columna
para llegar a Madrid. El paso era lento, pero la esperanza de lo que estábamos
moviendo nos empujaba, los tobillos, bambollas, agujetas y demás dolores, no se
apreciaban con la misma intensidad. Nos sentíamos gotas en un río que avanzaba
imparable y del que formábamos parte. Llegar a la villa de Vallecas, con muchos
más amigos esperándonos, la aprovechamos para sentarnos, fumarnos un
cigarrillo, tomar un zumo y comer algo de fruta, mientras nos daban la
bienvenida por todo lo alto, uniéndose más y más gente para hacernos lo que
quedaba de camino más ameno, menos cansado. Dejamos atrás las aburridas
autopistas y las carreteras y nos adentramos por las calles de Madrid, poco a
poco, se notaba como nos acercábamos al barrio de Vallecas, como la gente nos
animaba por los balcones, como desde las ventanas colgaban banderas tricolor.
Nunca
olvidaré esa calle infectada de gente, aplaudiéndonos a cada paso, como
ondeaban las banderas; rojas, amarillas, moradas, verdes, blancas… Todas con
diferentes siglas, con diferentes reivindicaciones. Al final de una calle
escuchábamos un megáfono lanzando eslóganes, nosotros gritábamos, como al
llegar a cualquier pueblo: “De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue
¡Cueste lo que cueste!”. Y de repente la calle se abrió, la gente nos abrazaba,
a penas podíamos andar de dos en dos, mi mano recogió la de Soraya, nuestros
ojos se cristalizaron y las lágrimas nos recorrían las mejillas. El pueblo
había tomado la calle, estábamos en la Plaza Roja de Vallekas, yo solo pude
abrazar Soraya, sin poder articular palabra ante tal recibimiento. Todos
sonreíamos, todos llorábamos, todos buscábamos a los que habían caminado a
nuestro lado tantos kilómetros, quizá no los encontramos, pero recordamos a
todos los que nos dieron fuerza para andar y para llegar. Hicimos el último
alto en el camino, éramos mucha gente. No olvidaré esa sensación victoriosa,
ese instante en el que creímos en nosotros y en nuestra lucha.
Sin
tiempo para demasiadas cosas, comimos y enseguida, la inmensa columna, contaba
sus últimos pasos hacia el centro de Madrid. Susana, Soraya, Juanjo y yo
estuvimos cerca, vimos a los compañeros de Elda y Petrer, y continuamos por esa
inmensa avenida, en la que al mirar hacia atrás no podía ver el final de la
columna. Más motivados que nunca, llegamos hasta la estación de Atocha, a nuestra
derecha estaba el ministerio de Agricultura y Pesca, no nos podíamos creer la
de gente que había en aquel lugar; por la ronda de Atocha, hacia la izquierda
de donde llegamos, vimos a las gigantescas columnas que procedían de Andalucía
y Extremadura, el paseo del Prado parecía un hormiguero de gente. Nosotros
estábamos sobrecogidos y conmovidos ante la sensacional convocatoria que se
había realizado, nuestra traca dio buena cuenta de que habíamos llegado y nos
aplaudimos todos, coreamos cánticos y gritos, con la sensación de que esta
marea era una sola pieza unida, potente e invencible.
Pronto
nos introdujimos en la manifestación; habían gallegos, catalanes, asturianos,
cántabros, vascos, aragoneses, riojanos, castellanos, navarros, leoneses,
extremeños, andaluces, madrileños y canarios. Con nosotros los que faltaban;
valencianos, murcianos, alicantinos y manchegos. Por la calle Atocha vimos como
la CGT y CNT se integraban a la enorme masa de gente que había salido a la
calle. Prácticamente no se avanzaba, íbamos muy lentos, cuando nos movíamos el
paso era cansino y enseguida volvíamos a parar, los kilómetros que llevábamos
en las piernas se empezaban a notar, pero este día, ha sido el momento de mi
vida que más gente he visto reunida, eso nunca lo olvidaré y siempre agradeceré
a cada una de esas personas que tuvieron la valentía y la fuerza de salir a la
calle a pesar del silencio mediático y la criminalización a la que nos veíamos
sometidos.
Al cabo
de un rato, Juanjo, Soraya, Susi y yo, decidimos dejar de ir detrás de la
pancarta y caminamos con algo más de prisa hacia la plaza Colón donde
finalizaba la manifestación e intervenían muchas de las personas que habían
organizado este 22M. Ese recorrido, andando un poco más rápido, me dejó
completamente alucinado de toda la gente que se había congregado; en el paseo
del Prado no cabía un alfiler y al pasar por Cibeles, vimos como la Gran Vía
estaba llena de gente de IU y el PCE. El paseo de la Castellana y el de Recoletos
estaban hasta más repletos y al llegar a Colón intentamos escuchar lo que allí
se decía. Toda la gente tenía una sonrisa para regalarnos y parecía que en ese
día nada podía ir mal. Oímos a Dani, un chaval que vino desde Murcia con
nosotros y consiguió arrancar aplausos y vítores delos que allí se agolpaban.
Estábamos tan felices…
La noche
lo oscureció todo, mientras nos despedimos de Juanjo y Susi, que se iban ese
mismo día, empezamos a ver como la “lecheras” comenzaban a subir hacia la plaza
Colon. Las luces azules de policía iluminaban las calles y nosotros seguíamos caminando
hacia la Puerta de Alcalá a por nuestras mochilas, al final se había descartado
la acampada ya que en el paseo de Recoletos ya habían desalojado a todo el que
había puesto una tienda de campaña. Soraya y yo nos sentamos en un banco en la
Puerta de Alcalá, esperando nuestras mochilas, empezábamos a oír que la policía
había cargado, que aún no había terminado la manifestación, aún había niños y
ancianos gritando y caminando por sus derechos, por su dignidad. Nos
tranquilizamos al ver que los problemas estaban por Colon, Recoletos y
Castellana, por esa zona del Retiro solo había gente cansada y personas
subiendo o esperando su autobús de vuelta. De repente, una marea de gente sube
corriendo de Cibeles, los antidisturbios dando palos detrás de esos
manifestantes, Soraya y yo nos pusimos a cubierto lo más rápido que pudimos,
vimos como dos chavales entraron en un restaurante en la misma plaza de la
Puerta de Alcalá, los policías fueron hacia allí, cuando el cocinero salió a explicarles
que aquello era una propiedad privada y no podían pasar, los antidisturbios le
respondieron pegándole dos porrazos, en ese momento el miedo se palpó en la
plaza, sin periodistas, ni cámaras, cansados, con ganas de que esto finalizase
y los agentes policiales no parecía que fueran a razonar. La policía estuvo un
buen rato custodiando la puerta del restaurante, seguía habiendo tensión;
furgonetas y motos de policía de aquí para allá, de vez en cuando los bomberos
y muchas veces las ambulancias. Por fin, nos dijeron que nuestras mochilas
estaban en Vallecas y que dormiríamos allí, ya podíamos ir dando por finalizada
la noche, aunque la tensión no paró, las noticias de compañeros que habían
sufrido algún daño eran continuas y sin confirmar.
A la
mañana siguiente, fuimos a la Plaza donde está el Reina Sofía, había una
asamblea. Para entrar te registraban por todas partes, solo habían tres
entradas, y la asamblea transcurrió sin incidentes, aunque en un momento los
antidisturbios nos rodearon, completamente equipados para cargar, esto creó
nerviosismo en los que allí estábamos, pero nadie cayó en las provocaciones y
pudimos continuar con la asamblea, desde la que se exigía responsabilidades por
lo ocurrido el día anterior y que se liberarán a los detenidos.
Terminamos
con las marchas más agotados si cabe, por ese final que nadie quería y que solo
nos perjudicaba. La maniobra fue muy buena para desprestigiarnos, pero no les
iba a servir. Las Marchas por la dignidad no estaban convocadas ni por el PP ni
por el PSOE, los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, tampoco se unieron
oficialmente. Y aun así, habíamos conseguido concentrar en Madrid a alrededor 1.500.000
personas, durante semanas pasábamos pueblo a pueblo, ciudad a ciudad y les hablábamos
de sus problemas, de los nuestros, les explicábamos que pretendíamos y mucha
gente empatizó con nosotros y, por lo tanto, con las capas más desfavorecidas
de la sociedad. Durante estas marchas, militantes de muchos partidos y
sindicatos, hablábamos como amigos, sin importar las siglas que defendiéramos antes,
éramos clase trabajadora, proletariado y gritábamos juntos, discutíamos, luchábamos,
andábamos unidos y reíamos… Creo que esto causó pánico a un régimen al que cada
día se le abren más las grietas, por ello, a las 20:30 del sábado 22 de marzo se
hizo que cargara la policía contra los manifestantes, cuando la manifestación
era legal hasta las 21:30, aprovecharon que les lanzaron cosas a través del
muro de vallas que habían creado en la calle Génova o que estaban rompiendo un
cartel, de esa manera cargaron cuando en Colón aun habían intervenciones y
sonaba música, cuando ancianos, niños y familias todavía andaban por esas
calles que pronto se convirtieron en campos de batalla. De esta manera, en el
informativo televisivo de las 20:30 o 21:00 apareceríamos como unos violentos,
peligrosos, que solo sabemos destruir ciudades y tirar piedras a la policía,
como ya sabemos el 70% de la población se informa a través de la TV. Así que
estuvieron durante una semana o dos enseñando como los pobres antidisturbios
eran atacados, quedándose en la anécdota, ante el hecho tan maravilloso que en
Madrid se dio, cuando llegamos allí para pedir algo tan sencillo como “Pan,
Trabajo, Techo y Dignidad”.
Pero al
igual que no pudieron con el 15M, no pudieron criminalizar a los que allí estábamos,
muchas personas entendieron que aquello estaba orquestado desde altas
instancias del régimen y, a los que participamos, nos dieron más razones para
acabar con este sistema injusto. Y así seguimos manifestándonos, y pasó lo nunca visto, el bipartdismo bajó del
50% de votos en las europeas, y otra vez nos quieren desunir, y nos tiran a unos
contra otros, pero yo caminé al lado de personas de PACMA, IA, CGT, PCE-ML,
REPUBLICANOS, CNT o EQUO y aun perteneciendo
yo a IU y al PCE, sentí que podíamos disentir en muchas cosas, incluso con
gente de mi partido, pero que estábamos de acuerdo en lo imprescindible, en hacer
que este régimen caiga y debatamos sobre una nueva constitución que aporte más
derechos a la ciudadanía. En el momento que el ciudadano Juan Carlos de Borbón
abdicó a favor de su hijo y las plazas de todo este país se llenaron para poder
decidir, para poder elegir. Y es que la clave tiene que estar en la
participación, en la democratización radical del sistema, que la gente pueda
tener una información crítica y que el hecho de elegir, le sirva para pensar,
creer y crecer.
Ayer
rodeamos los parlamentos, ahora es el momento de llenarlos con los nuestros,
con los que no tienen miedo a discutir, a preguntar, a votar o a que el interés
general prime sobre el individual. Para ello tenemos que convencer y nosotros
convencernos de lo que pedimos y actuar en consecuencia, no tenemos que hacer
campañas de marketing, tenemos que asimilar los problemas que existen y
encontrarles solución, soluciones globales.
Los
kilómetros no pueden separar los sentimientos, los gestos de grandeza. Ayer
asomándome a la ventana que supone la pantalla de mi ordenador, desde
Argentina, volví a sentir el orgullo de unos trabajadores que se implican, como
dijo Gabriel Celaya: “Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta
mancharse”. Y es que estos trabajadores tienen mucho de poetas, algo de
guerreros y rebosan humanidad por todas partes.
Marchan
manchándose, alzando la voz por los que no se les escucha, siendo el altavoz de
este colectivo pequeño que no mueve a grandes cantidades de gente, pero que
muestra hasta donde son capaces de llegar las políticas de recortes y
austeridad. Pretenden encerrar a los discapacitados en los centros, recortando
en su calidad de vida, minimizando sus excursiones, encarcelados sin haber
cometido ningún delito.
Muchos
trabajadores han salido a recorrer casi 200 km caminando, desde Almoradí hasta
Valencia, pidiendo simplemente respeto y dignidad ¡Que fácil parece! Respeto
para personas que no se valen por sí mismas, dignidad para estos chicos que
quieren aprender un trabajo, que quieren mejorar, por aquellos que no se valen
por sí mismos y, en muchas ocasiones, no tienen ni familia. Pero en el País Valencià hace ya años que no se
tiene respeto por ningún servicio social, que no reportan dignidad para
aquellos que lo tienen más difícil, que se tienen que esforzar el doble y que
deberían despertar entre la sociedad la admiración a todas las personas
discapacitadas que luchan por vivir, como cualquier otro.
Los quijotescos trabajadores de estos centros, no confunden molinos con
gigantes, y saben perfectamente hacia donde se dirigen y con qué objetivo. No
dejan de trabajar, siempre con la misma profesionalidad y ternura, a pesar de
la falta de material o de las nóminas impagadas; sus “chavales” les dan más
fuerza y, por ello, cada paso que avanzan, cada vez que sus desgastadas suelas
chocan contra el suelo, se convierte en un atronador sonido que temen desde los
despachos de la Generalitat.
Estos
trabajadores caminan por la discapacidad, caminan por una de las razones más
justas que puede haber, que es la defensa de los más desprotegidos. Su marcha
no tendrá el apoyo de mucha gente, en muchas ocasiones, ni de su patronal, pero
con cada paso que se acercan a la capital del Turia, se acercan también a nuestros
corazones como un grito de rebeldía frente a las injusticias.
Sentado
ante un café, mientras una calada inunda mis pulmones, me pongo a pensar en
cómo he llegado hasta aquí. Pienso en los pasos que he dado, esas zancadas
torpes, rápidas, pensativas, que me han acercado hasta Bahía Blanca, en
Argentina.
Todo
empezó en Valencia; una matrícula universitaria cada vez más difícil de pagar,
una huelga general de la que salgo señalado como peligroso en el trabajo, una
desesperanza creciente sobre mi futuro como historiador y una sociedad a la que
le cuesta despertar de su propio sueño.
Cada
día un empujoncito más hacia precariedad, hacia la incógnita. Con un sueldo de
subsistencia en el que todo parece un lujo, en un trabajo que me roba casi todo
el tiempo. El “Plan Bolonia” no quiere gente que se pague los estudios desde
los dieciocho años y sigo estudiando a distancia. No puedo luchar como quisiera
por nuestros derechos, ya que no dispongo de horas, minutos o segundos. Los
días pasan, los meses pasan y los años pasan…
Finalmente,
respiro, analizo y actúo con el tiempo que me “regala” el paro. Mi compañera me
propone cambiar de vida, marchar a Argentina ¡La oportunidad está ahí!
Ahorramos y soñamos con los ojos abiertos, pero conocemos la contrapartida: Les
tendremos que decir adiós a nuestros amigos y familiares, a la gente que
queremos la dejaremos atrás por mejorar nuestra existencia.
El frío
agosto argentino se llevó mucho del calor que la gente nos había dado, de vez
en cuando, las lágrimas brotaban de nuestros ojos al echar la vista atrás. Pero,
poco a poco, nos dimos cuenta de lo bien que sienta respirar con gran fuerza,
sentir el frío, implacable, llenándonos, haciéndonos sentir más vivos girando,
riendo, pensando…
Ante
nosotros se mostró Bahía Blanca; con sus calles perfectamente alineadas, con
viviendas, mayoritariamente, de planta baja dejando penetrar el sol hasta las
ventanas, llenando de luz las habitaciones. La zona noble de la ciudad está
alrededor de su plaza principal, con edificios de clara inspiración francesa,
que sería preciosa, si no hubieran cometido el error de construir, también,
gigantescos monstruos de hormigón en los últimos 50 años.
Entonces,
la esperanza de que todo nos pudiera ir mejor nos ayudó a caminar. Yo voy
consiguiendo que muchos de mis proyectos salgan adelante, dándome tiempo a
hacer un voluntariado en un barrio pobre. Mi amor, logra trabajar en un
laboratorio, algo casi utópico en España.
Y,
finalmente, doy el último sorbo al café y apago el cigarrillo, continúo así mi
camino, fuera de mi ciudad, lejos de mis amigos, a miles de kilómetros de mi
familia. Pero sigo caminando, empatizo con esos republicanos que poblaron estas
tierras antes que yo, antes que nosotros. Sigo luchando, para que esto no lo
tenga que vivir ninguna persona más en el mundo, sea de donde sea. El
capitalismo nos puede separar de nuestros hogares y gentes, pero nunca nos
podrá alejar de nuestros pensamientos.
La vida
te va llevando por caminos que no podías imaginar unos meses atrás. Probando
una vez más mis fuerzas contra gigantes, sin tener una honda a la que
agarrarme, desgastando mis desnudas manos y la inocencia que podía quedar en mi
mente, me embarqué hacia Argentina. Esto me ha llevado a conocer otros
pensamientos, otros paisajes, otra forma de ver la vida; he visto como la
naturaleza vencía al hombre de una manera bella, imponente, cambiante. Pero,
descubriendo esto, también me topé con la realidad oculta de nuestra
civilización.
Hace
unos días fui, por primera vez, a un barrio periférico de la ciudad, una de las
llamadas “villas”, que no es otra cosa que una zona oprimida de la ciudad de
Bahía Blanca. La asociación “Envion-Stella Maris” nos invitó para que
ofreciéramos una visión diferente, extranjera, a los niños que allí se acercan.
Para llegar, bastaba con coger un autobús de línea y sentías que te acercabas
cuando desaparecía el asfalto de las calles. Por la ventana empezabas a divisar
las precarias construcciones y en una colina, llena de desperdicios, nos
observaba un caballo con indiferencia mientras pastaba.
Pisamos
las calles embarradas con nerviosismo y curiosidad, caminamos hasta el local de
la asociación, la construcción más nueva que allí se levantaba. Sus muros
estaban pintados de esperanza; escenas de niños jugando bajo un gran arcoíris y
con un sol de enorme sonrisa observándolos.
La
timidez de los chicos se mezclaba con el descaro y, mientras un mate pasaba de
mano en mano y de boca en boca, comenzamos a hablar con estos chavales de entre
12 y 21 años que se acercan a este refugio, por voluntad propia, en busca de
comprensión, de salir de las calles. Cinco chicas, de 14 a 16 años, estaban embarazadas;
mientras una explicaba que quería hacerse una casa con su novio, otra relataba
que el padre del niño que iba tener no se quería hacer cargo. Ellas no fallaban
al taller de salud que se impartía, al igual que toxicómanos que intentaban
dejarse la droga.
El
objetivo es que sigan escolarizados y si no es así, que vuelvan. Además, tienen
talleres de teatro, baile, percusión o cine. Nos contaban que hacía poco había
ido un abogado a explicarles sus derechos; ya que solo por ser de donde son, la
policía los apresa, por esa marca que la sociedad les graba de sospechosos, por
no haber nacido en la cara bonita del capitalismo y salir de esa trastienda, ese
gueto, donde esta sociedad los esconde. Es un trabajo lento y costoso, pero parece
que la lucha avanza con la voluntad de los que allí residen, de los que les
ayudan a salir de la garras de este sistema injusto.
Nací
hace treintaiún años en Elda, Alicante. Una pequeña ciudad en la que se
empezaban a ver los rasgos de la crisis industrial que acabaría con su
economía. En el estado español gobernaba UCD con Calvo-Sotelo a la cabeza;
después del golpe de estado que frenó los intentos de una verdadera democracia
en mí país, en unos meses Felipe González y el PSOE lograrían la mayor victoria
electoral hasta la fecha y, con ella, la decepción más grande de la historia de
la izquierda española. Ronald Reagan y Margaret Thatcher llevaban ya unos años,
en sus respectivos gobiernos, aplicando medidas neoliberales para el planeta,
ya fuera por medio de leyes o por la fuerza. La URSS se encontraba en plena
debacle, sin saber hacia dónde tirar y perdiendo, cada vez más, la batalla
publicitaria y mediática a la que se veía sometida por occidente.
Recuerdo
la política con naturalidad, cuando era pequeño escuchaba conversaciones que
apenas entendía. Sabía que a mi padre le gustaba Felipe González y Alfonso
Guerra y podía entender que el PSOE era de izquierdas. Un día, caminando a la
salida del colegio, con mi amigo Carlos Salido, recuerdo que él me preguntó si conocía la diferencia entre izquierda y derecha y yo le contesté muy rápido:
“¡Claro! La izquierda son los pobres y la derecha son los ricos”. A lo que me
contestó algo que nunca he dejado de recordar y que no sabía hasta qué punto
tenía razón: “Pues yo he visto que Felipe González tiene un Mercedes”. La
simpleza de una conversación de niños me llevó a preguntarme muchas cosas…
Empecé a fijarme que en la televisión cada vez había más manifestaciones; por
la educación, por los astilleros, por los altos hornos, las minas… Uno de los
despedidos en una de esas reconversiones industriales dijo: “¡No luchamos solo
por nuestro trabajo, también lo hacemos por el de nuestros hijos!” Yo me quede
pensando que quería decir eso; “Si iban a quitar un feo astillero e iban a
poner viviendas frente al mar con un parque y todo”, las consecuencias se
empezaron a ver con el tiempo, con el aumento del paro, con la
desindustrialización de la mayoría de lugares y con las bolsas de pobreza que
ello creó. Solo con el tiempo me di cuenta de los eufemismos que utilizaban;
“reconversión industrial” significaba “desindustrialización”, “productividad”
se convirtió en explotación y “flexibilidad laboral” era ser precario y la
creación de las Empresas de Trabajo Temporal, el cáncer de la juventud
trabajadora…
En la
tele las imágenes me desbordaban, y creo que aún sigo sin entenderlas del todo;
el GAL, ETA, FILESA, corrupción, financiación ilegal, guerra sucia, terrorismo…
Veo que la gente está contenta por la caída de un muro que está en Berlín, no
entiendo tanta alegría, solo era un muro: Un día paseando por Alicante, veo un
muro con pintadas y le pregunto a mi padre si es el de Berlín, recuerdo que no
me entendió “¡Como va a ser ese!”, yo, estupefacto le pregunté por qué no
tiraban ese, que también estaba viejo. De momento, una noche, viendo las noticias
con mi padre, le muestro mi sorpresa al no comprender por qué están apareciendo
tantos países nuevos; él me explica que eran pertenecientes a la URSS, me
explica que su bandera es roja con una hoz y un martillo “¿Por qué?” Porque es
el símbolo de los campesinos y de los obreros: Me encantó el dibujo que me hizo
y como me lo contó y cada vez que, con mi imaginación, jugaba a la guerra, los
soviéticos siempre vencían. Al curso siguiente, yo heredaba los libros de
Ciencias Sociales de mis hermanos y con un lápiz tuve que trazar todas las
nuevas fronteras sin comprenderlo del todo;
la URSS ya no existía, ahora era Rusia (Para mí los rusos eran como los
hunos, un pueblo que ya no existía pero que eran muy fieros), pero también veía
que Alemania se unía, que Checoslovaquia se separaba, que Yugoslavia entraba en
guerra porque habían musulmanes, católicos y ortodoxos y que aparecían países
como Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Estonia, Letonia, Lituania y un motón de
naciones que finalizaba su nombre con –istan.
Una
noche, vimos un película sobre la Guerra Española y yo no sabía que bandera era
esa roja, amarilla y morada; mi querido padre me explicó que era la antigua
bandera de España, la de la república, mis hermanos me vieron fruncir el ceño
de incomprensión y al finalizar el film me contaron la historia de mi abuelo
Antonio; que con 18 años se fue de voluntario a defender Madrid del fascismo,
que era afiliado a las Juventudes Socialistas Unificadas del Partido Comunista
y que luchó por la democracia y la libertad lo que le llevó a campos de
concentración “¿Cómo los de los nazis?”, “Sí, como los de los nazis”, y después
a la cárcel y después a hacer la mili. Finalmente, lo mandaron a casa porque
pensaban que se iba a morir por la tuberculosis que padecía y cada semana se
tenía que presentaren el cuartel de la Guardia Civil. Sobrevivió, pero yo no lo
llegué a conocer, aunque a veces discutía con mi familia porque decía que sí lo
conocí, no se todavía por qué.
Mis
hermanos seguían contándome historias,
la canción del puente de los franceses aún me recuerda a mi abuelo Antonio que
estuvo allí y en la ciudad universitaria, cada vez tenía más ilusión por
conocer el pasado. Fui con mis padres a Granada y se sorprendían de verme tan
ilusionado con la Alhambra “Tus hermanos a la media hora ya estaban cansados”
me dijo mi madre. Recuerdo con que ilusión decía que quería ser profesor de
historia…
Los
años pasaban y golpeaban con extrema
dureza a mi familia. Mis hermanos y yo veíamos los Guiñoles y me hacía mucha
gracia ver unos que iban de Don Quijote y Sancho Panza, ese libro lo conocía
bien ya que teníamos un comic de seis volúmenes sobre él, uno era un soñador y
el-la otr@ muy realista, eran Julio Anguita y Cristina Almeida, me encantaban.
Al tiempo mi hermana me contó que iba a votar a Julio Anguita y me pareció una
gran idea. De hecho, una vez, en casa de una tía mía, que era muy beata ella,
hablábamos sobre política, yo no tendría más de doce años y le dije que no me
gustaban ni González ni Aznar y ella me replicó “Sí, pero ¿a quién votarías?”
como si no hubiera elección, yo le dije que a mí el que más me gustaba como
hablaba y lo que decía era Anguita, todavía recuerdo su cara de susto y
replicarme “Ya, pero es que ese…” y no terminó la frase, supongo que quería
decir que era comunista, pero no la terminó porque no lo iba a entender como
una razón.
Poco a
poco, empecé a leer libros de mis hermanos de historia y a comprender cosas,
hasta ese momento yo pensaba que los cargos eran casi vitalicios, relacionaba a
España con Felipe González, a Francia con Mitterrand, Inglaterra con Thatcher ,
EEUU con Reagan y Alemania Kohl. Mi profesor de “Sociales” explicó que el
comunismo ya no existía “Bueno… en cuba, pero no le queda mucho” dijo; nos explicó
que era una forma de gobierno que quería la igualdad entre todos y acabar con
la pobreza ¡Lo dijo como algo negativo! Me hizo pensar en que se parecía mucho
a lo que escuchaba en la iglesia, aunque el cura luego no estuvo de acuerdo…
¡Es tan difícil comprender a la gente mayor de pequeño! Mis profesores estaban
completamente desmotivados, nos chillaban a todas horas, de vez en cuando un
cachete o un tirón de orejas y apenas llegaban a los cuarenta años. Solo me
gustaba mi profesor de “Naturales” del último curso de primaria, logró que
llevara siempre lo deberes hechos solo con una frase; ”Tengo mucha esperanza en
ti, espero que no me decepciones”, con eso logró que me encantara su clase, que
estuviera siempre atento, que me apasionara la naturaleza; tenía esperanza en
mí.
En
casa, mi hermano Juanjo comenzó a traer a casa grupos de música que hablaban de
desigualdades, de acabar con el capital, de libertad, de amor, de anarquía, de
república… Pablo y yo escuchábamos esas letras llenas de esperanza y nos interesáramos
más por saber de qué hablaban. En mi familia estaba arraigada la costumbre de
leer y eso nos llevó a buscar libros que ampliaran nuestros conocimientos sobre
muchos temas, a buscar documentales y películas y a interesarnos y discutir
sobre política e historia, algo que ha sido una constante hasta ahora.
Al llegar
al instituto todos sabemos la "pavería" que llevamos encima, yo que siempre he
hecho natación y la mayoría de amigos que tengo pertenecen a ese mundillo,
intenté compaginar salir con ellos y continuar con mi lucha, con la lucha, con
la de mi abuelo, con la de mi vida… Me di cuenta que no tenían por qué elegir y
continué con mi pensamiento; mientras los estudios no me iban demasiado bien.
Fui perdiéndome en el camino, ahora lo veo con lástima, pero en 1º de
Bachillerato tuve la suerte de tener una clase de personas implicadas, que les
gustaba leer, escribir, la historia, la política, la filosofía… Hubieron
profesores que volvieron a confiar en mí, que me traspasaron su amor por
ciertas cosas; Paco con la historia, la política y los movimientos obreros, Joaquín
con la literatura y la cultura y Lupe por la poesía. Ellos hicieron mucho por
mí aunque no lo supieran y muchas de esas compañeras que tenía en la clase y
con las cuales nos tomábamos cafés hablando en secreto de formar un partido
político (Tenía hasta nombre, el PRUM: Partido Republicano de Unificación
Marxista) y hablábamos de la república con miedo, en susurros que nadie podía
escuchar, con un miedo impuesto por la sociedad amnésica que ahora no es
posible comprender. Llegué a ser delegado de los delegados de clase, algo que
se creó para intentar acabar con la Ley educativa del gobierno de Aznar. En
esos meses entré en la Plataforma Otro Mundo es Posible, al lado de Paco, mi
profesor y amigo que me enseñó a hablar, a pensar y a creer que el nombre de la
asociación era un objetivo y no una quimera.
En esos
años las manifestaciones iban y venían. Intentamos que no tiraran de unos cines
abandonados a unos okupas que querían hacer de él un centro social, pero no lo
logramos. Me fui a Muxia con Pablo, como voluntario para recoger el “chapapote”
que el Prestige había dejado en las costas de Galicia. Salimos a la calle por
la educación pública y de calidad, por los precios de los autobuses, por
Palestina, por Serbia, por el Sahara… Iba a ruedas de prensa con Paco para
explicar nuestro pensamiento solidario, leía las resoluciones de la plataforma
cuando hacíamos alguna concentración explicativa. Pero el momento más ardiente
de esa época fue cuando a principios del 2003 el gobierno de Aznar y EEUU empezaron
a planear la invasión de Irak, un viento esperanzador comenzó a soplar y el
pueblo se unió ante esta injusticia; reuniones, concentraciones en sedes del
PP, charlas, lecturas y una gran manifestación que nunca olvidaré en Alicante,
la más grande en la historia de esta ciudad, con un recorrido lleno de
principio a fin. En un par de semanas Irak fue atacada y me sentí inútil, pensé
que los esfuerzos no habían servido para nada, que todo se había ido al traste
y estaba frustrado; creía que todas las personas que por fin habían salido a la
calle no lo harían más ya que no tuvo resultado. Me sentía defraudado con los
sindicatos y los partidos políticos, me dio la sensación que solo les importaba
la imagen, lo que podría pensar la gente si hacían o decían cualquier cosa, me
sentí como creo que hace poco lo hicieron los miembros del 15M, sentía que no
hacían nada, que no me representaban. Así que me dejé la plataforma después de
tantas fatigas, me aparté un poco.
Por esa
época comenzaba la universidad y me llevaba otra buena decepción; lo que yo
pensaba que iba a ser un nido de ideal por eclosionar, una multitud de
pensamientos con los que enriquecerme, el hogar de la cultura… Bueno, pues vi
que la individualización de los individuos era igual o peor que en mi instituto
y, en definitiva, en la sociedad. La mayoría de las personas elegían carrera
por posibilidad de trabajo después, lo importante era aprobar y fuera de ahí
nada les interesaba, salvo noche de juerga y alcohol. No seré tan cínico de
decir que yo no salía, pero también me atrevo a decir que, visto con
perspectiva, yo tenía conversaciones muy interesantes frente a un café con compañeros de clase que me enriquecieron
con su forma de pensar y espero que yo también un poco.
El PSOE
de Zapatero gobernaba con una economía neoliberal y haciendo medidas sociales
como el matrimonio gay, ley de la dependencia y alguna otra que, sin tener nada
de financiación, le dio la fama de ser casi un revolucionario ¡Como estaba el
mundo! Además, en IU estaba Llamazares, una persona que apoyaba en gran medida
al gobierno de Zapatero, con crítica, pero desde un perspectiva reformista que
para nada quería cambiar el sistema injusto en el que vivimos. En un mundo en
el que 40.000 personas mueren diariamente de hambre, algo va muy mal; el
alejarnos del ideal, el darnos por perdidos, solo hizo que la gente confundiera
IU con el PSOE. Yo, después de reflexionar mucho, entendí que la mejor forma de
luchar por mis ideales y por un mundo mejor era la política. Así que Juanjo y
yo fuimos un día a afiliarnos en el PCE y en IU para cambiar el pensamiento de
la sociedad, pero también para acabar con el rumbo de la coalición, que iba
directa al abismo. Me ilusionaba mucho este paso después de venir de pasar unos
meses en París, de haberme acercado a la forma de trabajar y pensar del PCF,
allí comprendí mejor el asociacionismo, el trabajo desde la calle, me empapé a
leer y mis pensamientos corrían por mi pluma con gran facilidad; París era un
hervidero de ideas que me ayudaron a mejoran mi percepción.
Con
síntomas de asfixia, me fui a vivir a Valencia, una decisión que si bien no me
ayudó académicamente, personalmente me hizo más maduro, más feliz y más fuerte.
Allí engrosé las listas del sindicato estudiantil Acontracorrent, el sindicato de estudiantes de EUPV, para las
elecciones de mi facultad, pero lo cierto es que mi trabajo me robaba mucho
tiempo y energías. También empecé a ir a congresos del PCPV y asambleas de EUPV
que hicieron que empezara a conocer gente muy interesante y que con el tiempo
se ha hecho mi amiga.
Además
en Valencia encontré el amor, encontré a Soraya. Llevaba tanto tiempo buscándola
sin saber dónde estaba… Ella me empuja cuando lo necesito, me da apoyo cuando
me ve flaquear y me echa una mano cuando caigo, es mi fuerza y mi energía. Mi
chica, la que consigue hacer mis sueños realidad.
La
crisis llegó sin sorprendernos a nadie, el gobierno de Zapatero poco podía
hacer más que negarla. Al principio titubeó sin saber a dónde ir, finalmente se
plegó a las exigencias del FMI, BCE y la Unión Europea. La gente, adormilada
seguía sin creer lo que pasaba, hasta que un 15 de mayo las plazas se llenaron
con gritos de rebeldía, de esperanza, de indignación. Una masa multiforme
comenzó a hacer asambleas en las que se discutía como cambiar las cosas. Yo
participé individualmente y comprendí que era un gran germen para la sociedad
el que la gente comenzara a hacerse preguntas que yo llevaba mucho tiempo
haciéndome. La percepción capitalista y bipartidista que había mamado la
población desde hacía años, llevaba a que muchos despotricaran de los partidos
políticos, aunque algunas de sus propuestas casaban perfectamente con el
programa que desde hacía años llevaba IU y el PCE. El 15M sigue vivo gracias a
las mareas ciudadanas que surgieron a través de él; Plataforma de afectados por
la hipoteca, la marea de la sanidad, la de la educación, Discapacidad en
Marcha, etc. El que dice que el 15M ha fracasado es porque no se ha involucrado
y eso era lo más importante que exigía este movimiento de los indignados, que
la población se implicara en los problemas de la sociedad.
Uno de
los estallidos sociales más fuertes que he vivido fue la llamada “Primavera
Valenciana”, en la que participé en sus asambleas y sus manifestaciones. Sentí
el frio miedo de los antidisturbios ante mí y vi cómo, paulatinamente, las
manifestaciones se fueron marchitando y cada vez menos gente salía a la calle
para que la delegada del gobierno dimitiera.
Para
finalizar solo decir que mi intención en todos estos años ha sido poder aspirar
a una sociedad libre e igualitaria, hay quien me llama utópico sin conocer la
realidad. Vivimos en un mundo donde dos terceras partes de la población viven
en una pobreza absoluta, donde un 1% de las personas de este mundo controlan el
70% del dinero que se mueve y que tienen en sus más férreos protectores en
gente a los que apenas les dan migajas.
El
planeta se va destruyendo poco a poco para la habitabilidad del mismo, no está
el peligro La Tierra, si no nuestra continuidad en ella como especie. El
capitalismo utiliza recursos naturales como si estos fueran infinitos y esto no
es así. Produce productos industriales de usar y tirar para que así la gente
consuma más, lo que nos lleva a acabar con los recursos del planeta y a que
haya unas cantidades de basura que la naturaleza no puede absorber.
Los
grandes medios de comunicación son empresas privadas con intereses muy
definidos; nos mantienen en un estado absoluto de individualismo, nos
introducen el pensamiento neoliberal como natural y nos incitan a consumir y
producir.
Pero no
nos engañemos, la culpa de todo esto la tenemos nosotros; nosotros preferimos
ver un partido de futbol a leer un libro, preferimos escuchar los programas del
corazón a intentar saber qué es lo que ocurre en Latinoamérica o África,
preferimos seguir a la marea que plantearnos cuál es el camino. He estado en
manifestaciones por los derechos laborables de alguna empresa a la que no han
ido algunos de sus trabajadores. Convencer a mis compañeros cuando había una
huelga era una tarea muy cansada, a pesar de que un día de trabajo no era nada
comparado con todos los derechos que les quitaban y que al final les saldría
más caro. Falta conciencia obrera, orgullo de clase, …
Ahora,
desde Argentina, sigo por mi camino de aprendizaje, de conocer nuevas formas de
hacer las cosas y esperando que todos los que me leéis me acompañéis en esta
milenaria marcha, esta pequeña marcha en nuestra vida, este camino que comienza
con un paso pero que te lleva a la felicidad de millones de personas. Marx
dijo: “El motor de la historia es la lucha de clases.”