jueves, 2 de abril de 2020

No olvidamos, nos nos rendimos; forjemos el nuevo futuro



Hacía tiempo que no dormía tantos días en mi hogar; el despertar con el sol entrando por mi ventana y anarajando mis parpados, logrando una explosión de luz blanca cuando abro los ojos. Un gallo canta a la mañana y el sonido de las campanas martillea rítmicamente mi caminar por el pasillo. La espesura, casi pringosa, de estos días se desengrasa trabajando con muchas horas de teléfono y ordenador, pero también con películas y sobre todo con libros, que estaban aburridos de esperarme en la estantería. Entre todos ellos, me he decidido por leer y releer a Albert Camus, por lo visto necesitaba adentrarme en su concepto de lo absurdo y en el existencialismo para lidiar con estos relojes que frenan sus manillas y ese calendario que con prisa elimina jornadas, velocidad y lentitud a la vez, una paradoja temporal situada entre el 'no me da tiempo' y el 'qué puedo hacer ahora'.

Recordaba Camus que fue en España donde su generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa. Como os podéis imaginar, se refería a la derrota de la República en la Guerra de España, que había resistido al golpe de Estado del 18 de julio del 36 perpetrado por la oligarquía militar, económica y religiosa, y contra todo pronóstico aguantó casi tres años de guerra.

Tal día como ayer, hace 81 años, Franco firmaba el parte de guerra que daba por concluida la contienda, el ejercito rebelde había alcanzado sus objetivos militares. En el puerto de Alicante, más de 15.000 personas se agolpaban para poder salir al exilio y así huir de la represión, pero ya estaban rodeados por la División Littorio de la Italia fascista y con el bloqueo de la rada por parte de la armada franquista, a penas consiguieron salir unos cuantos barcos (como el Stanbrook o el African Trader) atestados de personas que buscaban refugio en otras tierras.



El final de guerra se escribió frente al mediterráneo, visto como frontera y esperanza (hace 8 décadas y en nuestros días). Todas aquellas personas, que quedaron varadas en los muelles alicantinos, fueron trasladas a prisiones improvisadas por la ciudad; el Castillo de Santa Barbara, el cine Ideal, la Plaza de Toros o el famoso Campo de los Almendros, un terreno vallado a la intemperie, donde para sobrevivir se comieron hasta las hojas y la corteza de los árboles. Max Aub definió perfectamente aquel el momento y a esas personas: “[...] Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo.”

En nuestros días, desde algunos ámbitos interesados de la sociedad, se nos dicen que la memoria no sirve, que sólo abrimos heridas, que es una perdida de recursos. Sin embargo, no es más cierto que cada aprendizaje de la vida tiene que ver con nuestra experiencia previa, con los recursos con los que hemos vivido, los valores que nos han transmitido, con aquello que hemos visto, leído u oído. Aquellos que fueron apresados en el puerto de Alicante, siguen siendo el valor de un pueblo que no se dejó arrestar, que luchó con lo que pudo por el sueño de una vida mejor para la mayoría. Arriesgaron su vida, su libertad, su comodidad por un proyecto político que les permitiera salir de la miseria histórica en la que habían vivido a lo largo del tiempo.

No quiero centrarme en los hechos ocurridos, en la historia que conocemos. Pero no es casual que escriba esto un dos de abril, el día en el que, hace más de ocho décadas, el desastre se había consumado, el momento en el que la esperanza de escapar se esfumó; las cárceles se llenaban, empezaban las sacas, los expolios, las torturas, la eliminación física e ideológica del que no pensaba como el dictador y su corte. Me gusta recordar que en el periodo republicano gobernó la derecha del 33 a febrero del 36, el golpe de Estado se dio porque despreciaban la democracia, por perder unas elecciones, porque los que a lo largo de siglos habían utilizado las instituciones para su beneficio consideraban que les habían robado algo que les pertenecía por naturaleza.



Mientras tanto, os pido que penséis en aquella ciudadanía que conforme se levantaron los militares contra el gobierno legítimo fueron a pedir armas para defender al Estado que más les beneficiaba; el de la construcción de escuelas, la creación de la Seguridad Social, la reforma agraria, el que potenciaba las libertades individuales, la ciencia, los derechos laborales, la cultura... Aquellas personas que una vez perdida la guerra se quedaron en España para reorganizar, que se unieron a la guerrilla, que continuaron su lucha en la clandestinidad, que combatieron el fascismo en Europa y África, que hipotecaron su vida por mejorar el conjunto de la sociedad.

Por tanto, lo que nos deberíamos preguntar es ¿Cuanto vale nuestro tiempo? ¿Cómo se puede medir el precio del tiempo que no gastamos con los que queremos? ¿Qué valor se le da a los proyectos aplazados? ¿Cómo cuantificar sacrificios, penas, desilusiones, cansancio? ¿Por qué tanta gente se presta a ello? Quizá es por la ideas que defendemos, puede que por aquellas personas que las formularon o por las que dieron por ellas su libertad, su patrimonio, su vida, su esperanza...

Más de 80 años después, no olvidamos; mientras vivimos un momento único en la historia como es el confinamiento de gran parte de la población en sus casas, sabemos que hay un personal sanitario en los hospitales arriesgando su salud por el resto de la población, son los héroes de la actualidad, tal y como lo fueron nuestros padres, madres, abuelos y abuelas por la democracia. Recordamos que su esfuerzo es titánico, pues están dando todo lo que pueden humanamente, máxime con los años de recortes en la sanidad pública, de los diferentes gobiernos neoliberales, que ha dejado los hospitales con menos personal, menos camas y menos material, buscando beneficiar a las privadas, intentando hacernos pasar de pacientes a clientes.



Tanto ayer como hoy, no nos rendimos; estos días nos tienen que servir para entender que tenemos que beneficiar a la mayoría a la que pertenecemos, que lo público es el instrumento que nos permite igualar a la sociedad, pues todos tendremos las mismas oportunidades de estudiar, de curarnos, de tener unos servicios y unas prestaciones dignas, que nos permita tener un proyecto de vida viable. 

Este proceso tiene que servir para una toma de conciencia por parte de los desfavorecidos y tenemos que entender la fuerza que tenemos, la capacidad de cambiar las cosas y luchar como sociedad para que cada cual aporte en función de sus capacidades y reciba según sus necesidades, para conseguir un mundo con una perspectiva global, teniendo una visión como especie (ya que este sistema nos amenaza) y sobre todo empatizando con el resto de seres vivos que poblamos este maltrecho planeta.

Termina el día, después de horas atados a pantallas, salimos al balcón a aplaudir a las medicas, enfermeros, celadores, reponedoras, limpiadores, cajeros, transportistas y vemos como la noche cae y otro día pasa. Saldremos de esta y esta vez no permitiremos que suframos los mismos, que paguemos los recortes los de siempre los privilegios de unos pocos. Leemos, reflexionamos y nos empoderamos para que nadie se quede atrás, para eliminar las desigualdades, para potenciar la solidaridad. Cuando esto pase no vamos a volver a perder, porque si hay un porvenir esperanzador, este se fragua todas las noches cuando nos vamos a la cama, cuando todo parece más lúgubre, y queremos que a nuestros seres queridos, nuestros vecinos y vecinas, nuestros pueblos y ciudades les vaya bien y ese sueño se construye entre todos y todas en base a esa memoria colectiva que nos hace mirar al pasado para conquistar el futuro. 


domingo, 13 de octubre de 2019

Egos



“Ego Sum Lux Mundi” con esta alocución latina se presentaba a Jesús en la iglesia románica de San Clemente de Tahúl, integrada en lo que se denomina un Pantocrátor. No hace falta tener grandes conocimientos de latín para saber que significa: Yo soy la luz del mundo. Con este tipo de imágenes, en una sociedad analfabeta, se concretaba toda una filosofía, en este caso religiosa, ya que todo un ideario se basa en la potente figura del fundador y su vida sirve como ejemplo y muestra de como hay que ser.

Para los que hemos estudiado historia, nos es muy sencillo hacer este tipo de cosas, mostrar épocas enteras a través de uno de los personajes históricos, personas casi míticas, que son capaces de ser responsables de cualquier cosa que ocurría en sus dominios, por grande que fueran sus territorios, aunque hubiera diferentes lenguas, leyes y costumbres entre sí, por muy poco control que tuviese de facto. En esos personajes (casi siempre hombres) se focaliza lo que ocurrió durante los años que fuera referencia en el lugar determinado que influyera. 



Esta forma de estudiar, de conocer nuestro pasado, que se integra en la memoria colectiva de nuestra sociedad, ha llevado, y de un tiempo a esta parte se ha potenciado, a la formación de unos hiperliderazgos, en los que se aúpan a personas a la cúspide de un partido o movimiento y finalmente, ya no sólo es que estos acaban creyéndose que están por encima del bien y del mal y que sus opiniones son las más válidas, sino que tienen una legión de seguidores que no llegan a reflexionar, a querer estudiar, pensar y ofrecer sus conocimientos al colectivo, pues ese líder es que les dice que tiene que opinar.

Esto es muy grave, así vemos a personas endiosadas, que cada vez que abren la boca sientan cátedra y los vemos en televisión, los escuchamos en la radio o leemos sus libros como quien descubre la palabra revelada. Esto no sería tan trágico, si no estuviera tan integrado en la sociedad, si el individualismo inoculado entre nosotras no se hubiera adentrado en todas nuestras formulas de organización y al final se desechan los proyectos colectivos por un seguidismo infantilista.

Los acontecimientos actuales ponen de manifiesto lo que intento exponer, la política estatal en los últimos años se ha convertido en un cruce de declaraciones entre cuatro personas, en ocasiones se nos habla de acuerdos o disconformidades con términos que parecen sacados de un colegio de primaria, como por ejemplo: “[...]la mala relación personal les impide entenderse.”, [...]las negociaciones se desbloquearon gracias a la llamada de X con quien mantiene buena amistad”. Las noticias e informativos están basados en intervenciones, respuestas y contrarréplicas. Fuera de esos cuatro hombres, sólo florece lo que le interese en cada momento al sistema, y por tanto casi siempre en el espacio político a la izquierda del PSOE.

Esto ya se ha visto en diferentes ocasiones, grupos de personas con intereses o posiciones diferentes a lo que se decide colectívamente dentro de una organización, que se arremolinan alrededor de un líder o lideresa. Los medios les dan cancha, con tal de debilitar una opción alternativa al sistema actual de las cosas. 

Con el inicio de la crisis, las protestas derivadas del 15M, que tuvieron momento álgido con el 22M, parecía que esa situación podía cambiar, que las organizaciones políticas, sociales o sindicales comenzaron a replantearse sus formas de relación con la ciudadanía, buscando una mayor horizontalidad, dejando atrás estructuras rígidas, y así poder canalizar ese interés creciente de la población por sus problemas, que son comunes y que este sistema había pretendido individualizar, lográndolo en gran parte. 



Únicamente la toma de conciencia por parte de la mayoría de la población puede lograr un cambio de tendencia en las políticas neoliberales que han imperado en las últimas décadas. Porque desde los años 80 tenemos hay un retroceso constante en las políticas sociales y laborales que han dejado desprotegidas a las clases populares. La crisis de 2008 nos ha llevado a un adelgazamiento mayor del Estado y por tanto a que hayan niveles de desigualdad que se van incrementando y que han supuesto que vivamos en una situación de extrema vulnerabilidad.

Todo parece indicar que nos asomamos a una nueva crisis y sin embargo llegamos en unas condiciones muy difíciles, con una vorágine electoral que apenas nos permite el tiempo para la reflexión, ante la urgencia de cada convocatoria, y en las que es imprescindible la presencia de la izquierda transformadora con fuerza para poder llevar a cabo políticas que nos permitan acceder a una vivienda, dejar de lado la precariedad laboral a la que nos vemos sometidos, garantizar servicios públicos tales como la sanidad, la educación o los servicios sociales, así como blindar las pensiones, caminar hacia un nuevo modelo de economía productiva verde que permita paliar los efectos del cambio climático y, por medio del feminismo, lograr una igualdad real entre cualquier orientación o identidad sexual.

Por desgracia, no estamos hablando de grandes cambios revolucionarios, simplemente es una hoja de ruta de mínimos necesarios para que podamos tener un proyecto de vida digno y viable, unos objetivos que aglutinen a una mayoría social, que sería la que se viera beneficiada de ellos, un punto de partida para conseguir una población más concienciada y movilizada, porque si estas demandas no son mayoritarias, si no logramos una sociedad se implique, que haga política, la harán por ella y entonces saldrán ganado los de siempre, con lo que conlleva; empobrecimiento de la mayoría, acabar con los derechos existentes, auge de la extremaderecha, colapso ecológico... 



Y, para ir finalizando, sabed que tendremos que entendernos con otras personas de otras tradiciones políticas, con otros actores que no tienen el mismo horizonte que nosotros. Pero tenemos que estar en esos espacios; debatir, escuchar, plantear y construir maquinarias de cambio que beban de nuestra filosofía. Habrán, como ahora, personas que ocupen puestos de representatividad, de portavocía o ejecutivos que nuestras bases quieran, pero sin por ello creer que tienen más importancia que nadie, mucho menos de esa militancia que trabaja por sus ideas en los ratos libres que le dan sus quehaceres diarios. Yo ahora estoy en un lugar de gran responsabilidad de la Generalitat (que nunca pedí, por cierto) y no por ello soy más o menos, sólo soy uno más de los que alzan su voz ante las injusticas que ve que se cometen en el mundo y que quiere que cada vez hayan más personas en su lado de la trinchera.

Así que frente a esos liderazgos fuertes, yo os pido que cada vez seamos más, que tengamos más mecanismos para articularnos políticamente como sociedad y que seamos inclusivos para lograr sumar todas las fuerzas que planteen unas políticas transformadoras para este mundo. No nos dejemos llevar por si ese me cae mejor y este peor, sino reflexionemos si esa fuerza en su conjunto va a trabajar por mejorar mis condiciones de vida y si es así, te esperamos en esta difícil lucha ¡Os necesitamos!

No quiero terminar sin recordar un texto de Galeano que viene al caso:

Día de los trabajadores

Tecnología del vuelo compartido: el primer pato que levanta vuelo abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero alza al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta viento al séptimo…

Cuando se cansa, el pato que hace punta baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa V que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando, atrás y adelante; y ninguno se cree superpato por volar adelante, ni subpato por marchar atrás.


miércoles, 15 de mayo de 2019

Acción local, reacción global







El gran José Saramago dijo: “No olvides que lo que llamamos hoy realidad fue imaginación ayer”, de esta frase nos recuerda que hubieron personas que fueron llamadas locas, quiméricas, iluminadas, utópicas, etc. por plantear que era posible cambiar el estado de las cosas de cada momento, que nada es eterno, que era posible tener una sanidad y educación universal, tener unos derechos laborales o un estado con carácter social. Pero no olvidemos que esto se consiguió gracias a una ciudadanía unida en torno a sus propios intereses, un pueblo que luchó por arrancarle a esas clases dominantes sus privilegios, de los que no se querían desprender, no cayeron de un árbol como si de un fruto se tratara, sino que hubo que agitar sus ramas con la fuerza de muchas manos.






Este es un punto de partida fundamental para comprender el compromiso político que muchos hemos adquirido con el territorio en el que vivimos, con este mundo dominado por un sistema que beneficia a unos pocos en contra del resto de especies y que pone en riesgo nuestra propia supervivencia. Únicamente la conciencia de la población de los problemas y que cada vez seamos más reivindicando, en las calles y las instituciones, acercará la posibilidad de asegurar un proyecto de vida digno y viable para todos y todas las que caminamos por este planeta.

















Durante el último mes, como candidato de Esquerra Unida al Congreso de los Diputados, he tenido la oportunidad de recorrer las comarcas alicantinas conociendo muchos de los problemas que nos asolan, con esa diversidad tan bonita que existe; de las montañas a los valles del Vinalopó y la Vega baja, de la costa al interior, cada lugar con unos problemas concretos, pero que tienen una similitud en todo el territorio, en incluso en muchos lugares del Estado.






¿Sabéis cual ha sido la diferencia más grande a la hora de poner las primeras piedras para salir de esas dificultades a las que están sujetas los municipios? La fuerza que han tenido las candidaturas de Esquerra Unida en cada uno de los gobierno de los diferentes consistorios. Allí donde ha estado esta organización se han dado los primeros pasos para conseguir pueblos y ciudades más dinámicos y que encaran el futuro con más ilusión, con posibilidades de poner las instituciones al servicio de la ciudadanía.

















Como conocéis, no logramos los votos suficientes para que representara a la ciudadanía en el Congreso, aunque tengo que reconocer que me dio mucha alegría ver que muchos eldenses habían confiado en el proyecto en el que estoy embarcado, consiguiendo en Elda 4.605 votos, lo que supone que un 15% del electorado confió en la candidatura en la que estaba presente.






Esas semanas fueron muy complicadas, pues además de una campaña en la que me exigí el máximo de mí mismo, no paré de trabajar, junto a muchos compas que me ayudaron y se lo agradezco desde aquí, en conseguir que se presentaran más candidaturas en la comarca que coordino y seguir con la actividad institucional en el ayuntamiento, continuando la labor que hemos realizado durante toda la legislatura, cuatro años que se acaban con una mezcla de sentimientos, que van desde la pena a la esperanza.






Y es que me da lástima el coste de oportunidad que hemos sufrido estos cuatro años, desde Esquerra Unida hemos defendido unas políticas transformadoras que acabaran con los problemas estructurales de Elda. PSOE y Compromís, sin embargo, han dado muestras de ocupar el gobierno sin un proyecto, entregándose a manos de Ciudadanos, para seguir por una línea continuísta en esta ciudad, que hace que se marchite y se cronifiquen muchas de sus deficiencias.

















Ante la parálisis del equipo de gobierno, mi grupo municipal no sólo se ha refugiado en la crítica, sino que además ha presentado multitud de propuestas para sacar a nuestra población del callejón sin salida en el que le han instalado los diferentes gobiernos que hemos tenido. Por poner los ejemplos más sangrantes, abogamos por la realización de un plan estratégico participado, colaborando con expertos y universidades, que nos permita decidir como queremos que sea la Elda del futuro, unas líneas maestras que tengamos que seguir esté quien esté en el gobierno y así no se vaya a ritmo de ocurrencias, como ha sucedido hasta ahora.






Tal y como está grabado en el ADN de Esquerra Unida, quisimos potenciar iniciativas para que se le dote a la ciudadanía de instrumentos de participación ciudadana y así, la propia población se informe, se empodere y decida, marcándonos cuales son los problemas prioritarios y las posibles soluciones. Sirviendo de correa de transmisión entre la población y el Ayuntamiento.






Otra propuesta que hemos llevado al Pleno, y que nos parece fundamental, es que se creara un observatorio de las contratas, como método de control a las empresas que gestionan los servicios públicos que se han privatizado, que por desgracia son muchos más que cuando empezó la legislatura, ya que PSOE y Compromís, en su ausencia de gestión política, han preferido esta formula a una más eficiente como es la municipalización de servicios, que permite gastar el dinero de todos y todas de manera más eficaz, pues lo que nos ahorramos en IVA y beneficio empresarial se puede gastar en mejorar el servicio y mejorar las condiciones laborales de los que la realizan.






Y por destacar una cuestión más, porque si señalara todas iniciativas que hemos intentando que se pusieran en marcha necesitaría más espacio del que estáis dispuestos a leer, por higiene democrática logramos que se aprobara por todos los grupos políticos del Ayuntamiento que Elda volviera a la senda de la legalidad en lo que memoria democrática se refiere. Consensuamos una comisión de expertos para que señalara qué honores mantenía en la ciudad la dictadura y así poder eliminarlos ¡Incluso el Defensor del pueblo no comprendió por qué no se ha hecho nada en este sentido!

















Pues bien, todo ha caído en saco roto, ante un Rubén Alfaro más preocupado por el continente que por el contenido, o lo que es lo mismo, un alcalde al que sólo le ha importado su imagen y ha vaciado de políticas la actividad del consistorio, convirtiéndose en un mero gestor de un equipo que no ha sabido o no ha querido hacer mucho más que política tecnócrata con la que no sólo no han solucionado ninguno de los problemas de la ciudad, sino que han empeorado al dilatarse todavía más en el tiempo. Todos los retos que nos marcamos hace cuatro años siguen vigentes por la incomparecencia de PSOE y Compromís.






Todo esto nos ha frustrado, ver como todas las ideas que proponíamos eran ignoradas gracias al pacto en la sombra que mantenían con Ciudadanos, más cuando hemos demostrado como realizar las cosas de otra manera, con mi compañero Javi Rivera logrando salvar EMUDESA de la ruina y convertirla en una herramienta útil a favor de todos los y las eldenses.

















Pero no quiero terminar sin hablar de esa ilusión que estamos forjando, porque el día 26 de mayo la ciudadanía de Elda va a tener la oportunidad de cambiar el destino de nuestra población, las riendas están en sus manos ¡Como siempre! Para ello, desde nuestra organización, hemos elaborado un plan de 150 medidas en favor de la mayoría social y centradas en la creación de empleo de calidad y en revitalizar y arreglar los barrios de toda la ciudad.






¡Pero no sólo es importante la movilización en las urnas ese día! Esta sociedad tiene que caminar hacia ese futuro que está por conquistar, tiene que activarse para asegurar que todas y cada una de las personas logren tener las facilidades para forjarse un proyecto de vida, que conquistemos la esperanza de tener las condiciones materiales y ecológicas para ser felices, con un pie en las calles y otro en las instituciones, porque cada espacio que abandonamos es ocupado por los que hacen políticas en contra de nosotros y necesitamos una población crítica que, tanto estemos gobernando o en la oposición, nos exija cuales son sus demandas.






En estas elecciones hay que dar un paso adelante para sanar el orgullo herido de nuestra ciudad y Esquerra Unida es la única candidatura con la experiencia, el programa y la voluntad política. Esta vez voy el número 3 de la candidatura encabezada por mi amigo Javi Rivera, esto no es ni casual, ni un paso atrás; en primer lugar muestra que una mujer fuerte y empoderada como es María va la 2, lo que supone que escuchamos claramente el mensaje que el feminismo está dando, más que nada porque también estamos con ellas. Pero además es un orgullo ir el tercero porque creo que se ha acabado ya el tiempo en el que la población votaba entre lo mismo y lo mismo, es hora del crecimiento de Esquerra Unida, ya que somos los únicos con una alternativa política, con la fortaleza de querer atar nuestros sueños a la realidad, siempre con un oído en la calle, con el conocimiento que sólo el pueblo salva al pueblo, no como un slogan, sino porque nosotros somos parte de ese pueblo y vamos a luchar desde cualquier parte por los intereses de la mayoría, por devolverle a Elda el dinamismo perdido con años de mediocridad de PP y PSOE, vamos a poner a la ciudadanía en el centro de la actividad política. Porque desde siempre, cada cambio global, ha comenzado con la transformación local.










domingo, 14 de abril de 2019

Campaña sobre campaña




Hace unos días estuvimos en la pedanía de El Fondó recordando aquellos día grises en los que partió al exilio el gobierno legítimo de la IIª República y responsables del PCE como Pasionaria, Modesto, María Teresa León o Alberti.

En ese simbólico paraje, recordé unos versos de otro exiliado, esta vez argentino, Juan Gelman, que su poema 'Confianzas' finalizaba así:

[...]
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

se sienta a la mesa y escribe

Estas palabras muestran la persistencia que han tenido todas las personas que, antes que nosotras, han luchado para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, a pesar de la persecución, la represión o asesinato. Lo que no sabían los privilegiados de este sistema es que los ideales de libertad, igualdad y justicia social no se pueden ni matar ni encarcelar.

El viernes comenzamos la campaña electoral en la que tengo la responsabilidad de ser el candidato de EUPV al Congreso, en la lista de Unidas Podemos Izquierda Unida. En ella, soy el primero que vengo del municipalismo, de ocupar un puesto de representatividad en un Ayuntamiento, cuestión que considero muy importante por el hecho de construir de abajo hacia arriba, desde los movimientos sociales hasta las administraciones más importante, desde la acción local, para lograr una reacción global.



A lo largo de estos cuatro años como concejal he intentado que el lugar que ocupo sirva como altavoz para que la ciudadanía se movilice y organice contra esa minoría que se aprovecha de lo de todas, para mantener sus privilegios. Porque no nos engañemos, en el próximo ciclo electoral lo que nos jugamos es acabar con la hegemonía dominante, que nos bombardea a base de mensajes que permiten el statu quo actual, manteniendo que el 1% más rico de la población tenga tanto como el 70% más pobre.

Como nos ocurre a muchos, mi implicación política comenzó al analizar la realidad que me rodea; Elda ha sido una ciudad que en las últimas décadas se ha ido marchitando, los efectos del Tratado de Maastricht (que ya predijo Julio Anguita) enseguida se pudieron palpar en nuestro municipio y la deslocalización de la industria comenzó a crear bolsas de paro y trabajo precario y clandestino, lo que ha impedido a muchos eldenses desarrollar una vida más o menos estable y se han tenido que ir.

Esto no es un particularidad de Elda, como os podéis imaginar, sino que se puede observar en las comarcas del interior de Alicante y en muchas zonas industriales de todo el estado. Los efectos del neoliberalismo, que lleva aparejado un urbanismo depredador, un recorte constante de los servicios públicos, una corrupción sistémica y a obviar los efectos del cambio climático (el sureste peninsular es una de zonas del planeta con mas peligro de desertificación), crea un caldo de cultivo perfecto en contra de la ciudadanía e invita a implicarse políticamente para así conseguir revertir la situación y asegurar un proyecto de vida digno y viable a todos los seres vivos que habitamos este planeta.

Por tanto, el reto es complicado, pero es una realidad que cuanto más se adelgaza el Estado, más desprotegida queda la mayoría, viéndose beneficiada esa oligarquía que lo maneja todo. Por ello, estos días me estoy recorriendo muchos municipios del sur del País Valenciano explicando la importancia de un cambio de modelo productivo para nuestro país, que genere una industria verde y de alto valor añadido. Del mismo modo que considero vital que se reviertan los recortes en sanidad, educación y cuidados, para asegurar unos servicios públicos y de calidad. Con estas medidas, más la derogación de las dos últimas reformas laborales, estaremos más cerca de aspirar a empleo de calidad, logrando la emancipación personal y acabando con el ejercito de parados y precarios, que sólo consigue que bajen las cotizaciones a la seguridad social y sirva de excusa para recortar la pensiones que se han ganado nuestros mayores.



Soy consciente de las dificultades que nos encontramos cada día, comprendo el cansancio de una sociedad que tantas veces ha sido engañada, empatizo completamente con aquellas personas que llegan a casa después de jornadas interminables; de trabajo, de buscarlo o hastiados y desanimados, he visto vuestros gestos, los he sentido en mi propia carne y me hacen temblar. Pero ahora no va a ser el momento en el que nos demos por vencidos, en esta fase histórica en la que nos jugamos tanto sé que no bajaremos los brazos antes de la batalla. Porque conozco a este pueblo y nunca se ha quedado impasible ante las injusticias, sé que es consciente de que el enemigo es poderoso, pero nosotros somos más y no nos quedaremos inmóviles, sin nadie al timón en mitad de la tormenta, porque aunque en ocasiones nos sintamos aislados, tenemos claro que somos archipiélagos unidos con lazos de cariño, de amistad, de clase; pues los problemas nos pueden parecer individuales, pero las soluciones son comunes.

No quiero finalizar sin deciros algo que ya sabéis y no es otra cosa que si no hacemos política, la harán por nosotras y, casi con toda seguridad, contra nosotras. En estos días inciertos puede parecer todo muy oscuro, pero sólo es un nubarrón, hemos estado en situaciones mucho peor que se pueden volver a dar. Tenemos la responsabilidad histórica de luchar por nuestros sueños, tirar de ese hilo rojo que a tantos les costó su propia vida; por un mundo más justo, libre, igualitario, feminista y en equilibrio con la naturaleza, por ese futuro que aun tenemos que conquistar. Habrán errores y aciertos, pero cuantos más seamos en la lucha, cuanta más presencia tengamos en las instituciones, cuanto más gente estemos en las calles y más participación tengamos, más sencillo será conseguir nuestro objetivos, pues son los de transformar la realidad para mejorar la vida de la mayoría.

Así que para concluir, sólo pediros el voto a Unidas Podemos Izquierda Unida, tenemos un programa al servicio de las clases populares, somos coherentes con lo que pensamos y hemos demostrado que somos los únicos que trabajamos por el interés común y no por el del Ibex-35. Tengo la ilusión que llenéis las urnas de esperanza, para las generales y autonómicas, pero no os quedéis ahí, nos jugamos el futuro de las próximas generaciones y os vamos a necesitar a todos frente a los intereses económicos de unos pocos. Por eso, es el momento ya no sólo de sentarnos a la mesa y escribir, como decía Gelman, sino también de levantarnos y luchar por lo que es justo.



domingo, 30 de diciembre de 2018

¿Acabamos con la indiferencia?


Decía el bueno de Galeano que la realidad es real porque nos invita a cambiarla, no porque nos obligue a aceptarla. Esta es una frase que utilizo mucho en mis intervenciones, ya que siempre he considerado que tenemos que combatir la apatía y el desánimo, del que se aprovechan los que siempre han manejado la historia de la humanidad, para que todo permanezca perenne, inmutable y, de esta forma, poder seguir acumulando en beneficio en unos pocos y a costa de la mayoría de seres vivos que habitamos este planeta.

Vivimos tiempos difíciles, en los que ha habido un reflujo de la movilización, que de un tiempo a esta parte sólo se sostiene por la lucha feminista y por unas pensiones dignas, básicamente. Si retrocedemos, el capital avanza, es algo que hemos aprendido con la experiencia de décadas de lucha contra las injusticias. La estafa global que estamos viviendo, llamada crisis, pone en riesgo muchos de los fundamentos del sistema, ampliando como nunca antes las desigualdades sociales, geográficas y económicas.

Desde que tengo uso de razón sólo he visto empeorar este mundo, no es casual, pues yo nací en los tiempos en los que la lógica neoliberal se hacía hegemónica, adelgazando el estado, recortando derechos, servicios y la capacidad de las personas de tener unas condiciones materiales suficientes para tener un proyecto de vida que les pueda hacer felices, derribándose las alternativas reales y de pensamiento que se habían ido construyendo durante dos siglos de movimiento obrero.

Al final soy/somos herederos de ese “Fin de la historia” y mi generación ha sido educada dentro de esos planteamientos. Más, cuando a partir de los movidos años 60, con la entrada de los hijos e hijas obreras en la universidad, despertando conciencias críticas y llenándose de argumentos, el capitalismo se dio cuenta del peligro que suponía eso y comenzó a especializar las carreras, aumentando tasas y matrículas, patrocinando estudios que beneficiaran a empresas o favoreciendo a las privadas, de esta manera extirpaba cualquier fortaleza que pudiera entregar a la clases trabajadoras, esto se mostró de manera cristalina con el Plan Bolonia, impulsado por la Unión Europea.

De esta forma, la izquierda iba, poco a poco, perdiendo la batalla cultural, sobre todo al entenderse ésta como un bien más de consumo, por parte del neoliberalismo, y se dejara atrás los beneficios sociales y la potenciación del pensamiento que ofrece a la ciudadanía. Nos han inoculado el individualismo, el sálvese quién pueda, enfrentándonos a las clases populares, dividiéndonos por las migajas que caen del banquete de una minoría que lo domina todo. A mucha gente le es más fácil empatizar con un multimillonario que aparece en las páginas de sociedad o deportivas que con una familia que se juega la vida cruzando el Mediterráneo huyendo de la guerra, el hambre y la desesperación.

Esto se favorece desde todas las tribunas mediáticas, grandes generadores de opinión, para buscar una falsa imparcialidad, nos hablan del bajo nivel político, generalizando a la hora de hablar de partidos, de la falta de preparación de nuestros representantes, haciendo una “tabula rasa” que lleva más a la indiferencia, al enfado o a la decepción. Además de que considero que es falso, porque a pesar de como algunos privilegiados han hinchado sus curriculums, tenemos unas políticas y políticos que por norma general están mucho mejor formados que hace años, a diferencia de lo que la mitología de la “modélica” transición haya dejado en el imaginario colectivo. Pero el problema radica en lo ideológico, a quién responden las demandas de cada uno y el miedo de un régimen monárquico que se tambalea desde sus cimientos, porque nunca había tenido una izquierda alternativa tanta fuerza parlamentaria.

Sin embargo, hay una especie de desánimo colectivo, una falta de participación, un lucha interna constante, poniendo en duda las estrategias que nos marcamos y focalizando los debates de manera introspectiva, en vez de iluminar y resaltar todo aquello que está imposibilitando la esperanza de un futuro más humano en el que los y las que poblamos este planeta podamos vivir con dignidad.

Mientras esto sucede, tenemos un enemigo poderosísimo, que maneja todos los resortes del estado y el poder mediático. Condenan a la población a un precariedad, que dificulta mucho su capacidad social para tener tiempo libre para la militancia, para expandirse, para sus aficiones. Nos asfixian y nos dificultan unirnos y reunirnos, que despierte de nuevo ese sentimiento de clase, esa pertenencia a un grupo social amplio, esa necesidad de luchar por los intereses de la mayoría. La construcción de poder popular tiene que hacerse en todas nuestras relaciones sociales, con nuestro ejemplo, unificando nuestras ilusiones de una vida mejor, de tener las condiciones materiales para lograr ser felices.

Cada una de nosotras y nosotros es una célula revolucionaria, que tiene señalar las injusticias del capitalismo, del patriarcado, el inminente desastre que supone el calentamiento global, acercando cada vez a más y más personas que se unan a esta trinchera, luchando desde movimientos sociales, sindicales, políticos, culturales o deportivos, forjando un bloque histórico contrahegemónico que cambien ese sentido común que impera actualmente. “Unámonos en lo que nos une y separemos lo que nos separa” decía Pasionaria y en eso consiste, en crear alianzas con otros grupos en lo concreto, en lo urgente, en aquellas demandas básicas; en educación, sanidad, trabajo, vivienda, dependencia, medio ambiente... A partir de ahí, trabajar por acercar ese horizonte revolucionario, sin perder esa perspectiva. Pero para ello tenemos que atraer a nuestra clase, a los afectados por la perdida de derechos. De nada sirven grandes discursos o escritos, si nadie nos escucha, si nadie nos lee y, al final, únicamente nos damos la razón entre nosotras, sin lograr llegar más allá de nuestros convencidos.

No nos puede atemorizar tejer lazos con aquellos con los que compartimos muchos aspectos programáticos, sólo puede tener miedo de ello aquel que desconfíe de sí mismo, de no tener unos planteamientos ideológicos bien asentados y quien no esté analizando la realidad de una manera científica. Los partidos, sindicatos, asociaciones son instrumentos que utilizamos para construir estrategias comunes que mejoren las condiciones de vida de la sociedad, intentando que las masas los vean como herramientas útiles para su propio propósito, formando un movimiento que supere el estado actual de las cosas. En muchas ocasiones he estado en desacuerdo con lo que decidíamos de manera colectiva en los espacios que participo, pero no por ello he dejado mi trabajo militante, ni he dado más importancia a mis discrepancias que al objetivo por el que estoy allí. He continuado aportando y luchando, para acabar con este sistema injusto, visualizando claramente donde está el enemigo y dejar mis discrepancias a un lado hasta que por medio asambleario pudiera cambiar estos puntos de vista, por medio de los mecanismos democráticos que nos hemos dado en las organizaciones de izquierda.

Decía Almudena Grandes en su libro “Besos en el pan” que las y los españoles durante siglos supimos ser pobres con dignidad, pero nunca habíamos sabido ser dóciles, nunca, hasta ahora. Y eso es lo que tenemos que voltear, dejar los cantos de sirena a un lado y continuar esa lucha histórica por la libertad, por la justicia social, por la igualdad, por la solidaridad entre pueblos. Basando nuestra fuerza en los intereses de la mayoría social, de la clase trabajadora, en valores internacionalistas y ecologistas, recordando que la fraternidad entre nosotros, entre diferentes, nos debe mejorar individualmente para lograr nuestros objetivos comunes, debatiendo sin miedos, sin posiciones enconadas, asumiendo contradicciones, sin dramatismos, y así conseguir un mundo en el que nuestra supervivencia digna como especie este asegurada y consigamos otorgar un mejor legado a las próximas generaciones que la herencia que nosotros recibimos.



viernes, 15 de diciembre de 2017

Prefacio (O qué me llevó a ir a Palestina)



Cuando una persona se va conociendo a través de su experiencia, actúa de una manera determinada por lo aprendido, de modo empírico, siendo consciente que muchas veces ha obrado de manera equivocada y la reacción ha sido negativa. Y, a su vez, cuando las cosas le han sido favorables, graba en su cabeza a cincel, si fuera necesario, su modo de proceder para que, de esta manera, lo que le ha hecho dichoso se extienda, perdure en el tiempo, llevando a cabo, para uno mismo, la tercera ley de Newton, que nos dice que toda acción tiene su reacción.

Teniendo en cuenta esta forma de pensar y, por ente, de operar. Creí que si me esforzaba en hacer todo bien, en coherencia con mis pensamientos, con mi corazón como guía, la empatía como manera de decidir como debían ser mis relaciones humanas, políticas o sociales. Así, la vida me recompensaría, las cosas que marcharan peor (por aspectos del destino, dificultades que se nos muestran diariamente en este sistema injusto) pues se irían limando para mejorar o cimentarían un futuro mejor, del que me sentía melancólico ante lo que proyectaba, ansioso por acercarlo, alejándome, en ocasiones, de la realidad.

Con todo esto rondando por mi mente, después de haberme desvivido por lo que quería, lo que deseaba, lo que anhelaba. Este verano mis sueños, mis proyectos, estallaron en mil pedazos sin ninguna oportunidad de poder arreglarlos, únicamente me quedaba ponerme a buscar la formula de recuperar sus cachitos y recomponerlos como un rompecabezas laborioso, costoso, y empleando el tiempo que hiciera falta. Todo ello me instaló en el desánimo, en la desesperanza, ya que demostraba que la forma en la que venía trabajando para que aspectos vitales de mi existencia fueran bien, no servía para nada y, de esta manera, ponía en relieve que no había hecho la cosas bien, mayoritariamente, pues los resultados que había obtenido a mi manera de afrontar la vida, me habían otorgado resultados negativos.

Por tanto, tal y como había actuado, pensado u obrado no era la manera correcta, ya que hoy tengo la sensación de que la vida me va cuesta arriba, está por construir y responde a un modus operandi erróneo, que ha logrado que me replantee todos mis principios, toda mi forma de pensar, y reformule nuevas maneras de caminar por este mundo y afrontar la mejor manera para que los habitantes de este planeta tengan un vida digna. Pues lo trabajado y luchado, hasta ahora, quedaba en tela de juicio, en cuarentena, hasta lograr discernir con mayor claridad, mejores datos y más seguridad, así, de esta forma, no vuelva a emplear mi tiempo y mis reflexiones en proyectos que me encaminen hacia el fracaso, la perdida de tiempo o la sensación de abandono.

Ante esta crisis de identidad, este renacimiento de mis inseguridades vitales, tuve que volver a la raíz de mis ideales, a los conceptos básicos de mi lucha, de mi ideología, para que, de una manera crítica, edificar de nuevo una construcción sólida, con buenos cimientos y conseguir labrar, de modo introspectivo, un nuevo planeamiento vital que se reflejara en formulas de lucha social y política, para así conseguir una sociedad más justa, libre e igualitaria.

Por toda esta tormenta de pensamientos, con la que introduzco este texto, no dudé ni un instante cuando me propusieron conocer Palestina, mirar al capitalismo a los ojos, con sus fauces bien abiertas representadas en el militarismo sionista y, de esa forma, ver a los más perjudicados por el este sistema injusto e inhumano, recogiendo conocimientos básicos para, así, reforzarme a la hora de llevar mis ideas a la praxis, sujetándolas a la realidad, con los pies en el barro, viendo realidades diferentes, complejas, desesperadas. Atestiguando, personalmente, la capacidad de resistencia palestina, su lucha, su orgullo y su alto sentido de justicia, lo que ha sido para mí una dosis de moral y motivación, haciéndome comprender mejor lo necesaria de la lucha en común frente a un enemigo que nos aniquila.


Aquí comienza mi relato de lo que viví en Cisjordania, junto a gente maravillosa, en unos días en los que crecí como persona, fortaleciendo mi ánimo, mis principios y mis energías por cambiar este planeta, con fecha de caducidad por la irracionalidad de los que lo poblamos.



domingo, 1 de octubre de 2017

Cuando el corazón duele más que las rodillas

 Siempre he utilizado la ironía y la risa al ver la moda de salir a correr, viendo a personas perfectamente pertrechadas; móviles que calculan distancias, zapatillas último modelo, ropa deportiva que quede bien, relojes que te dicen las pulsaciones y los WhatsApp... Todo esto, para hacer algo tan sencillo como es dar una vuelta al trote, quizá participar en alguna de esas carreras que ahora organiza cualquier ciudad o pueblo en la que la distancia se mide en K, para qué decir la palabra kilómetro, tan larga y aburrida, cuando puedes minimizarlo todo a una letra. Hubo una época que se le llamaba footing, pero ahora es ser un runner, todo en inglés, todo individual, todo muy cool.

Pues bien, desde este verano me he unido a esa manada que galopa por las aceras. Siempre pensé que no lo haría por el desgaste que sufro en las rodillas por el waterpolo, aunque tengo que reconocer que me ha sido muy liberador, esa soledad del corredor de fondo, que hablaban Los chikos del maíz, la siento en mis carnes y en mi mente. Llevo puesta ropa vieja o que uso poco, como cuando me preparaba para algún triatlón o comenzaba la pretemporada de natación, hace mucho tiempo. Yo salgo con vergüenza, sin ánimo de mejorar, simplemente busco la forma de escapar de mis demonios, de esos pensamientos nocivos que me atacan cuando menos lo espero y, de esta forma, mi cerebro se preocupa más de no desfallecer, de recuperarme una vez he terminado, en vez de bañar mi cabeza de realidad, de analizar como me encuentro, cómo podría haber haber retenido lo que se me ha escurrido de los dedos, cómo podría haber desechado lo que me hace desgraciado o qué podría mejorar.

A las pocas semanas de emprender estas marchas, me di cuenta de que por muy rápido que corriera nunca me podría dejar a mí detrás. Esto de correr lo he convertido más en algo terapéutico que en una forma de hacer deporte, me libera y me permite observar lugares por los que no pasaba, ver como un pie adelanta al otro, sentir cada zancada en mis suelas, en mis rodillas, llevar una respiración rítmica, o ahogada al finalizar, ver mi cuerpo bañado en sudor.



En los últimos años de mi vida, me he preocupado más del resto del mundo que de mí, casi no era consciente de qué hacía cada día, veía mi cotidianidad como un paréntesis. Los sueños que guardaba, y por los que hubiera dado todo lo que tengo, saltaron por los aires y al final todos mis esfuerzos en que todas las personas tuvieran un proyecto de vida digno, unicamente me llevaron a olvidar el mío y acabar viéndome vacío, solo, desubicado, con una pena lúgubre y silenciosa extendiéndose por mi interior y con una fatiga que no me deja encarar ese mundo que tengo por delate.

Adaptarse bien a una sociedad enferma es ser participe de la expansión de esta epidemia, pero he de reconocer que cerrar los ojos es más fácil que enfrentarse a los retos que nos marca la vida. Las redes se han convertido en un indicador de una sociedad en a la que te tienes que exponer eternamente feliz, haciendo lo que se supone que hace la gente normal, siguiendo al rebaño con selfies en los que salgas guapo, no importa lo que veas si no cómo lo muestres, haciendo lo que los medios te digan ese momento que se lleva, aunque por dentro la tristeza no te deje respirar ¡Qué más da como estés! Lo importante es lo que parezcas. No voy a ser un cínico, yo en ocasiones intento emular estas cosas, pero me sale algo cómico o cutre, el “postureo” no me va demasiado, a mí no me importa que la gente sepa que estoy pasando un mal momento, que estoy triste, con miedo o enfadado, es una muestra de que estoy vivo y siento. Señalar los problemas que asolan a la humanidad, a este hogar común que es La Tierra, y que debemos luchar por dejar a las futuras generaciones con algo de viabilidad, o el momento que vives sin ilusiones ni esperanzas, parece que es algo aburrido, tedioso, cansino, casi de amargado.

La inmediatez del día de día, el gusto por lo perfecto, hacer de nuestras vidas un videoclip en el que todo es memorable, viste bien, de aquí para allá sin tiempo para reflexionar, sonríe siempre, barba hipster, hay que salir de fiesta, morritos a la cámara, tazas, fotos y comentarios Mr Wonderful, librerías llenas de autoayuda entre lo más vendido... La autenticidad esfumándose, parece que una visión irracional de la vida se ha hecho hegemónica, cada uno, individualizado, busca cómo sobrevivir, cómo salvarse y aparta de su pensamiento las dificultades vitales con la esperanza de llegar al fin de semana, o a esas fiestas que nos gustan tanto.



Mientras, nos regalan píldoras políticas que masticar, por ejemplo el nacionalismo, de cualquier lugar, pero ahora tan claro como el enfrentamiento entre el español y el catalán. Lo que comenzó como un tira y afloja por el 'estatut', que no era otra cosa que la posibilidad de los catalanes a gestionar sus impuestos, tal y como hacen navarros y vascos, se convierte en una lucha entre los dos partidos más corruptos del estado, PP y CiU, y así apartar el foco de sus 'trapicheos' y ponerlo en las banderas. No sé como acabará, pero lo cierto es que está suponiendo, hoy por hoy, la mayor brecha al régimen del 78, con una sociedad catalana poblando las calles por su derecho a decidir y una parte importante del resto de la sociedad española mostrando su solidaridad ante el ataque a la democracia que se está produciendo, ya que lo único que piden es poder votar, máxima representación de la voluntad popular, y que está amparado por el derecho de autodeterminación de la carta de las Naciones Unidas, la cual está integrada en la legislación española.

El modelo de estado se está poniendo en entredicho y creo que es el momento de que vayamos a un proceso de constitucional en el que la población pueda expresar como quiere que sea su país, sin fanatismos pero con información, hablando del modelo territorial teniendo en cuenta las diferentes naciones existentes, de quién debe ostentar la jefatura de estado, de una democracia participativa, de blindar la educación, la sanidad, la dependencia, los servicios públicos, de unos impuestos redistributivos, con unas empresas estratégicas públicas que busquen el beneficio social y no el personal, asegurando el derecho al trabajo y al tiempo libre por un salario decente y donde el derecho a una casa y a una vida digna sea una realidad. Me encantaría que este nuevo país fuera una república federal en la que se articulara una solidaridad deseada entre los estados que la compongan, entre ellos y con los países del sur, buscando su desarrollo social.

Mientras yo sueño con esta sociedad más culta, informada y con las herramientas para poder darle la vuelta a esta situación que nos llevará a una nueva extinción, por el agotamiento de los recursos naturales para nuestra subsistencia y la de muchas especies con las que cohabitamos este mundo. Durante este preciso instante, el sur se desangra por hambre, guerras y enfermedades que podríamos solucionar, pero lo peor es que en vez de pensar como especie, como humanidad, lo que hacemos es encerrarnos más en nosotros mismos, buscando soluciones políticas de odio al diferente, totalmente intolerantes y blanqueadas por los medios, lo que lleva a que la ultraderecha, los fascistas, campeen por toda Europa y EEUU ante la frustración de una ciudadanía que se siente traicionada. Como humanidad, parece que continuamos dándole más importancia a lo que nos separa que a lo que nos une y este puede ser nuestro fin.



Así que uno se siente abandonado, sin un mísero refugio, pero logra encontrar compañeros y compañeras, amigas y amigos, camaradas, con los que continuar buscando formulas para mejorar la vida de los demás, que te ayudan a curar heridas muy feas, que te escuchan, debaten y te hablan para lograr que no te quedes atrás, que nadie se quede rezagado, reconstruyendo esperanzas de los añicos de sueños rotos. Uno se siente afortunado de intentar ser comprendido y sigue leyendo, viajando, pensando y sí, también corriendo, porque como dijo Galeano: 'La utopía está en el horizonte. ME acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces ¿para qué sirve la utopía? Para eso; sirve para caminar.' Si quieres acompañarme en esta carrera, te estaré esperando... Siempre.