domingo, 14 de abril de 2019

Campaña sobre campaña




Hace unos días estuvimos en la pedanía de El Fondó recordando aquellos día grises en los que partió al exilio el gobierno legítimo de la IIª República y responsables del PCE como Pasionaria, Modesto, María Teresa León o Alberti.

En ese simbólico paraje, recordé unos versos de otro exiliado, esta vez argentino, Juan Gelman, que su poema 'Confianzas' finalizaba así:

[...]
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

se sienta a la mesa y escribe

Estas palabras muestran la persistencia que han tenido todas las personas que, antes que nosotras, han luchado para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, a pesar de la persecución, la represión o asesinato. Lo que no sabían los privilegiados de este sistema es que los ideales de libertad, igualdad y justicia social no se pueden ni matar ni encarcelar.

El viernes comenzamos la campaña electoral en la que tengo la responsabilidad de ser el candidato de EUPV al Congreso, en la lista de Unidas Podemos Izquierda Unida. En ella, soy el primero que vengo del municipalismo, de ocupar un puesto de representatividad en un Ayuntamiento, cuestión que considero muy importante por el hecho de construir de abajo hacia arriba, desde los movimientos sociales hasta las administraciones más importante, desde la acción local, para lograr una reacción global.



A lo largo de estos cuatro años como concejal he intentado que el lugar que ocupo sirva como altavoz para que la ciudadanía se movilice y organice contra esa minoría que se aprovecha de lo de todas, para mantener sus privilegios. Porque no nos engañemos, en el próximo ciclo electoral lo que nos jugamos es acabar con la hegemonía dominante, que nos bombardea a base de mensajes que permiten el statu quo actual, manteniendo que el 1% más rico de la población tenga tanto como el 70% más pobre.

Como nos ocurre a muchos, mi implicación política comenzó al analizar la realidad que me rodea; Elda ha sido una ciudad que en las últimas décadas se ha ido marchitando, los efectos del Tratado de Maastricht (que ya predijo Julio Anguita) enseguida se pudieron palpar en nuestro municipio y la deslocalización de la industria comenzó a crear bolsas de paro y trabajo precario y clandestino, lo que ha impedido a muchos eldenses desarrollar una vida más o menos estable y se han tenido que ir.

Esto no es un particularidad de Elda, como os podéis imaginar, sino que se puede observar en las comarcas del interior de Alicante y en muchas zonas industriales de todo el estado. Los efectos del neoliberalismo, que lleva aparejado un urbanismo depredador, un recorte constante de los servicios públicos, una corrupción sistémica y a obviar los efectos del cambio climático (el sureste peninsular es una de zonas del planeta con mas peligro de desertificación), crea un caldo de cultivo perfecto en contra de la ciudadanía e invita a implicarse políticamente para así conseguir revertir la situación y asegurar un proyecto de vida digno y viable a todos los seres vivos que habitamos este planeta.

Por tanto, el reto es complicado, pero es una realidad que cuanto más se adelgaza el Estado, más desprotegida queda la mayoría, viéndose beneficiada esa oligarquía que lo maneja todo. Por ello, estos días me estoy recorriendo muchos municipios del sur del País Valenciano explicando la importancia de un cambio de modelo productivo para nuestro país, que genere una industria verde y de alto valor añadido. Del mismo modo que considero vital que se reviertan los recortes en sanidad, educación y cuidados, para asegurar unos servicios públicos y de calidad. Con estas medidas, más la derogación de las dos últimas reformas laborales, estaremos más cerca de aspirar a empleo de calidad, logrando la emancipación personal y acabando con el ejercito de parados y precarios, que sólo consigue que bajen las cotizaciones a la seguridad social y sirva de excusa para recortar la pensiones que se han ganado nuestros mayores.



Soy consciente de las dificultades que nos encontramos cada día, comprendo el cansancio de una sociedad que tantas veces ha sido engañada, empatizo completamente con aquellas personas que llegan a casa después de jornadas interminables; de trabajo, de buscarlo o hastiados y desanimados, he visto vuestros gestos, los he sentido en mi propia carne y me hacen temblar. Pero ahora no va a ser el momento en el que nos demos por vencidos, en esta fase histórica en la que nos jugamos tanto sé que no bajaremos los brazos antes de la batalla. Porque conozco a este pueblo y nunca se ha quedado impasible ante las injusticias, sé que es consciente de que el enemigo es poderoso, pero nosotros somos más y no nos quedaremos inmóviles, sin nadie al timón en mitad de la tormenta, porque aunque en ocasiones nos sintamos aislados, tenemos claro que somos archipiélagos unidos con lazos de cariño, de amistad, de clase; pues los problemas nos pueden parecer individuales, pero las soluciones son comunes.

No quiero finalizar sin deciros algo que ya sabéis y no es otra cosa que si no hacemos política, la harán por nosotras y, casi con toda seguridad, contra nosotras. En estos días inciertos puede parecer todo muy oscuro, pero sólo es un nubarrón, hemos estado en situaciones mucho peor que se pueden volver a dar. Tenemos la responsabilidad histórica de luchar por nuestros sueños, tirar de ese hilo rojo que a tantos les costó su propia vida; por un mundo más justo, libre, igualitario, feminista y en equilibrio con la naturaleza, por ese futuro que aun tenemos que conquistar. Habrán errores y aciertos, pero cuantos más seamos en la lucha, cuanta más presencia tengamos en las instituciones, cuanto más gente estemos en las calles y más participación tengamos, más sencillo será conseguir nuestro objetivos, pues son los de transformar la realidad para mejorar la vida de la mayoría.

Así que para concluir, sólo pediros el voto a Unidas Podemos Izquierda Unida, tenemos un programa al servicio de las clases populares, somos coherentes con lo que pensamos y hemos demostrado que somos los únicos que trabajamos por el interés común y no por el del Ibex-35. Tengo la ilusión que llenéis las urnas de esperanza, para las generales y autonómicas, pero no os quedéis ahí, nos jugamos el futuro de las próximas generaciones y os vamos a necesitar a todos frente a los intereses económicos de unos pocos. Por eso, es el momento ya no sólo de sentarnos a la mesa y escribir, como decía Gelman, sino también de levantarnos y luchar por lo que es justo.



domingo, 30 de diciembre de 2018

¿Acabamos con la indiferencia?


Decía el bueno de Galeano que la realidad es real porque nos invita a cambiarla, no porque nos obligue a aceptarla. Esta es una frase que utilizo mucho en mis intervenciones, ya que siempre he considerado que tenemos que combatir la apatía y el desánimo, del que se aprovechan los que siempre han manejado la historia de la humanidad, para que todo permanezca perenne, inmutable y, de esta forma, poder seguir acumulando en beneficio en unos pocos y a costa de la mayoría de seres vivos que habitamos este planeta.

Vivimos tiempos difíciles, en los que ha habido un reflujo de la movilización, que de un tiempo a esta parte sólo se sostiene por la lucha feminista y por unas pensiones dignas, básicamente. Si retrocedemos, el capital avanza, es algo que hemos aprendido con la experiencia de décadas de lucha contra las injusticias. La estafa global que estamos viviendo, llamada crisis, pone en riesgo muchos de los fundamentos del sistema, ampliando como nunca antes las desigualdades sociales, geográficas y económicas.

Desde que tengo uso de razón sólo he visto empeorar este mundo, no es casual, pues yo nací en los tiempos en los que la lógica neoliberal se hacía hegemónica, adelgazando el estado, recortando derechos, servicios y la capacidad de las personas de tener unas condiciones materiales suficientes para tener un proyecto de vida que les pueda hacer felices, derribándose las alternativas reales y de pensamiento que se habían ido construyendo durante dos siglos de movimiento obrero.

Al final soy/somos herederos de ese “Fin de la historia” y mi generación ha sido educada dentro de esos planteamientos. Más, cuando a partir de los movidos años 60, con la entrada de los hijos e hijas obreras en la universidad, despertando conciencias críticas y llenándose de argumentos, el capitalismo se dio cuenta del peligro que suponía eso y comenzó a especializar las carreras, aumentando tasas y matrículas, patrocinando estudios que beneficiaran a empresas o favoreciendo a las privadas, de esta manera extirpaba cualquier fortaleza que pudiera entregar a la clases trabajadoras, esto se mostró de manera cristalina con el Plan Bolonia, impulsado por la Unión Europea.

De esta forma, la izquierda iba, poco a poco, perdiendo la batalla cultural, sobre todo al entenderse ésta como un bien más de consumo, por parte del neoliberalismo, y se dejara atrás los beneficios sociales y la potenciación del pensamiento que ofrece a la ciudadanía. Nos han inoculado el individualismo, el sálvese quién pueda, enfrentándonos a las clases populares, dividiéndonos por las migajas que caen del banquete de una minoría que lo domina todo. A mucha gente le es más fácil empatizar con un multimillonario que aparece en las páginas de sociedad o deportivas que con una familia que se juega la vida cruzando el Mediterráneo huyendo de la guerra, el hambre y la desesperación.

Esto se favorece desde todas las tribunas mediáticas, grandes generadores de opinión, para buscar una falsa imparcialidad, nos hablan del bajo nivel político, generalizando a la hora de hablar de partidos, de la falta de preparación de nuestros representantes, haciendo una “tabula rasa” que lleva más a la indiferencia, al enfado o a la decepción. Además de que considero que es falso, porque a pesar de como algunos privilegiados han hinchado sus curriculums, tenemos unas políticas y políticos que por norma general están mucho mejor formados que hace años, a diferencia de lo que la mitología de la “modélica” transición haya dejado en el imaginario colectivo. Pero el problema radica en lo ideológico, a quién responden las demandas de cada uno y el miedo de un régimen monárquico que se tambalea desde sus cimientos, porque nunca había tenido una izquierda alternativa tanta fuerza parlamentaria.

Sin embargo, hay una especie de desánimo colectivo, una falta de participación, un lucha interna constante, poniendo en duda las estrategias que nos marcamos y focalizando los debates de manera introspectiva, en vez de iluminar y resaltar todo aquello que está imposibilitando la esperanza de un futuro más humano en el que los y las que poblamos este planeta podamos vivir con dignidad.

Mientras esto sucede, tenemos un enemigo poderosísimo, que maneja todos los resortes del estado y el poder mediático. Condenan a la población a un precariedad, que dificulta mucho su capacidad social para tener tiempo libre para la militancia, para expandirse, para sus aficiones. Nos asfixian y nos dificultan unirnos y reunirnos, que despierte de nuevo ese sentimiento de clase, esa pertenencia a un grupo social amplio, esa necesidad de luchar por los intereses de la mayoría. La construcción de poder popular tiene que hacerse en todas nuestras relaciones sociales, con nuestro ejemplo, unificando nuestras ilusiones de una vida mejor, de tener las condiciones materiales para lograr ser felices.

Cada una de nosotras y nosotros es una célula revolucionaria, que tiene señalar las injusticias del capitalismo, del patriarcado, el inminente desastre que supone el calentamiento global, acercando cada vez a más y más personas que se unan a esta trinchera, luchando desde movimientos sociales, sindicales, políticos, culturales o deportivos, forjando un bloque histórico contrahegemónico que cambien ese sentido común que impera actualmente. “Unámonos en lo que nos une y separemos lo que nos separa” decía Pasionaria y en eso consiste, en crear alianzas con otros grupos en lo concreto, en lo urgente, en aquellas demandas básicas; en educación, sanidad, trabajo, vivienda, dependencia, medio ambiente... A partir de ahí, trabajar por acercar ese horizonte revolucionario, sin perder esa perspectiva. Pero para ello tenemos que atraer a nuestra clase, a los afectados por la perdida de derechos. De nada sirven grandes discursos o escritos, si nadie nos escucha, si nadie nos lee y, al final, únicamente nos damos la razón entre nosotras, sin lograr llegar más allá de nuestros convencidos.

No nos puede atemorizar tejer lazos con aquellos con los que compartimos muchos aspectos programáticos, sólo puede tener miedo de ello aquel que desconfíe de sí mismo, de no tener unos planteamientos ideológicos bien asentados y quien no esté analizando la realidad de una manera científica. Los partidos, sindicatos, asociaciones son instrumentos que utilizamos para construir estrategias comunes que mejoren las condiciones de vida de la sociedad, intentando que las masas los vean como herramientas útiles para su propio propósito, formando un movimiento que supere el estado actual de las cosas. En muchas ocasiones he estado en desacuerdo con lo que decidíamos de manera colectiva en los espacios que participo, pero no por ello he dejado mi trabajo militante, ni he dado más importancia a mis discrepancias que al objetivo por el que estoy allí. He continuado aportando y luchando, para acabar con este sistema injusto, visualizando claramente donde está el enemigo y dejar mis discrepancias a un lado hasta que por medio asambleario pudiera cambiar estos puntos de vista, por medio de los mecanismos democráticos que nos hemos dado en las organizaciones de izquierda.

Decía Almudena Grandes en su libro “Besos en el pan” que las y los españoles durante siglos supimos ser pobres con dignidad, pero nunca habíamos sabido ser dóciles, nunca, hasta ahora. Y eso es lo que tenemos que voltear, dejar los cantos de sirena a un lado y continuar esa lucha histórica por la libertad, por la justicia social, por la igualdad, por la solidaridad entre pueblos. Basando nuestra fuerza en los intereses de la mayoría social, de la clase trabajadora, en valores internacionalistas y ecologistas, recordando que la fraternidad entre nosotros, entre diferentes, nos debe mejorar individualmente para lograr nuestros objetivos comunes, debatiendo sin miedos, sin posiciones enconadas, asumiendo contradicciones, sin dramatismos, y así conseguir un mundo en el que nuestra supervivencia digna como especie este asegurada y consigamos otorgar un mejor legado a las próximas generaciones que la herencia que nosotros recibimos.



viernes, 15 de diciembre de 2017

Prefacio (O qué me llevó a ir a Palestina)



Cuando una persona se va conociendo a través de su experiencia, actúa de una manera determinada por lo aprendido, de modo empírico, siendo consciente que muchas veces ha obrado de manera equivocada y la reacción ha sido negativa. Y, a su vez, cuando las cosas le han sido favorables, graba en su cabeza a cincel, si fuera necesario, su modo de proceder para que, de esta manera, lo que le ha hecho dichoso se extienda, perdure en el tiempo, llevando a cabo, para uno mismo, la tercera ley de Newton, que nos dice que toda acción tiene su reacción.

Teniendo en cuenta esta forma de pensar y, por ente, de operar. Creí que si me esforzaba en hacer todo bien, en coherencia con mis pensamientos, con mi corazón como guía, la empatía como manera de decidir como debían ser mis relaciones humanas, políticas o sociales. Así, la vida me recompensaría, las cosas que marcharan peor (por aspectos del destino, dificultades que se nos muestran diariamente en este sistema injusto) pues se irían limando para mejorar o cimentarían un futuro mejor, del que me sentía melancólico ante lo que proyectaba, ansioso por acercarlo, alejándome, en ocasiones, de la realidad.

Con todo esto rondando por mi mente, después de haberme desvivido por lo que quería, lo que deseaba, lo que anhelaba. Este verano mis sueños, mis proyectos, estallaron en mil pedazos sin ninguna oportunidad de poder arreglarlos, únicamente me quedaba ponerme a buscar la formula de recuperar sus cachitos y recomponerlos como un rompecabezas laborioso, costoso, y empleando el tiempo que hiciera falta. Todo ello me instaló en el desánimo, en la desesperanza, ya que demostraba que la forma en la que venía trabajando para que aspectos vitales de mi existencia fueran bien, no servía para nada y, de esta manera, ponía en relieve que no había hecho la cosas bien, mayoritariamente, pues los resultados que había obtenido a mi manera de afrontar la vida, me habían otorgado resultados negativos.

Por tanto, tal y como había actuado, pensado u obrado no era la manera correcta, ya que hoy tengo la sensación de que la vida me va cuesta arriba, está por construir y responde a un modus operandi erróneo, que ha logrado que me replantee todos mis principios, toda mi forma de pensar, y reformule nuevas maneras de caminar por este mundo y afrontar la mejor manera para que los habitantes de este planeta tengan un vida digna. Pues lo trabajado y luchado, hasta ahora, quedaba en tela de juicio, en cuarentena, hasta lograr discernir con mayor claridad, mejores datos y más seguridad, así, de esta forma, no vuelva a emplear mi tiempo y mis reflexiones en proyectos que me encaminen hacia el fracaso, la perdida de tiempo o la sensación de abandono.

Ante esta crisis de identidad, este renacimiento de mis inseguridades vitales, tuve que volver a la raíz de mis ideales, a los conceptos básicos de mi lucha, de mi ideología, para que, de una manera crítica, edificar de nuevo una construcción sólida, con buenos cimientos y conseguir labrar, de modo introspectivo, un nuevo planeamiento vital que se reflejara en formulas de lucha social y política, para así conseguir una sociedad más justa, libre e igualitaria.

Por toda esta tormenta de pensamientos, con la que introduzco este texto, no dudé ni un instante cuando me propusieron conocer Palestina, mirar al capitalismo a los ojos, con sus fauces bien abiertas representadas en el militarismo sionista y, de esa forma, ver a los más perjudicados por el este sistema injusto e inhumano, recogiendo conocimientos básicos para, así, reforzarme a la hora de llevar mis ideas a la praxis, sujetándolas a la realidad, con los pies en el barro, viendo realidades diferentes, complejas, desesperadas. Atestiguando, personalmente, la capacidad de resistencia palestina, su lucha, su orgullo y su alto sentido de justicia, lo que ha sido para mí una dosis de moral y motivación, haciéndome comprender mejor lo necesaria de la lucha en común frente a un enemigo que nos aniquila.


Aquí comienza mi relato de lo que viví en Cisjordania, junto a gente maravillosa, en unos días en los que crecí como persona, fortaleciendo mi ánimo, mis principios y mis energías por cambiar este planeta, con fecha de caducidad por la irracionalidad de los que lo poblamos.



domingo, 1 de octubre de 2017

Cuando el corazón duele más que las rodillas

 Siempre he utilizado la ironía y la risa al ver la moda de salir a correr, viendo a personas perfectamente pertrechadas; móviles que calculan distancias, zapatillas último modelo, ropa deportiva que quede bien, relojes que te dicen las pulsaciones y los WhatsApp... Todo esto, para hacer algo tan sencillo como es dar una vuelta al trote, quizá participar en alguna de esas carreras que ahora organiza cualquier ciudad o pueblo en la que la distancia se mide en K, para qué decir la palabra kilómetro, tan larga y aburrida, cuando puedes minimizarlo todo a una letra. Hubo una época que se le llamaba footing, pero ahora es ser un runner, todo en inglés, todo individual, todo muy cool.

Pues bien, desde este verano me he unido a esa manada que galopa por las aceras. Siempre pensé que no lo haría por el desgaste que sufro en las rodillas por el waterpolo, aunque tengo que reconocer que me ha sido muy liberador, esa soledad del corredor de fondo, que hablaban Los chikos del maíz, la siento en mis carnes y en mi mente. Llevo puesta ropa vieja o que uso poco, como cuando me preparaba para algún triatlón o comenzaba la pretemporada de natación, hace mucho tiempo. Yo salgo con vergüenza, sin ánimo de mejorar, simplemente busco la forma de escapar de mis demonios, de esos pensamientos nocivos que me atacan cuando menos lo espero y, de esta forma, mi cerebro se preocupa más de no desfallecer, de recuperarme una vez he terminado, en vez de bañar mi cabeza de realidad, de analizar como me encuentro, cómo podría haber haber retenido lo que se me ha escurrido de los dedos, cómo podría haber desechado lo que me hace desgraciado o qué podría mejorar.

A las pocas semanas de emprender estas marchas, me di cuenta de que por muy rápido que corriera nunca me podría dejar a mí detrás. Esto de correr lo he convertido más en algo terapéutico que en una forma de hacer deporte, me libera y me permite observar lugares por los que no pasaba, ver como un pie adelanta al otro, sentir cada zancada en mis suelas, en mis rodillas, llevar una respiración rítmica, o ahogada al finalizar, ver mi cuerpo bañado en sudor.



En los últimos años de mi vida, me he preocupado más del resto del mundo que de mí, casi no era consciente de qué hacía cada día, veía mi cotidianidad como un paréntesis. Los sueños que guardaba, y por los que hubiera dado todo lo que tengo, saltaron por los aires y al final todos mis esfuerzos en que todas las personas tuvieran un proyecto de vida digno, unicamente me llevaron a olvidar el mío y acabar viéndome vacío, solo, desubicado, con una pena lúgubre y silenciosa extendiéndose por mi interior y con una fatiga que no me deja encarar ese mundo que tengo por delate.

Adaptarse bien a una sociedad enferma es ser participe de la expansión de esta epidemia, pero he de reconocer que cerrar los ojos es más fácil que enfrentarse a los retos que nos marca la vida. Las redes se han convertido en un indicador de una sociedad en a la que te tienes que exponer eternamente feliz, haciendo lo que se supone que hace la gente normal, siguiendo al rebaño con selfies en los que salgas guapo, no importa lo que veas si no cómo lo muestres, haciendo lo que los medios te digan ese momento que se lleva, aunque por dentro la tristeza no te deje respirar ¡Qué más da como estés! Lo importante es lo que parezcas. No voy a ser un cínico, yo en ocasiones intento emular estas cosas, pero me sale algo cómico o cutre, el “postureo” no me va demasiado, a mí no me importa que la gente sepa que estoy pasando un mal momento, que estoy triste, con miedo o enfadado, es una muestra de que estoy vivo y siento. Señalar los problemas que asolan a la humanidad, a este hogar común que es La Tierra, y que debemos luchar por dejar a las futuras generaciones con algo de viabilidad, o el momento que vives sin ilusiones ni esperanzas, parece que es algo aburrido, tedioso, cansino, casi de amargado.

La inmediatez del día de día, el gusto por lo perfecto, hacer de nuestras vidas un videoclip en el que todo es memorable, viste bien, de aquí para allá sin tiempo para reflexionar, sonríe siempre, barba hipster, hay que salir de fiesta, morritos a la cámara, tazas, fotos y comentarios Mr Wonderful, librerías llenas de autoayuda entre lo más vendido... La autenticidad esfumándose, parece que una visión irracional de la vida se ha hecho hegemónica, cada uno, individualizado, busca cómo sobrevivir, cómo salvarse y aparta de su pensamiento las dificultades vitales con la esperanza de llegar al fin de semana, o a esas fiestas que nos gustan tanto.



Mientras, nos regalan píldoras políticas que masticar, por ejemplo el nacionalismo, de cualquier lugar, pero ahora tan claro como el enfrentamiento entre el español y el catalán. Lo que comenzó como un tira y afloja por el 'estatut', que no era otra cosa que la posibilidad de los catalanes a gestionar sus impuestos, tal y como hacen navarros y vascos, se convierte en una lucha entre los dos partidos más corruptos del estado, PP y CiU, y así apartar el foco de sus 'trapicheos' y ponerlo en las banderas. No sé como acabará, pero lo cierto es que está suponiendo, hoy por hoy, la mayor brecha al régimen del 78, con una sociedad catalana poblando las calles por su derecho a decidir y una parte importante del resto de la sociedad española mostrando su solidaridad ante el ataque a la democracia que se está produciendo, ya que lo único que piden es poder votar, máxima representación de la voluntad popular, y que está amparado por el derecho de autodeterminación de la carta de las Naciones Unidas, la cual está integrada en la legislación española.

El modelo de estado se está poniendo en entredicho y creo que es el momento de que vayamos a un proceso de constitucional en el que la población pueda expresar como quiere que sea su país, sin fanatismos pero con información, hablando del modelo territorial teniendo en cuenta las diferentes naciones existentes, de quién debe ostentar la jefatura de estado, de una democracia participativa, de blindar la educación, la sanidad, la dependencia, los servicios públicos, de unos impuestos redistributivos, con unas empresas estratégicas públicas que busquen el beneficio social y no el personal, asegurando el derecho al trabajo y al tiempo libre por un salario decente y donde el derecho a una casa y a una vida digna sea una realidad. Me encantaría que este nuevo país fuera una república federal en la que se articulara una solidaridad deseada entre los estados que la compongan, entre ellos y con los países del sur, buscando su desarrollo social.

Mientras yo sueño con esta sociedad más culta, informada y con las herramientas para poder darle la vuelta a esta situación que nos llevará a una nueva extinción, por el agotamiento de los recursos naturales para nuestra subsistencia y la de muchas especies con las que cohabitamos este mundo. Durante este preciso instante, el sur se desangra por hambre, guerras y enfermedades que podríamos solucionar, pero lo peor es que en vez de pensar como especie, como humanidad, lo que hacemos es encerrarnos más en nosotros mismos, buscando soluciones políticas de odio al diferente, totalmente intolerantes y blanqueadas por los medios, lo que lleva a que la ultraderecha, los fascistas, campeen por toda Europa y EEUU ante la frustración de una ciudadanía que se siente traicionada. Como humanidad, parece que continuamos dándole más importancia a lo que nos separa que a lo que nos une y este puede ser nuestro fin.



Así que uno se siente abandonado, sin un mísero refugio, pero logra encontrar compañeros y compañeras, amigas y amigos, camaradas, con los que continuar buscando formulas para mejorar la vida de los demás, que te ayudan a curar heridas muy feas, que te escuchan, debaten y te hablan para lograr que no te quedes atrás, que nadie se quede rezagado, reconstruyendo esperanzas de los añicos de sueños rotos. Uno se siente afortunado de intentar ser comprendido y sigue leyendo, viajando, pensando y sí, también corriendo, porque como dijo Galeano: 'La utopía está en el horizonte. ME acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces ¿para qué sirve la utopía? Para eso; sirve para caminar.' Si quieres acompañarme en esta carrera, te estaré esperando... Siempre.


domingo, 2 de julio de 2017

Semanas que parecen años, meses que parecen horas.



 Por fin sentía un respiro; los pinos filtraban rayos de sol cálidos, el viento fresco recordaba que el verano puede herir también ¡Y tanto! Sobremesa rodeado de gente a la que quiero, con lo que supone; risas, discusiones y conversaciones. Las piernas cansadas y doloridas, y la espalda tensa, parecía que venía de una maratón, en las últimas semanas los días habían pasado como si de fichas de dominó se trataran, uno empujaba al otro e iban cayendo, uno detrás de otro, y la sensación temporal se escabullía y ya no sabía cuanto había pasado desde la última vez que la vi, me era difícil calcularlo, elegir una medida; quizá semanas ¿Meses?¿Años? Y me preguntaba, como si fuera el cantautor ¿Quién me había robado el mes de abril? Pero lo cierto es que ha llegado julio y ayer estaba en un castillo de colores, caminando por calles empedradas mientras la lluvia nos acariciaba y reía sin ojos tristes y mis palabras volaban alegres.


 En esa mesa primaveral, llena de cafés a mitad, algún licor y con el humo de nuestros cigarros alzándose hacia el cielo, como si pretendiera abrazar a una nube o alcanzar un avión, de pronto, surgió una pregunta: “¿Ya no escribes tanto?” Y yo, tímido, recordé cuartillas emborronadas de ideas, oscuridad y silencio, el placer de mi pluma paseando por el papel y, a su vez, aparece la odiosa sensación de volver a frases solitarias, desesperanzadas, quietas, sin fuerzas para empujarme a estos días luminosos. Mi libreta grita en silencio palabras de melancolía por esos días estivales, en los que un rayo de sol me despertaba frente a la dulzura de su suave sueño, melancólico por ese futuro que tenemos que construir, esa esperanza que tratamos de forjar, esa dignidad que debemos recuperar. Y allí están esas páginas llenas de tachones, dibujos y pensamientos que revolotean por mi cabeza, entretanto, el presente avanza imparable, sin avisar de que el porvenir está aquí y uno duda de lo avanzado, lo retrocedido o si hay que volver a pasar por meta.



 La luna escala el cielo veraniego, la luz roja, plomiza, casi mágica del atardecer nos avisa de que el día va acabando. Hay vacíos que uno no puede llenar y me sumerjo en el silencio, hago fuerza con el corazón para que de mis ojos no salgan lágrimas, me voy alejando de todo y de todos, a veces, sin dar un paso. Hay personas que parecen saberlo todo, me recuerdan a mi hace muchos años, hoy las lecturas me llevan de una crítica a la otra, el mundo muestra sus dientes feroces a los más débiles y yo leo, analizo, pienso... El sueño me abandona por las noches, escucho risas a otro lado de la ventana, fiestas a las que no quiero ser invitado, para que mi mente viaje por aquellos paseos parisinos, en los que me descubría bebiendo vino en un tazón y Cortázar llenaba los huecos de habitaciones repletas. Al alba, mis ojos buscan el teléfono, miran la pared y el cansancio se acumula en mis parpados, creyendo firmemente que al final del día caeré rendido, aunque no vaya a ser así.

 ¿A qué distancia está el horizonte en el que puedo avistar ese camino a la felicidad? Hay días que su lejanía la puedo cuantificar: 1.000 km, 2 horas, o doce, un abrazo, una caricia, un beso... Yo, un ser vivo solitario, siempre rodeado de gente, observo como mi vida se llena de vacíos existenciales, al ser incapaz de comprender cierta lógica vital. Nadie escucha como late mi corazón, las personas en las que podía confiar poco a poco se han alejado, viviendo lejos o cerca, sintiéndome más incomprendido continúo mi marcha y me río y me enfurezco, aunque por dentro tenga un sensación plana, vacía, opaca.



 Viví en un año tres primaveras, caminando por desiertos, glaciares, selvas, cordilleras, quebradas y grandes ciudades, iba agarrado a su mano, los paisajes se deslizaban por nuestros ojos y los océanos y lagos se fundían con el cielo azul. Ahora, las altas temperaturas veraniegas, que nos repiten como si no tuviéramos la capacidad de sentir, me han sorprendido enfriando mis ilusiones; la realidad, tozuda, se muestra despiadada y la muerte continúa llenando de sangre las costas, el cono sur y las conciencias de muchos, quiero creer que cada vez más. Nos dirán que somos uno, que no podemos hacer nada, subrayando nuestra individualidad, disgregándonos, señalando al diferente, aupando a lideres que se nos presentan como salvadores. Sin embargo, no habrá esperanza si no comenzamos a percibir los problemas de este sistema, que permite que muera gente de hambre o de enfermedades curables, que destruye nuestro planeta, que provoca guerras de avaricia, que separa familias, amantes y amigos, que domina nuestras investigaciones sanitarias y que educa a las futuras generaciones, los problemas son personales, pero las soluciones son comunes.

 Así que, para ir finalizando, desde el pesimismo que nos otorga la inteligencia y el optimismo de la voluntad, como dijo Gramnsci, os animo a levantaros contra nuestra propia autodestrucción, contra la opresión y las desigualdades crecientes que genera este mundo, creando una contracultura solidaria frente al “todo por la pasta”, construyendo una esperanza y hegemonizando ese “sentido común” apostando por un mundo más libre, igualitario, humano y justo. Nadie solo acercará esa sociedad futura, todos y todas juntas la tendremos que empujar. Yo, personalmente, he hecho, hago y voy a hacer todo lo posible para que la humanidad sea consciente de su importante cometido y lucho por ello, desde el lugar que sea, no hay hombres o mujeres extraordinarios, sólo somos uno más para levantarse frente a las injusticias, con sus miserias, sus inseguridades, sus contradicciones y sus anhelos.


 Por todo esto que he escrito hoy, es por lo que no publico tan a menudo.  


lunes, 20 de febrero de 2017

Recuperar el pasado para mirar al futuro




La semana pasada conocimos la noticia de que uno de los arcos del Castillo de Elda se vino abajo por las copiosas precipitaciones de las últimas semanas. Estuviera planeado o no, es una muestra del deterioro y la fragilidad de nuestro patrimonio y la necesidad de tomar medidas a corto, a medio y a largo plazo para potenciar esas pocas construcciones con valor histórico o etnológico que han llegado a nuestros días.



Nuestra ciudad tiene un patrimonio histórico en peligro de muerte, una muestra de ello, es que en el pasado FITUR, Elda ha sido incapaz de llevar una oferta mayor que sus fiestas y sus outlets de zapatos. El problema es que, aún siendo dos características muy diferenciadoras, le sigue faltando ese entorno de valor añadido, que pueden hacer de estos elementos el mascarón de proa a la hora de ofrecer una experiencia en nuestra ciudad más enriquecedora.

Elda, en primer lugar, tiene que poner en valor los elementos singulares que poseé; la maravilla natural, arqueológica e histórica que tenemos, junto a Petrer, en La Torreta, El Monastil, Pantano, Arenal y la finca de “El Poblet”, pendiente de ser declarada B.I.C. y que también está incluida en la ruta que elaboraron profesores de la Universidad de Alicante de los elementos de la IIª República y la guerra hasta “El Fondó” en Monovar. Estos dos espacios se podrían poner en marcha desde ya y tendrían poco coste económico.



A su vez, debemos mirar hacia el futuro y se deben ir poniendo las primeras piedras para tener un casco histórico en concordancia con su nombre; potenciar un P.R.I. recuperando el trazado de calles antiguas en solares, recuperar edificaciones catalogadas en riesgo de ruina o regular las fachadas para que estén más acorde con el lugar. Restaurar edificaciones industriales antiguas (Aguado o Emerito Maestre), el Cuartel de la Guardia Civil o la Plaza de Toros para que sean lugares culturales, de memoria, para la sede universitaria, de ocio alternativo con aulas creativas, salas de ensayo y conciertos. Buscar la renovación museística y la promoción, ayudando a generar actividades a los museos del calzado, arqueológico y etnológico.

El reto es complicado, más después de años de abandono y desidia. No podemos ir a vender humo en un lugar como FITUR, debemos gastar menos en promoción exterior y más en regenerar la ciudad. No es cuestión de hacerlo con prisas, pero sí se tienen que dar los primeros pasos; ampliando las partidas de patrimonio, creando proyectos participativos, empezando excavaciones arqueológicas... Pero la quietud de este equipo de gobierno, en todos los sentidos, nos aterra ante un paciente tan enfermo como el patrimonio eldense.





lunes, 28 de noviembre de 2016

La ciudad como escenario


La cultura es el conjunto de conocimientos de un grupo social que permite desarrollar un juicio crítico. Esta, se desarrolla por medios artísticos y supone la expresión e influencia de una sociedad o una época a la hora de crear. Por tanto, las administraciones públicas, ante una definición tan amplia, tienen la labor de fomentarla en todas sus expresiones.

Hace un par de semanas, me encontré un teatro Castelar casi lleno para ver un espectáculo de danza contemporánea interpretado por jóvenes de la ciudad. A su vez, me comunicaban que una gran obra de teatro, que había triunfado en los últimos premios Max, se iba a suspender ante las pocas entradas vendidas. Estos hechos van enlazados y nos llevan a comprender una evidencia; que la política cultural que se está realizando no es eficiente y muestra que se está comenzando la casa por el tejado.

Como en muchos otros aspectos de la vida pública, para que la gente se implique, debemos favorecer la participación, que se trabaje desde abajo hacia arriba. Tenemos una ciudad con multitud de asociaciones o personas interesadas en la cultura, debemos darles los instrumentos necesarios para que se multipliquen, para que puedan mostrar lo que hacen, para que puedan ensayar, practicar, aprender o compartir. Hay que conseguir recuperar espacios para la ciudadanía; nuestro municipio tiene inmuebles, con alto valor añadido, inutilizados o medio ruinosos que pueden desempeñar una gran labor como centros culturales, albergando lugares de ensayo para músicos o teatro, aulas de pintura, escultura o cine, salas de exposición, etc. Aprovechando la gran creatividad de nuestros vecinos y vecinas, y revitalizando zonas históricas de la ciudad de manera colaborativa y cooperativa.

Por tanto, tenemos que buscar hacer de Elda una ciudad escenario, utilizando todos los lugares que nos ofrece, no sólo el teatro Castelar con una gran programación, también parques y jardines, donde podrían tocar grupos de música o los y las alumnas del conservatorio, y recuperar espacios para la realización de toda acción que fomente el asociacionismo cultural, tan necesario para una sociedad plural y crítica.